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ARTÍCULOS José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor |
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El amor-basura
Enamorarse es, ya lo sabemos, idealizar al otro, suprimir de nuestra percepción la mayoría de sus cualidades y defectos. Idealizar es atribuir al otro unos rasgos que no posee, pero que nosotros necesitaríamos que tuviera para sentirnos "salvados". Idealizar es, en fin, inventar al otro para satisfacer nuestras carencias. Lo hacemos inconscientemente, por supuesto. Pero a este fiasco solemos llamarlo "amor" o "enamoramiento". ¿Qué sucede seguidamente? La realidad siempre desengaña (¡por suerte!) al ingenuo. Su amado/a no resulta ser, ni de lejos, como había fabulado. Éste/a siempre tiene, lógicamente, otras formas de sentir, otras formas de pensar, otros planes y deseos y, lo que es peor, una voluntad y vida propias. ¡Es casi un extraño! Así comenzarán los problemas, que serán mayores o menores según la madurez y la salud emocional de cada cual. Los desengañados/as más neuróticos acusarán inmediatamente al otro por no satisfacer sus egocéntricas expectativas. Lejos de aceptar su propio error, castigarán sin descanso a su víctima sometiéndola a toda clase de vejaciones: quejas sin fin, broncas, críticas, chantajes emocionales, manipulaciones, controles... O simplemente violencia. Les impulsa a ello el invencible berrinche infantil de "salirme con la mía" y la fantasía -otra vez- de convertir "algún día" al otro/a en la muleta psíquica que necesitan... ¡Qué espejismo! Porque, así, sólo consiguen neurotizarse cada vez más a sí mismos, a su pareja y a sus hijos. Sin embargo, pese a la insoportable situación, el desengañado/a... ¡no suele renunciar a su juguete roto! La otra persona soportará la tensión según su propio grado de autoestima y masoquismo. O devolverá los golpes desde sus respectivas fantasías frustradas, en una patética lucha de gladiadores destinados, ambos, a la extenuación. Ignoran los combatientes que amar no es obligatorio. Que nadie es propietario de nadie. Que nadie puede cambiar a nadie. Que nadie hace más de lo que le permite su neurosis. Que nada esta más lejos del amor que las exigencias y afanes manipuladores sobre los demás. Y que la madurez consiste precisamente en respetar -nos guste o no- la identidad de la pareja, y separarnos tranquilamente de ella si no nos sentimos felices. La pesadilla termina, en fin, cuando el más fuerte de los desdichados consigue abandonar la sórdida trifulca de garrotazos. *** Yo hago lo mío
y tú haces lo tuyo. Fritz Perls © JOSÉ LUIS
CANO GIL
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