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ARTÍCULOS |
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Para A.M.,
De mamíferos y diamantes
El miedo es, como sabemos, uno de los condicionantes básicos de la vida humana. Por miedo somos capaces de hacer grandes cosas, y también cosas horribles, o simplemente nada en absoluto. ¿Qué es el miedo y cómo podemos superarlo? Lo primero que debemos intentar es, obviamente, comprenderlo. Solemos definir el miedo como aquello que "es"
(p.ej., un instinto, una defensa, un obstáculo). Pero podemos también
mirarlo de otra forma. Podemos decir lo que el miedo no es. Así
como, p.ej., decimos que la oscuridad es la ausencia de luz, la "no-luz",
podemos igualmente describir el miedo como la
no-autoconfianza, o también como el
no-deseo. Visto así, resulta que si a nuestro corazón
le falta suficiente autoconfianza, o bien suficientes deseos
(motivaciones), lo que inmediatamente experimentamos es el miedo. Pues el
miedo es, en definitiva, una especie de moho del corazón vacío.
Tus miedos... Para superar tus miedos deberás, pues, llenar tu corazón, ventilarlo, oxigenarlo, nutrirlo. ¿Cómo? ¿Con qué? • Con más autoconfianza. Es decir, con más seguridad en ti mismo, con más fe en tus propias fuerzas y en tu capacidad de moverte por el mundo. Tendrás que descubrir que no eres una ameba ni una hoja seca arrastrada por la corriente, sino un animal, un vertebrado, un potente mamífero. Tienes uñas, dientes, músculos, sensibilidad, inteligencia: ya nadie puede anularte si tú no quieres. Tu sensación de "debilidad" o "inseguridad" es sólo una ilusión, un viejo terror infantil. Por eso, si quieres superarlo, fortalecerte, desarrollar más autoconfianza, tendrás que rebelarte, emanciparte interiormente de las personas que te mutilan/mutilaron -tu madre, tu padre, etc.- y seguidamente demostrarte a ti mismo, mediante hechos, tu poder. Tendrás que hacer ciertas cosas. Por ejemplo, tendrás que realizar pequeños logros cada día, conquistar satisfacciones cada vez mayores, relacionarte más a menudo, entrar en la vida poco a poco, exactamente como te metes despacio en el agua de una playa desconocida. Así, cuando te convenzas de que no te ha ocurrido nada malo, que sigues ileso, que no eres el personaje desvalido ni es el mundo ese lugar hostil que imaginabas (o querías imaginar), la autoconfianza te llegará gradualmente. ¿Dónde estará el "monstruo" entonces? En ninguna parte. Y entonces ya nada podrá frenar tu imparable seguridad en ti mismo. •
Con más deseos. Quizá, cuando eras niño, prohibieron tus
deseos, te castigaron o ridiculizaron por ellos, te enseñaron a
reprimirte, a avergonzarte, a renunciar a tus sueños. Y a vivir deseos
ajenos. De acuerdo. En tal caso, puedes tomar una pala y, como un ardiente
buscador de tesoros, empezar a retirar toda esa basura que sepulta tu
corazón. Si trabajas duro, te aseguro que muy pronto verás brillar los
primeros diamantes esparcidos en tu oscuridad. Son los sueños perdidos de
tu infancia, tus deseos abandonados, tu voluntad dormida, las alegrías que
nadie te dejó disfrutar. ¡Ahora es el momento! Si tomas cada uno de
esos pequeños brillantes como estrellas, los limpias y pules bien, y los
muestras realizados al mundo -como expuestos en lindas cajitas de
terciopelo- para que te conozcan, te admiren y te feliciten por ellos,
estarás por fin ejerciendo tu vida, tu poder, tu identidad
recuperada. Y cada vez hallarás más gemas dentro de ti. Ellas te irán
dando cada vez más fuerza, más alegría, más satisfacciones personales. Y
éste será también un proceso imparable.
Tus deseos recuperados... Pues si tu fuerza interior se despliega ante tus ojos y
además conoces y realizas tus anhelos, ¿qué miedo podrá ya inquietarte?
Tus mohosos temores se habrán desvanecido hace ya tiempo bajo el sol.
Hallarás un nuevo lugar en el mundo y tu vida entera resplandecerá como un
diamante. © JOSÉ LUIS CANO GIL Primera Edición: 1/4/2008 |
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