ARTÍCULOS
José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

 

 

 

¿Agoniza el amor?

Reflexiones sobre una sociedad enferma

 

Vivimos una época y un estilo de vida donde se extingue -o lo extinguimos- todo: los pueblos aborígenes, las culturas tradicionales, los animales y ecosistemas, el clima planetario, los valores éticos, la libertad de las naciones, los derechos sociales, la salud general, la calidad de los alimentos y productos, el sentido de la vida... En realidad, como ya señalara Erich Fromm, quizá vivimos autodestructivamente por la enorme insatisfacción que nos causa el mundo terrible -neurótico y neurotizante- que nosotros mismos hemos creado. Es un círculo vicioso. Ahora bien, ¿a dónde vamos? ¿Podemos mejorar esta situación o evitar su agravamiento? Y en especial, ¿qué papel juega el amor en todo esto?    

Para comenzar, podemos intentar un cierto "retrato" del problema. A mi juicio, algunos de los principales rasgos que caracterizan a nuestra sociedad actual son los siguientes (4):

  • narcisismo extremo: egocentrismo, individualismo, castración emocional, vanidad, soberbia, dogmatismo, explotación

  • carácter débil: intolerancia al dolor y el fracaso, complejo de superioridad, victimismo, obsesión por la "seguridad", no autonomía

  • carácter litigante: envidia, rivalidad, reivindicación, rebelión, ira

  • delirios paranoides: miedos de todo tipo, pseudoenemigos delirantes (p.ej., comunistas, terroristas, islamistas, drogas, delincuentes, dictadores, maltratadores, accidentes de tráfico, etc.)

  • sentimientos de culpa y sus máscaras reactivas: pseudosolidaridad compulsiva, proteccionismo compulsivo, falta de autoridad, leyes débiles, pasividad, hipocresía

  • depresión y sus máscaras maníacas: hiperactividad (trabajo, ocio, fiestas, viajes), adicciones (consumismo, drogas, alcohol), etc.

  • aislamiento de la realidad y sus máscaras "alucinatorias": superestimulación sensorial, culto a lo "virtual" y "mediático", audiovisuales, tecnología, estética, visión superficial, rituales sociales, etc.

  • fracaso existencial: guerra de sexos, destrucción familiar, soledad, desempleo, etc.

  • otros síntomas: trastornos neuróticos en general: estrés, ansiedades, depresiones, TLP, TDA/H, problemas alimentarios, insomnio, acoso, enfermedades psicosomáticas, etc.

En semejantes condiciones, ¿qué hay del amor? En mi opinión y desde un enfoque psicodinámico, amar es simplemente satisfacer las necesidades intrínsecas de seguridad, afecto y desarrollo de los seres humanos, cuya frustración produce invariablemente dolor y neurosis individual y colectiva. Una de las claves fundamentales del amor está, obviamente, en la infancia: sólo quienes hayan sido amados crecerán sanos y sabrán amar. Ahora bien, si nuestro mundo está perturbado, ¿qué clase de amor reciben actualmente los niños? Y sobre todo, ¿qué tipo de amor transmitirán éstos a las futuras generaciones? Éstos son algunos de los problemas que dificultan hoy el aprendizaje del amor en los niños/as:

  • padres ausentes, conflictivos o separados

  • abuso de guarderías, incluso desde los primeros meses

  • métodos pedagógicos inadecuados (énfasis exclusivo en los aspectos cognitivo-conductuales y represivos)

  • sobrecarga escolar

  • negligencia parental (falta de autoridad, sobreprotección, ausencia de reglas y valores)

  • neurosis familiares, malos tratos físicos o psíquicos

  • tratamiento psiquiátrico (químico) de los problemas afectivos

  • alienación tecnológica (sustitución de los afectos por máquinas y objetos)

  • perversión "mediática": sexo prematuro, violencia universal, sociedad litigante, chismorreo, guerra de sexos, exhibicionismo, dinero, triunfo fácil...

