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José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

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Los problemas de personalidad

 

Cuando una persona sufre y por ello adquiere síntomas o conductas "raras" a los ojos de los demás, decimos que tal persona padece un "trastorno" psicológico (p.ej., ansiedad, depresión, etc). Sin embargo, otras veces oímos decir que algunas personas sufren trastornos de personalidad (p.ej., un trastorno límite (TLP), narcisista, etc.). ¿Qué significan estos conceptos? ¿En qué se diferencian los problemas psicológicos comunes de los llamados "de personalidad"?

Un problema psicológico simple, tal como un proceso ansioso o depresivo, obedece a un conflicto concreto de una persona básicamente "normal" excepto en lo referido a ese conflicto particular. Tal dificultad puede deberse, p.ej., a un trauma íntimo, un problema con ciertas personas o situaciones, experiencias particularmente dolorosas, etc. Una vez afrontadas y resueltas tales situaciones, el individuo puede regresar a un estado anterior de bienestar.  

Los problemas de personalidad, en cambio, son multisintomáticos y nacen de la estructura misma del sujeto, es decir, de su forma de ser y funcionar en el mundo. El DSM, vademécum de los problemas mentales, describe en su versión IV hasta 10 trastornos básicos de personalidad: 1) paranoide, 2) esquizoide, 3) esquizotípico, 4) antisocial, 5) límite (TLP), 6) histriónico, 7) narcisista, 8) evitativo, 9) dependiente y 10) obsesivo-compulsivo. Lo que caracteriza a todos ellos, independientemente de sus síntomas y comportamientos, es una inadaptación más o menos extrema a la vida y, psicodinámicamente, un gran vacío interior. Son todas ellas personas que, por mil carencias en su desarrollo infantil, nunca lograron sentirse suficientemente seguras de sí mismas y del mundo. Por eso no son felices, se protegen mediante sus síntomas y no pueden ayudar a ser felices a los demás. 

Los síntomas de los trastornos de personalidad son los mismos que los de los trastornos "simples", pero suelen ser más numerosos, intensos y duraderos. Por ejemplo, una persona relativamente madura puede sufrir eventualmente una ansiedad moderada frente a cierta situación muy concreta.  En cambio, un individuo con trastorno de personalidad puede sufrir ansiedades extremas y permanentes en todos los ámbitos de su vida. La severidad de su caso siempre será proporcional a la cantidad y gravedad de las heridas psicológicas sufridas desde su infancia

Desgraciadamente, tal como insisto a menudo en mis artículos, dado que el amor y la crianza de los niños suele dejar mucho que desear, se incuban continuamente gran número de trastornos de personalidad. Criar a un niño no consiste simplemente en alimentarlo, vestirlo, llevarlo a guarderías y colegios, enseñarle normas sociales, llenarlo de conocimientos y habilidades intelectuales, abrumarlo con juguetes y caprichos, etc. Criarlo significa fundamentalmente darle toda la empatía, cariño y aceptación posibles, a fin de sembrar en él toda la confianza en sí mismo y en la vida necesarias para ser relativamente feliz. Cuanto menos se le proporcione esto, más se le empujará a la neurosis y a los futuros trastornos de personalidad.

Como los trastornos de personalidad tardan largos años en gestarse, requieren asimismo largos años para aliviarse, suponiendo que el sujeto decida pedir ayuda. La gran dificultad estriba en la propia desconfianza de la persona hacia el terapeuta (y hacia la vida en general) y, por supuesto, en su miedo a dejar de ser él mismo. Es decir, en sus profundísimas resistencias para abandonar la coraza de síntomas que tan trabajosamente elaboró durante años. Cuanto más graves fueron los daños infantiles sufridos, más tenaz será esta oposición a cualquier cambio, incluso aunque el sujeto crea "desearlo" con todas sus fuerzas... Por eso los trastornos de personalidad son tan pertinaces.

En general, lo mismo que no podemos cambiar la estructura de un edificio, sino sólo habilitarlo lo mejor posible, tampoco podemos "eliminar" un trastorno de personalidad, sino sólo hacerlo más habitable, menos doloroso. Podemos ayudar a que la persona, con el tiempo, vaya sintiéndose más cómoda y satisfecha consigo misma, con la gente y con la vida.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor
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