ARTÍCULOS
José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

 

 

 

El amor no es suficiente

La consciencia

 

Insistimos continuamente en estas páginas en la importancia crucial del amor en la prevención y solución de los problemas emocionales. Entendemos por amor nuestra capacidad de respeto y nutrición de las necesidad físicas y emocionales (salud, seguridad, aprecio, cariño, expresión, integración social, etc.) de nosotros mismos y de los demás, sobre todo de quienes dependen de nuestros cuidados (hijos, alumnos, pacientes...). Ahora bien, para ser máximamente realistas, debemos también plantearnos algunas dudas en sentido contrario. Por ejemplo: ¿es el amor una panacea? ¿Puede realmente solucionarlo "todo", o hemos exagerado su importancia? ¿Hasta dónde llega el poder real del amor? Intentaremos reflexionar sobre ello.

El problema del amor es el problema de la complejidad humana. Y nuestra máxima complejidad es, quizá, el hecho de que, como descubrió el Psicoanálisis, los seres humanos somos por desgracia mucho menos conscientes -de nosotros mismos; de todas las cosas-  de lo que nos gusta imaginar. Vivimos, en efecto, la mayor parte del tiempo semidormidos. Solemos actuar compulsiva y repetitivamente, tanto en lo bueno como en lo malo. Ignoramos los "por qué" (los motivos) de la mayoría de nuestras conductas y sufrimientos... No nos entendemos, en fin, a nosotros mismos. Es como si poderosas fuerzas oscuras nos empujasen una y otra vez en determinadas direcciones... ¡Y así sucede realmente! Es nuestro famoso lado inconsciente. El cual, a veces, puede convertirse en nuestro peor enemigo. Porque no es fácil combatir asuntos que nacen de nuestra propia oscuridad. 

La importancia de iluminar lo oscuro, de hacer consciente lo inconsciente, es, pues, crucial. Necesitamos mucha más consciencia. Por ejemplo, si unos padres aman sinceramente a sus hijos y hacen todo lo posible por ellos, pero son  poco conscientes de sus propios miedos y contradicciones, no podrán evitar cometer toda clase de errores,  incluso graves. Por su parte, los hijos sufrirán tales errores pero, si tampoco logran verlos, no podrán defenderse de ellos y, en consecuencia, desarrollarán todo tipo de síntomas neuróticos. Éste es el drama de la influencia oculta del inconsciente. O, más bien, de nuestra ignorancia o ceguera sobre él.

Por eso el amor no basta. También hace falta luz, conocimiento, consciencia. Un amor profundo y bienintencionado, pero miope, puede ser casi tan nocivo como  el desamor. Contrariamente, una gran lucidez, pero fría, sin afecto, también causará daños en las personas. La solución no es, pues, el desarrollo de una cosa u otra, sino de ambas. Se trata de la síntesis, de la sabia combinación del amor y la consciencia. Y esta síntesis es, en definitiva, lo que llamamos "amor maduro" en esta web. 

La mayoría de gente, entonces, no solamente sufre porque no ame ni sea amada, sino porque carece de luz, porque ignora sus propios límites, conflictos y posibilidades inconscientes, porque vive con los ojos cerrados. De ahí los muchos síntomas de los que se lamenta (ansiedades, tristezas, adicciones, obsesiones, problemas de personalidad...). Sus vidas podrían mejorar si dispusieran de ayudantes -p.ej., buenos amigos, etc.-  que,  con mirada lúcida e imparcial, les ayudasen a examinar y resolver las causas ocultas de su desdicha. Aunque esto suele suceder pocas veces, por muchas razones. Por ejemplo, porque la gente tiene miedo de descubrir sus verdades. Porque casi todo el mundo está neurótico y, así, ¿quién podrá guiar a quién? Porque explorar lo inconsciente requiere unos ciertos conocimientos psicológicos y, naturalmente, una mínima consciencia del ayudador... Por todo esto, en fin, millones de personas viven en la oscuridad. Afortunadamente algunas de ellas logran abrir los ojos.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor

Primera Edición:  1/Junio/2009

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