ARTÍCULOS
José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

 

 

 

¿Qué es un neurótico? (2)

El niño maltratado o el origen de la neurosis

 

En el artículo anterior hablamos de la neurosis desde un punto de vista interno o subjetivo, es decir, sólo en referencia a los problemas y actitudes del sujeto mismo, al margen de su entorno socio-familiar presente o pasado. Dicho enfoque subjetivista es el más frecuente en los escritos psicológicos, y el más practicado en la psicoterapia actual. No obstante, en otros artículos (1) hemos hablado también de la neurosis desde un punto de vista externo o social, es decir, refiriéndonos a la implicación de la familia, la sociedad y las instituciones en la génesis y mantenimiento de los trastornos neuróticos. En esta ocasión, argumentaremos brevemente el papel absolutamente determinante de la familia en este problema.

El psicoanálisis, y la más elemental y desprejuiciada observación de los trastornos neuróticos, nos revela de inmediato que la mayoría de éstos no son sino la manifestación de determinadas heridas y conflictos inconscientes, los cuales suelen ser, a su vez, el fruto de un determinado grado de maltrato en la infancia. Dicho maltrato no hay que entenderlo en el sentido rudimentario de nuestras actuales leyes y medios de comunicación, sino de una forma mucho más amplia, profunda y sutil. Psicodinámicamente hablando, es maltrato cualquier tipo y grado de frustración de las necesidades  intrínsecas del niño. Las cuales podemos resumir del siguiente modo:

  1. necesidades de seguridad (protección y cuidados físicos y emocionales)

  2. necesidades de afecto (cariño, contacto físico y psíquico, empatía)

  3. necesidades de respeto (a los sentimientos, espontaneidad y forma de ser del niño/a)

Estas actitudes indispensables por parte de la familia y cuidadores del niño deben ser, obviamente, reales y no aparentes, es decir, totalmente sinceras tanto a nivel consciente como inconsciente; y han de ser invariables, o sea, sin interrupciones ni altibajos. Cuanto más prematuramente, más intensamente o durante más largo tiempo se aleje la crianza de un niño/a de estas actitudes básicas, tantos más microtraumas o graves heridas acumulará a lo largo de su infancia, y más síntomas neuróticos comenzará a desarrollar, generalmente a partir de la adolescencia (2).

Podemos establecer una secuencia o sucesión típica de fases en la génesis de los trastornos neuróticos:

  1. el niño/a recibe una serie de daños (temores, privaciones, agresiones, humillaciones, dilemas, pérdidas, etc.) entre los 0 y los 13 años.
     

  2. el niño/a reprime (es decir, se "traga") instintiva e inadvertidamente sus emociones al respecto (dolor, ira, odio, celos, miedos, etc.) para no perder el (supuesto) amor de su familia, cuyos defectos minimiza o ni siquiera percibe (la idealiza).
     

  3. el niño/a, a medida que crece, va olvidando la mayor parte su pasado (como se olvidan los sueños), del que sólo quedan, como islotes, algunos recuerdos especialmente agradables o terribles.
     

  4. a partir de la adolescencia, o tras algún suceso desencadenante en la edad adulta (frustraciones, divorcio, muerte de un familiar, nacimiento de un hijo, etc.), el sujeto comienza a mostrar extraños síntomas neuróticos (inseguridades, ansiedades, fobias, obsesiones, agresividad, depresión, adicciones, etc.).
     

  5. como el pasado ya está lejos y olvidado, nadie entiende nada; los padres son ahora unos ancianos "desvalidos" e "inofensivos": todos son "inocentes". Comienza el calvario de la psiquiatría y las malas psicoterapias basadas en "culpar al enfermo", que encubrirán aún más -ahora con argumentos pseudocientíficos (3)- las causas biográficas del drama interior del neurótico.

Debemos señalar que el papel incuestionable de la familia en la formación de los trastornos neuróticos de las personas no solamente es ignorado por aquélla (4), sino también por algunos profesionales de la salud mental, que están sujetos a diversos intereses sociales y económicos y, además, ellos mismos tampoco han concienciado y resuelto sus propios problemas familiares (5). De este modo, las responsabilidades parentales quedan siempre en la sombra (excepto en los casos más graves), sin que la mayoría de psicoterapias vigentes quieran ocuparse del problema. 

