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ARTÍCULOS |
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De violadores y
pederastas
La llamada "violencia sexual" está tristemente de moda. Medios de comunicación, policía y gobierno luchan continuamente contra estos problemas -violadores, pederastas-, pues causan repugnancia social y son, en efecto, muy nocivos. Se proponen soluciones más o menos drásticas de todo tipo: cárcel, chips, castración química, terapias forzosas, escarnio público... Ahora bien, ¿se comprenden realmente las causas de tales delitos? ¿Pueden solucionarse éstos sin entender, solucionar y aun prevenir aquéllas? En mi opinión, suponer que con medidas drásticas -es decir, violentas- podemos "rehabilitar" o "curar" a estas personas o, menos aún, evitar el surgimiento de más conductas antisociales, es totalmente erróneo. Si queremos apagar un fuego, no apuntamos directamente a las llamas, sino a su base. ¿Cómo surgen los violadores y pederastas? Lo primero que debemos hacer es diferenciar claramente ambos grupos, cuya psicodinámica, pese a su objeto aparentemente sexual, es totalmente distinta. Las describiremos seguidamente. 1. Violación. Contra todas las apariencias, la violación no es un acto sexual, sino esencialmente violento. La finalidad básica del violador no es tanto procurarse un placer sexual -lo que sólo es un detonante, un fin accesorio- cuanto lograr una satisfacción de carácter sádico, es decir, el placer del dominio absoluto, de la agresión, de la humillación total de su víctima. ¿Por qué? Sin duda, por oscuras motivaciones conscientes o inconscientes relacionadas con el odio a la mujer y/o la sociedad. La víctima femenina (o masculina) es para el violador su chivo expiatorio, el objeto de una furiosa venganza cuyos más hondos motivos, muy variables en profundidad y significado, seguramente ni él mismo conoce. El perfil del violador puede abarcar, así, desde una personalidad antisocial ("sociopática") hasta psicótica. También ciertas situaciones extremas (guerra, cárcel, etc.), como incrementan al máximo la agresividad y reducen al mínimo el autocontrol, pueden favorecer violaciones y otros modos de violencia. En cualquier caso, si la génesis de la violación es el odio patológico, vemos que ningún tratamiento más o menos forzado podrá curar jamás el corazón de estas personas. 2. Pedofilia. La pedofilia o pederastia es mucho más compleja. En primer lugar, cabe advertir que la atracción sexual por los niños es un fenómeno muy frecuente -y por eso mismo extremadamente tabú-, de modo que jamás conoceremos su verdadero alcance. Las actividades sexuales que involucran niños pueden ser de carácter incestuoso, es decir, entre parientes (ya sean adultos y niños, o entre los propios niños -hermanos, primos, etc.-), o bien extrafamiliares (entre adultos y niños no emparentados). Pero, ¿por qué un adulto desea sexualmente a un niño/a? Pueden haber varios motivos:
Por otra parte, la actividad pedófila puede ser muy variable en tipo, frecuencia y grado de coacción y secretismo, todo lo cual influirá en la gravedad final del trauma infantil. En suma, siendo tan diversas las causas de la pederastia, parece que cada caso requeriría su tratamiento específico. Vemos, pues, que violación y pederastia, tan patológicas y delictivas, obedecen a muy distintas claves según cada individuo, el cual merecería una atención personalizada. Otra cosa es, desde luego, qué quiere -o qué puede- hacer realmente la sociedad con estos delincuentes; o si, por debajo de su discurso "rehabilitador", sus verdaderos deseos son otros. Una cosa conviene señalar, a mi juicio: dado que la sociedad genera mucha frustración y odio inconsciente en todos los ámbitos (familia, pareja, escuela, valores, etc.), cabe temer que muchas personas seguirán necesitando satisfacer/descargar sobre los más débiles -niños, mujeres, etc.- sus necesidades y resentimientos. Por ejemplo, la atracción sexual por los niños/as, aunque sea imaginaria (comix, relatos, etc.), parece que podría estar extendiéndose entre los jóvenes. Una razón de ello podría ser que éstos, con padres muy neuróticos o ausentes, hallarían entonces sus principales referentes amoroso-sexuales entre sus propios hermanos/as, amigos/as o compañeros/as escolares, o sus representaciones virtuales. O también que la "guerra de sexos" esté dificultando cada vez más su confianza e imitación del amor adulto. Etc. Y es que, cuando un niño teme/odia a su madre, el futuro adulto puede elegir enamorarse de las niñas... o atacar a las mujeres.
© JOSÉ LUIS CANO GIL Primera Edición: 15/10/2007 |
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