  • problemas sociales (marginación, desempleo, violencia...)

  • superpoblación, masificación, explotación laboral, conflictos armados

En tales circunstancias, es evidente que muchísima gente no ha experimentado jamás una genuina actitud amorosa por parte de nadie.

El amor, pues, único remedio y antídoto contra todo lo expuesto, parece haber "desaparecido" de nuestro mundo. El lector puede realizar un sencillo experimento. Si teclea en el famoso buscador Google palabras como "amor" y/o "familia", descubrirá con sorpresa que la inmensa mayoría de webs que tratan de ello son de carácter religioso (1). Si entonces añade a dichas palabras cualquier concepto psicodinámicamente relacionado (p.ej., "problemas psicológicos", "salud mental", "violencia", etc.), hallará que la mayoría de resultados son de contenido cognitivo-conductista, social y otros, pero sin relevancia alguna respecto al amor. Un eufemismo de la falta de éste, "carencia afectiva", da resultados algo mejores, pero escasos. En suma, la relación entre el amor y los problemas psicológicos es mayoritariamente ignorada, salvo en los círculos religiosos -y en algunos ámbitos psicoterapéuticos restringidos-. Es como si la sociedad entera hubiera renegado en masa de su derecho al amor, de su creencia misma en el amor (2), cuyo principal reducto ha quedado, así, en el pensamiento religioso (3).

¿Qué podemos hacer? En mi opinión, es absolutamente esencial y urgente que todos los individuos y organismos públicos y privados encargados de la salud, educación e información de la sociedad comprendan definitivamente que, más allá de las teorías pedagógicas, cognitivo-conductistas y psiquiátricas vigentes, y subyaciendo a todos los derechos humanos básicos, existe la necesidad absoluta del amor para el desarrollo real de las personas. Todo amor que un niño/a no pueda adquirir antes de los 13 años escasamente lo experimentará después -salvo rudimentariamente o tras grandes esfuerzos psicoterapéuticos- y, desde luego, difícilmente podrá transmitirlo a su descendencia. Y, sin amor, las consecuencias sociales más o menos inmediatas que cabe esperar sólo pueden ser tan sombrías como éstas:

  • aumento de los trastornos neuróticos y psicóticos de todo tipo en la población infantil y adulta

  • aumento de los problemas de inadaptación y antisociales

  • aumento de los problemas de identidad sexual

  • aumento de las conductas autodestructivas (drogas, violencia, suicidio, etc.)

  • aumento de las conductas anómalas y delictivas (violación, pederastia, prostitución, delincuencia)

  • aumento del fracaso amoroso de las personas (desvinculación, infelicidad, guerra de sexos, cese de la natalidad, etc.)

  • aumento de la vigilancia y controles del Estado sobre la gente

  • sociedad cada vez más miedosa, infantil, insatisfecha y autodestructiva

Nuestra sociedad, en fin, está enferma en muchos sentidos (psicológico, socioeconómico, ecológico, etc.). Pero si nos limitamos a no hacer nada, el amor estará definitivamente acabado. Y si el amor desaparece del mundo, ¿qué será de nosotros, los seres humanos?  

Nuestra misión es luchar activamente contra ello. 

__

1. Salvo búsqueda muy concienzuda, o en páginas muy especializadas.
2. En la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por las Naciones Unidas en Noviembre de 1989 y que consta de 54 artículos, sólo se menciona una vez el término amor. Los niños son tratados de forma exclusivamente legal, lo que sí es indispensable, pero no suficiente. Una sociedad puede ser puritanamente justa, pero inhumanamente fría.
3. Con el riesgo de apropiación que esto conlleva. El amor es patrimonio común, no bandera de ninguna minoría.
4. Naturalmente, hay también muchas personas y grupos -una gran minoría- que no forman parte del cuadro que sigue, y que se resisten o luchan activamente contra él.
 

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor 

 

VOLVER