Es cierto que el enfoque convencional, subjetivista, de la neurosis es indispensable desde el punto de vista psicoterapéutico. Pero para comprender y curar a fondo aquélla y, sobre todo, para prevenirla, es también inexcusable -y socialmente urgente- completar dicho enfoque con una visión externa, socio-familiar, que sepa percibir el verdadero papel de cada una de las personas involucradas en la génesis y perduración del drama del neurótico. Mientras no lo hagamos así, nos convertimos sin quererlo ni saberlo en cómplices y encubridores de dicho drama.

No podemos, por ejemplo, seguir aferrándonos a la idea superficial de que los pensamientos, los aprendizajes o la bioquímica determinan nuestros sentimientos y conductas -lo que sólo es parcialmente cierto-, sin asumir, además, que los pensamientos, sentimientos y conductas son también decisivamente condicionados por potentísimas emociones conscientes e inconscientes acumuladas desde la infancia. Según nos trataron, así somos y actuamos, a veces de modos terriblemente compulsivos. Y quienes nos trataron -bien o mal- no son personas anónimas, sino nuestros propios padres, hermanos, abuelos, parientes, profesores, amigos, etc., que a menudo siguen ejerciendo su nociva influencia sobre el neurótico hasta el fin de sus días. Si la sociedad se empeña en ocultar al neurótico los verdaderos autores inconscientes de su mal -es decir, los encubre y absuelve, cosa que no hace, p.ej, con los maltratadores de mujeres, etc.-, ¿qué entendemos exactamente por "curación"?

Psicodinámicamente, la curación del neurótico exige recorrer el camino inverso al que causó el problema, es decir, descubrir las emociones ocultas que subyacen a los síntomas, remitirlas a sus verdaderas causas (los maltratos y conflictos familiares, el desamor, etc.) y revivirlas en el presente con coraje y sin culpa (no sirve su mero conocimiento intelectual). Esto, con la ayuda del terapeuta, promoverá en el sujeto un proceso gradual de autoconocimiento, liberación y duelo que le ayudará a madurar, asumir el presente y superar definitivamente el pasado. Sólo entonces, no siendo ya necesarios, la mayoría de sus síntomas desaparecerá espontáneamente, sin trucos, técnicas ni esfuerzos (6).

En conclusión, así como el neurótico es, en esencia y tal como vimos en el artículo anterior, un niño bloqueado que se resiste a crecer, jamás debemos olvidar que también es un niño maltratado que desconoce sus heridas y a sus verdugos (7) (de hecho, como en el "síndrome de Estocolmo", está profundamente apegado a aquéllos). Ambas visiones, absolutamente complementarias, deberían formar parte de cualquier psicoterapia medianamente eficaz y maduradora.

>> Ver también: "¿Qué es un neurótico? (1) - El niño bloqueado"

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1. Ver "¿Hay trastornos mentales?" (Zona de Autor) y  "Neurosis, maltrato y sociedad" (Zona de Autor).
2. Desgraciadamente, parece que cada vez se manifiestan antes (neurosis infantiles). Esto evidencia el deterioro de la crianza actual.
3. Ver nota 1.
4. Ver "El Cuarto Mandamiento" (Zona de Autor)
5. Algunos terapeutas aún creen que es posible curar los síntomas neuróticos sin resolver los conflictos familiares conscientes e inconscientes subyacentes, pues suponen que "todos los padres aman a sus hijos", que es mejor minimizar sus errores, que el paciente no tiene derecho a quejarse o ya es demasiado tarde o inútil hacerlo, y que lo mejor y más rápido para todos es el "pensamiento positivo", el "perdón incondicional" o los fármacos. Desde luego, muchos pacientes también quieren pensar lo mismo.
6. Por ejemplo, ¿para qué necesitará técnicas de relajación, si ya no se sentirá tenso?
7. Por eso él mismo, salvo terapia, se convertirá en verdugo de sus hijos, lo que explica la transmisión de la neurosis de generación en generación.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor

Primera Edición: 2/Enero/2008

 

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