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Amor, guerra
de sexos y sociedad
A veces, como terapeuta, me
encuentro con pacientes que, sea porque no están muy neuróticos o
porque ya han mejorado mucho, lo que necesitan es simplemente amor.
Una pareja. Me refiero a hombres y mujeres de 20 a 40 años. Llegados a
esta fase, me duelo mucho por ellos y no sé en absoluto qué hacer,
cómo ayudarles, pues topamos con la tremenda dificultad actual de
muchas personas para hallar parejas adecuadas y establecer relaciones
amorosas estables y satisfactorias. Chocamos, en primer lugar, con la
guerra de sexos.
La guerra de sexos es esa penosa
"guerra civil" en la que hombres y mujeres se complacen despedazándose
mutuamente. Está por todas partes: en la calle, la escuela, el
trabajo, la radio, la televisión, el cine, la publicidad, la política,
los juzgados; y sus armas son el continuo intercambio de críticas,
recriminaciones, ofensas, burlas, odio y soberbias. Los motivos
del desastre son socioculturales
(machismo intolerable, feminismo radical o mal entendido, situación
político-económica, etc.), y también psicopatológicos (traumas
edípicos, neurosis, decepciones amorosas, etc.). Todo ello contribuye
a realimentar en ambos sexos su desconfianza mutua y su dramática
dificultad para respetarse, entenderse y quererse. O sea, para acceder
al amor y transmitirlo a nuevas generaciones.
Todos conocemos, en efecto, a
buenas personas que buscan pareja durante mucho tiempo -incluso años-
sin conseguirlo, o que resultan frecuentemente heridas y defraudadas
por parejas fundamentalmente egocéntricas, hostiles o incapaces de
amar. No digamos si nuestro sujeto es tímido o carece de un amplio
círculo de relaciones, o si busca amor donde seguramente menos
probabilidades tiene de hallarlo (p.ej., en "la noche", las
discotecas, los chats u otros sitios de aluvión frecuentados por
muchos desdichados y depredadores). La ciudad es tan grande y anónima,
y tan llena de gente problemática, que el encuentro casual de personas
adecuadas y compatibles parece cada vez más difícil. ¿Quizá la
"búsqueda científica" de pareja a través de grupos o agencias de
calidad capaces de asociar a personas bien motivadas y capacitadas
psicológicamente podría ser una alternativa?
Tenemos que admitirlo: el amor no
está de moda. Pero no sólo por la guerra de sexos. Sabemos que, en
general, lo que vende es el conflicto, las malas noticias, la
violencia. El remedio universal contra todos los males es la amenaza,
el castigo, la mano dura -o sea, más violencia-. La sociedad
intenta disimularlo ofreciéndonos también toda clase de
entretenimientos y placeres. En lo amoroso, nos abruma con pornografía
"rosa" (romántica, para mujeres) y "dura" (sexual, para hombres).
Algunos predicadores nos hablan de "amor" pero sólo para controlarnos,
o por dinero. Otros son descalificados por considerárselos ingenuos,
moralistas o inútiles poetas. El cine y la televisión, hoy medios
educativos por excelencia, no nos ofrecen historias inspiradoras, sino
pesadillas terriblemente patológicas repletas de psicópatas,
delincuentes, neuróticos graves, terrores paranoicos, cadáveres, sexo
sin amor, romances delirantes, gente fracasada, héroes justicieros,
guerras, policías, etc. A esta anatomía de la enfermedad humana se la
denomina con orgullo "reflejo social". Sin duda estos "reflejos" son
terapéuticos para sus autores y para quienes se identifican con ellos,
así como muy lucrativos para sus productores; pero, siendo
espectáculos públicos, no constituyen un buen modelo sino, al revés,
un referente angustioso y desesperanzador para millones de niños y
jóvenes que no disponen de otras alternativas. Y, como afirma
Alejando Jodorowsky, si el arte no sirve para mejorar la vida de las
personas, no debería ser llamado arte ("o formas parte del problema, o
de la solución", decían los viejos hippies). Nadie nos habla, en fin,
del amor sano. Nadie parece tomarse en serio al amor, creer en el
amor, luchar por el amor. Y, sin embargo, todo el mundo anda
quejándose de su soledad, su desamor, etc. ¿Qué nos está pasando?
En mi opinión, el amor en general (familiar, de
pareja, amistad, social, etc.) está en grave crisis porque nuestra
civilización entera también lo está. La guerra de sexos forma parte de
lo mismo. No obstante, siguen cabiendo las excepciones, sigue siendo
posible que un hombre y una mujer logren, si lo desean y pese a todo,
amarse de verdad. Las claves de ello son tres:
-
Equilibrio emocional
mínimo (neurosis leve), en cada miembro de la pareja
-
Edipo mutuo positivo:
el lado fuerte de cada persona debe funcionar como un buen
"padre/madre" para el lado débil ("niño/a") de la otra.
-
Amistad:
valores compartidos, buena comunicación, complicidad existencial
No hay más. Poseer o luchar por el cultivo de tales
requisitos es acceder al amor en medio de la confusión social. Es
sobrevivir en el fragor de la guerra de sexos. Es construir una
tregua, un oasis de ternura, que servirá incluso de ejemplo a muchas
otras personas. Y de esperanza para la Humanidad.
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Para saber más:
Consejos para
elegir pareja
©
JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta
y Escritor |