ARTÍCULOS
José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

 

 

A Juan Carlos Giménez,
por los viejos tiempos

Si eres feliz, escóndete. No se puede andar cargado de joyas por un barrio de mendigos.
 No se puede pasear una felicidad como la tuya por un mundo de desgraciados.

Alejandro Casona (1903-1965)
Dramaturgo
 

La envidia

 

La envidia es un fenómeno psicológico muy común que hace sufrir enormemente a muchas personas, tanto a los propios envidiosos como a sus víctimas. Puede ser explícita y transparente, o formar parte de la psicodinámica de algunos síntomas neuróticos. En cualquier caso, la envidia es un sentimiento de frustración insoportable ante algún bien de otra persona, a la que por ello se desea inconscientemente dañar. ¿Por qué?

El envidioso es un insatisfecho (ya sea por frustración, represión, etc.) que, a menudo, no sabe que lo es. Por ello siente consciente o inconscientemente mucho rencor contra las personas que poseen algo (belleza, dinero, sexo, éxito, poder, libertad, amor, personalidad, experiencia, felicidad, etc.) que él también desea pero no puede o no quiere desarrollar. Así, en vez de percatarse de sus carencias y aceptarlas o resolverlas, el envidioso odia y desearía destruir a toda persona que, como un espejo, le recuerda su privación. La envidia es, en otras palabras, la rabia vengadora del impotente que, en vez de luchar por sus anhelos, prefiere eliminar la competencia. Por eso la envidia es una defensa típica de las personas más débiles, acomplejadas o fracasadas. Como dicen que dijo Napoleón: "la envidia es una declaración de inferioridad".

Dicho sentimiento forma parte también de esa lacra humana, el narcisismo, desde el que el sujeto experimenta un ansia infatigable de destacar, ser el centro de atención, ganar, quedar por encima, ser el "más" y "mejor" en toda circunstancia. Debido a ello, la persona se siente continuamente amenazada y angustiada por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás, vive en competencia crónica y solitaria contra todo el mundo, es atormentada sin descanso por la envidia. No es ya sólo que los demás puedan tener cosas que ella desea: ¡es que las desea precisamente porque las tienen los demás! Es decir, para no sentirse menos o "quedarse atrás". Este sufrimiento condiciona su personalidad, su estilo de vida y su felicidad.

Las formas de expresión de la envidia son múltiples: críticas, ofensas, ira, humillación, dominio, difamación, rechazo, rivalidad, agresiones, venganza, etc. A escala individual, la envidia suele formar parte de muchos trastornos psicológicos y de personalidad (p.ej., algunas ansiedades, trastornos obsesivos, depresión, falta de autoestima, etc.). En las relaciones personales y de pareja, está involucrada en muchos conflictos y rupturas. En lo social y lo político, la influencia de la envidia es inmensa. Por ejemplo, la envidia del poder sexual, emocional y procreador de las mujeres alimenta el machismo. La envidia de la fuerza y libertad del varón refuerza el feminismo. La envidia de los pobres y los resentidos estimula las revoluciones y los igualitarismos compulsivos. La envidia de los poderosos fomenta su rivalidad política y sus revanchismos. La envidia de los narcisistas y codiciosos alimenta los programas y concursos millonarios de televisión. La envidia mutua de las mujeres robustece el colosal negocio de la "belleza" y la "moda", así como la de los hombres espolea su frenética competitividad. La envidia sexual es el combustible del morbo y la prensa rosa. Las envidias sociales encienden el motor consumista... Etcétera. 

No hay que confundir la envidia con los celos, que son sentimientos muy distintos. La envidia nace de las carencias del sujeto, que quiere destruir al objeto-espejo. Los celos, en cambio, nacen del miedo a perder el afecto de la persona amada, a la que se quiere conservar. No obstante, ambos sentimientos pueden ir juntos. Por ejemplo, cuando una persona ataca a su pareja infiel y al (o la) amante de ésta diciendo que lo hace por "celos", una gran parte de su rabia suele proceder también de su envidia inconsciente, ya que sus engañadores se le adelantaron y disfrutaron del amor, el placer, la libertad, etc., que aquélla también deseaba secretamente, pero no se atrevió a realizar. Por eso ahora se siente humillada y disminuida en su orgullo.

En suma, cuanto más débil, insatisfecha o narcisista es una persona, tanto más envidiará a la gente que posea lo que a ella le falta. La envidia sólo se cura concienciando y resolviendo las propias carencias, a través de un crecimiento emocional. La persona madura no envidia a nadie.

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor 

Texto revisado: Dic/2007

 

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