ARTÍCULOS
José Luis Cano Gil
- Psicoterapeuta y Escritor

 


 

Conviértete en ti mismo

 

Para muchas personas -y también muchos psicólogos- la psicoterapia sirve para "cambiar" a los individuos, para inculcarles nuevos hábitos y conductas, para mejorarlos, para reeducarlos o rehabilitarlos, para enseñarles nuevas formas de "ser". Es una opción legítima. Pero el objeto fundamental de esta visión de la psicoterapia no es tanto comprender y resolver el origen del problema del sujeto, cuanto ofrecerle diversos recursos -ejercicios, consejos, fármacos, etc.- para aliviar, reprimir o manejar sus síntomas indeseables (ansiedad, tristeza, adicciones, obsesiones, etc.). No importa, por ejemplo, por qué, para qué o en qué circunstancias conscientes e inconscientes dichos síntomas mejoran o empeoran; o si, tal vez, la persona sufre determinados conflictos emocionales, familiares  o sociales que pudieran causarle esos síntomas. Lo que se quiere es, en última instancia, adaptar al sujeto a la normalidad social sin hacer muchas preguntas, y sin mejorar su vida íntima. Aunque es precisamente dicha vida íntima, cuando es negativa, la que motiva a menudo la reaparición de los síntomas, o su transformación en otros diferentes.

Hay, sin embargo, otras visiones de la psicoterapia. Si el neurótico es como un árbol que, asfixiado por toda clase de parásitos, no logra crecer aunque  toda su energía, todo su poder madurativo, está ahí aguardando su oportunidad de desarrollarse, entonces la psicoterapia puede ayudarle a desembarazarse de esos impedimentos. Según esta concepción, la psicoterapia puede -y debe- ayudar al sujeto a "limpiar" sus miedos, bloqueos, autodesprecios, etc., facilitando así la reanudación de su crecimiento desde el punto en que se detuvo. No quiere añadir o quitar nada a su personalidad -p.ej., inculcar ese hábito, suprimir esa conducta, reprimir aquel síntoma-, sino sencillamente ofrecerle todo lo que necesite -respeto, afecto, guía, apoyo, tiempo- para promover la detección y realización, entre su maraña de dificultades íntimas, de sus verdaderos sentimientos, pensamientos y deseos. De su genuina identidad. O, en otras palabras, aspira a fomentar su madura libertad.

Pues la verdadera curación no llega cuando simplemente nos sometemos a objetivos prefijados, o a mil pautas y esfuerzos de "voluntad" (1). Muy al revés, surge espontáneamente cuando nos desprendemos de todo lo superfluo -miedos, forcejeos, simulaciones- que nos sepulta y asfixia. Sólo entonces logramos descubrir quiénes somos realmente, nos damos permiso para serlo, nos convertimos en nosotros mismos. Y justo entonces, por eso mismo, la mayoría de nuestros síntomas desaparecen. Aunque hemos logrado mucho más que simplemente "cambiar": nos hemos transformado. (2)

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1. Ver "El mito de la voluntad".
2. Ver página "Felicidad" y artículo "La felicidad"

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor

Primera Edición: 3/9/2007

 

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