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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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Cómo superar una infidelidad (y 2)

El dolor que no cesa

 

Muchas personas, con frecuencia mujeres, no logran superar una antigua infidelidad de su pareja y sufren por ello terriblemente. Puede durar muchos meses, o incluso años, y su corazón está lleno de resentimiento, celos obsesivos, desconfianza, hostilidad... Estos engañados/as quieren dejar de sufrir como sea, pero no lo consiguen. Y se preguntan angustiados: "¿cómo lograrlo?". 

El problema de estas personas atormentadas suele residir principalmente en su orgullo personal. Es una herida sangrante en el mismo núcleo narcisista de su personalidad. Todos tenemos un fondo más o menos grande de tal narcisismo. Y, cuanto mayor es éste, más fuerte y prolongado será el dolor de cualquier espina que se nos clave en él.

El narcisismo es el estrato más hondo e infantil de nuestro ser. ¿Recordamos a esos niños egocéntricos, mandones y caprichosos que lo quieren "todo, todo y todo" y que, cuando son frustrados, escenifican enormes rabietas? El narcisismo es una etapa necesaria del desarrollo emocional que, si persiste en exceso en la edad adulta, podemos considerar inmaduro o neurótico. Sólo las personas que disfrutaron de crianzas amorosas dejaron atrás, profundamente reprimido, este narcisismo primario. De lo contrario, conservarán una serie de aspectos "infantiles" (egocentrismo, vanidad, exhibicionismo, dominio, envidias, intolerancia a las frustraciones, impaciencia...) que, siempre que sean frustrados de algún modo, causarán al sujeto dolores muy profundos.

Volviendo a la infidelidad, el dolor crónico del ofendido/a es, en realidad, una especie de "berrinche" perpetuo. Este dolor no proviene tanto de la "traición" de la otra persona cuanto, más bien, de la pérdida del supuesto control omnipotente que el ofendido creía ejercer sobre aquélla, de la que a menudo se imaginaba incluso "dueño/a". Además, el engañado/a suele sufrir también profundos (e inconfesados) sentimiento de envidia, pues reprime continuamente sus propios deseos de infidelidad. Tal envidia le sopla continuamente al oído: "¿Lo ves? Tu pareja fue más atrevida que tú, se te adelantó, y además tu rival es mejor. ¡Ojalá estuviese muerto/a para que tú recuperases tu poderío!". Con esto, el ofendido/a odia y sufre sin descanso, y más aún si padece rasgos paranoides. 

>El despechado no "puede" perdonar porque, de algún modo, necesita su odio para seguir sintiéndose poderoso. El victimismo es una droga muy potente. De hecho, su rencor inagotable demuestra precisamente que su relación nunca fue excesivamente amorosa (a los narcisistas les cuesta amar y, en parte por eso mismo, algunas parejas les son infieles), sino más bien autoritaria, basada en su necesidad de dominar y ser complacidos. Por eso el dolor vengador que el despechado/a inflige a su pareja ex-infiel suele ser desproporcionado, muy superior al que ésta causó a aquél. Y por eso el arrepentimiento y las mil muestras de amor de la pareja rehabilitada no suelen apaciguar a la otra parte. (1)

¿Cómo curar esta herida? ¿Cómo salir de la trampa? La única opción es crecer emocionalmente. Las personas que no deseen hacerlo simplemente nunca perdonarán, elegirán el castigo sin fin, o bien la ruptura definitiva (si no han sido dejadas antes por sus parejas martirizadas). Otros ofendidos/as, más maduros/as, preferirán reparar su relación sufriendo, sin embargo, un gran dilema interior entre sus fuertes rasgos narcisistas y sus igualmente poderosas necesidades de compartir amor... En mi opinión, sólo en la medida que estas personas logren "decantar" su corazón en algún sentido (a menudo con ayuda de psicoterapias) calmarán definitivamente sus sufrimientos.   

Ver 1ª Parte >>

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1. Esta actitud puede propiciar una nueva infidelidad, y así sucesivamente.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
Diciembre, 2006
Revisado: Abril, 2015

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