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¿Agoniza el
amor?
Reflexiones
sobre una sociedad enferma
Vivimos una época y un estilo de vida donde se
extingue -o lo extinguimos- todo: los pueblos aborígenes, las
culturas tradicionales, los animales y ecosistemas, el clima
planetario, los valores éticos, la libertad de las naciones, los
derechos sociales, la salud general, la calidad de los alimentos y
productos, el sentido de la vida... En realidad, como ya señalara
Erich Fromm, quizá vivimos autodestructivamente por la enorme
insatisfacción que nos causa el mundo terrible -neurótico y
neurotizante- que nosotros mismos hemos creado. Es un círculo vicioso.
Ahora bien, ¿a dónde vamos? ¿Podemos mejorar esta situación o evitar
su agravamiento? Y en especial, ¿qué papel juega el amor en todo esto?
Para comenzar, podemos intentar un cierto "retrato"
del problema. A mi juicio, algunos de los principales rasgos que
caracterizan a nuestra sociedad actual son los siguientes
(4):
-
narcisismo
extremo: egocentrismo, individualismo, castración
emocional, vanidad, soberbia, dogmatismo, explotación
-
carácter débil:
intolerancia al dolor y el fracaso, complejo de superioridad,
victimismo, obsesión por la "seguridad", no autonomía
-
carácter
litigante: envidia, rivalidad, reivindicación,
rebelión, ira
-
delirios
paranoides: miedos de todo tipo, pseudoenemigos
delirantes (p.ej., comunistas, terroristas, islamistas,
drogas, delincuentes, dictadores, maltratadores, accidentes de
tráfico, etc.)
-
sentimientos de
culpa y sus máscaras reactivas: pseudosolidaridad
compulsiva, proteccionismo compulsivo, falta de autoridad,
leyes débiles, pasividad, hipocresía
-
depresión
y sus máscaras maníacas: hiperactividad (trabajo, ocio,
fiestas, viajes), adicciones (consumismo, drogas, alcohol),
etc.
-
aislamiento de la
realidad y sus máscaras "alucinatorias":
superestimulación sensorial, culto a lo "virtual" y
"mediático", audiovisuales, tecnología, estética, visión
superficial, rituales sociales, etc.
-
fracaso
existencial: guerra de sexos, destrucción familiar,
soledad, desempleo, etc.
-
otros síntomas:
trastornos neuróticos en general: estrés, ansiedades,
depresiones, TLP, TDA/H, problemas alimentarios, insomnio,
acoso, enfermedades psicosomáticas, etc.
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En semejantes condiciones, ¿qué hay del amor? En mi
opinión y desde un enfoque psicodinámico, amar es simplemente
satisfacer las necesidades intrínsecas de seguridad, afecto y
desarrollo de los seres humanos, cuya frustración produce
invariablemente dolor y neurosis individual y colectiva. Una de las
claves fundamentales del amor está, obviamente, en la infancia:
sólo quienes hayan sido amados crecerán sanos y sabrán amar. Ahora
bien, si nuestro mundo está perturbado, ¿qué clase de amor reciben
actualmente los niños? Y sobre todo, ¿qué tipo de amor transmitirán
éstos a las futuras generaciones? Éstos son algunos de los problemas
que dificultan hoy el aprendizaje del amor en los niños/as:
-
padres ausentes, conflictivos o separados
-
abuso de guarderías, incluso desde los
primeros meses
-
métodos pedagógicos inadecuados (énfasis
exclusivo en los aspectos cognitivo-conductuales y represivos)
-
sobrecarga escolar
-
negligencia parental (falta de autoridad,
sobreprotección, ausencia de reglas y valores)
-
neurosis familiares, malos tratos físicos o
psíquicos
-
tratamiento psiquiátrico (químico) de los
problemas afectivos
-
alienación tecnológica (sustitución de los
afectos por máquinas y objetos)
-
perversión "mediática": sexo prematuro,
violencia universal, sociedad litigante, chismorreo, guerra de
sexos, exhibicionismo, dinero, triunfo fácil...
