|
|
ARTÍCULOS José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor |
|
Autoestima
La autoestima está de moda. La psicología divulgativa y la inagotable literatura de autoayuda no cesan de recomendar toda clase de consejos, recetas y ejercicios para "aumentar" la autoestima, con lo cual -se asegura- el individuo se sentirá mucho más feliz en todos los aspectos de su vida. Profesionales y profanos la enfatizan. Sin embargo, ¿es tan "milagrosa" la autoestima como se dice? ¿En qué consiste? Todos lo sabemos: autoestima significa aceptarse, quererse a uno mismo, valorarse, sin caer en la vanidad ni el egoísmo. Esto es básico, desde luego, para ser más felices. Pero fijémonos en que también, a la inversa, una vida infeliz genera una pérdida inevitable de autoestima. De modo que la autoestima no sólo produce bienestar emocional sino que, a la vez, es fruto de tal bienestar. Y dicho bienestar depende, generalmente, del amor y la buena opinión que los demás tienen de nosotros. Somos mamíferos sociales y todo lo esencial para nosotros proviene del grupo al que pertenecemos. Así como, si no tomas alimento, contraes todos los síntomas de la desnutrición, igualmente, si no eres amado por los demás, adquieres una mala autoestima y múltiples síntomas neuróticos. Nadie puede quererse a sí mismo si previamente no fue querido. Esto es duro de aceptar para el hombre moderno, narcisista y competitivo, acostumbrado al fácil y rápido "hágalo usted mismo". Pero las cosas del amor no funcionan como los negocios. Nos guste o no, la autoestima es una introyección, una grabación, un espejo de las actitudes y opiniones de los demás hacia nosotros, sobre todo de quienes más dependemos. La autoestima es una forma de amor, y el amor, como la vida -si es que ambas cosas no son lo mismo- no se puede crear de la nada, sino sólo transmitirse. Así como no puedes besar tu propia boca o autoelevarte desde el suelo, tampoco puedes sentirte valioso, hermoso, importante, digno, si nadie externo te pasa antes la antorcha del amor, que te hará sentir cuánto vales. Por eso, si sufres baja autoestima, sólo tienes dos opciones: 1) realizar diversos ejercicios que, por autosugestión y repetición, te hagan "olvidar" por un tiempo tu autodesprecio (que seguirá ahí, reprimido); 2) hallar personas que realmente te quieran y valoren y te hagan descubrir, por convicción, todo tu valor. Sólo esta segunda clase de autoestima perdurará. Pues nada puede arraigar profundamente o por mucho tiempo en nuestro corazón, salvo a través de las personas y los afectos. Por eso las psicoterapias, incluso las que pretenden aumentar la autoestima, no funcionan tanto por las técnicas que usan cuanto por el amor -consciente o inconsciente- que el/la terapeuta transfiere al sujeto y éste logra introyectar, incorporar, acumular emocionalmente. Casi podríamos decir que los diversos métodos son una estrategia de distracción... mientras el amor hace el verdadero "trabajo duro". Cuando el terapeuta cree sinceramente en el paciente, lo valora, confía plenamente en él, éste comienza inmediatamente a adquirir autoestima. Es el milagro de la relación terapéutica. Por otra parte, si la autoestima consiste en valorarnos y aceptarnos plenamente, ¿por qué algunas terapias distinguen entre supuestos aspectos "positivos", que hay que potenciar, y supuestos aspectos "negativos", que hay que superar (1)? Esto es, a mi juicio, muy contradictorio, pues enseña al sujeto: "eres muy valioso pero deberías eliminar esos rasgos negativos", es decir, no eres completamente valioso a menos que cambies algo de ti. Esto no es psicoterapia, sino pedagogía, que sólo favorece modos más sutiles de represión y culpa (2). No podemos, en fin, aumentar genuinamente la autoestima con trucos de autosugestión, ni de forma solitaria, ni con criterios pedagógicos. La autoestima es una flor delicada que sólo nace y sobrevive en las praderas del amor interpersonal. __
1.
Por ejemplo, la tristeza, el odio, la rabia, el egoísmo, la pereza, los
deseos de muerte, etc.
>> Ver también: © JOSÉ LUIS CANO GIL
|
|
| << volver | |