-
problemas sociales (marginación, desempleo,
violencia...)
-
superpoblación, masificación, explotación
laboral, conflictos armados
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En tales circunstancias, es evidente que muchísima
gente no ha experimentado jamás una genuina actitud amorosa por
parte de nadie.
El amor, pues, único remedio y antídoto contra todo
lo expuesto, parece haber "desaparecido" de nuestro mundo. El lector
puede realizar un sencillo experimento. Si teclea en el famoso
buscador Google palabras como "amor" y/o "familia", descubrirá
con sorpresa que la inmensa mayoría de webs que tratan de ello son de
carácter religioso (1). Si entonces añade a
dichas palabras cualquier concepto psicodinámicamente relacionado
(p.ej., "problemas psicológicos", "salud mental", "violencia", etc.),
hallará que la mayoría de resultados son de contenido
cognitivo-conductista, social y otros, pero sin relevancia alguna
respecto al amor. Un eufemismo de la falta de éste, "carencia
afectiva", da resultados algo mejores, pero escasos. En suma, la
relación entre el amor y los problemas psicológicos es
mayoritariamente ignorada, salvo en los círculos religiosos -y en
algunos ámbitos psicoterapéuticos restringidos-. Es como si la
sociedad entera hubiera renegado en masa de su derecho al amor, de su
creencia misma en el amor (2), cuyo
principal reducto ha quedado, así, en el pensamiento religioso
(3).
¿Qué podemos hacer? En mi opinión, es absolutamente
esencial y
urgente que todos los individuos y
organismos públicos y privados encargados de la salud, educación e
información de la sociedad comprendan definitivamente que, más allá de
las teorías pedagógicas, cognitivo-conductistas y psiquiátricas
vigentes, y subyaciendo a todos los derechos humanos básicos, existe
la necesidad absoluta del amor
para el desarrollo real de las personas.
Todo amor que un niño/a no pueda adquirir antes de los 13 años
escasamente lo experimentará después -salvo rudimentariamente o tras
grandes esfuerzos psicoterapéuticos- y, desde luego, difícilmente
podrá transmitirlo a su descendencia. Y, sin amor, las consecuencias
sociales más o menos inmediatas que cabe esperar sólo pueden ser tan
sombrías como éstas:
-
aumento de los trastornos neuróticos y
psicóticos de todo tipo en la población infantil y adulta
-
aumento de los problemas de inadaptación y
antisociales
-
aumento de los problemas de identidad
sexual
-
aumento de las conductas autodestructivas
(drogas, violencia, suicidio, etc.)
-
aumento de las conductas anómalas y
delictivas (violación, pederastia, prostitución, delincuencia)
-
aumento del fracaso amoroso de las personas
(desvinculación, infelicidad, guerra de sexos, cese de la
natalidad, etc.)
-
aumento de la vigilancia y controles del
Estado sobre la gente
-
sociedad cada vez más miedosa, infantil,
insatisfecha y autodestructiva
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Nuestra sociedad, en fin, está enferma en muchos
sentidos (psicológico, socioeconómico, ecológico, etc.). Pero si nos
limitamos a no hacer nada, el amor estará definitivamente acabado. Y
si el amor desaparece del mundo, ¿qué será de nosotros, los seres
humanos?
Nuestra misión es luchar activamente contra ello.
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1. Salvo búsqueda muy
concienzuda, o en páginas muy especializadas.
2. En la
Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por las Naciones
Unidas en Noviembre de 1989 y que consta de 54 artículos, sólo se
menciona una vez el término amor. Los niños son tratados de
forma exclusivamente legal, lo que sí es indispensable, pero no
suficiente. Una sociedad puede ser puritanamente justa, pero
inhumanamente fría.
3. Con el riesgo de apropiación que esto conlleva. El
amor es patrimonio común, no bandera de ninguna minoría.
4. Naturalmente, hay también muchas personas y grupos
-una gran minoría- que no forman parte del cuadro que sigue, y que se
resisten o luchan activamente contra él.
©
JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta
y Escritor |