ARTÍCULOS
José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta y Escritor

 

 

 

Amor, guerra de sexos y sociedad

 

A veces, como terapeuta, me encuentro con pacientes que, sea porque no están muy neuróticos o porque ya han mejorado mucho, lo que necesitan es simplemente amor. Una pareja. Me refiero a hombres y mujeres de 20 a 40 años. Llegados a esta fase, me duelo mucho por ellos y no sé en absoluto qué hacer, cómo ayudarles, pues topamos con la tremenda dificultad actual de muchas personas para hallar parejas adecuadas y establecer relaciones amorosas estables y satisfactorias. Chocamos, en primer lugar, con la guerra de sexos.

La guerra de sexos es esa penosa "guerra civil" en la que hombres y mujeres se complacen despedazándose mutuamente. Está por todas partes: en la calle, la escuela, el trabajo, la radio, la televisión, el cine, la publicidad, la política, los juzgados; y sus armas son el continuo intercambio de críticas, recriminaciones, ofensas, burlas, odio y soberbias. Los motivos del desastre son socioculturales (machismo intolerable, feminismo radical o mal entendido, situación político-económica, etc.), y también psicopatológicos (traumas edípicos, neurosis, decepciones amorosas, etc.). Todo ello contribuye a realimentar en ambos sexos su desconfianza mutua y su dramática dificultad para respetarse, entenderse y quererse. O sea, para acceder al amor y transmitirlo a nuevas generaciones.

Todos conocemos, en efecto, a buenas personas que buscan pareja durante mucho tiempo -incluso años- sin conseguirlo, o que resultan frecuentemente heridas y defraudadas por parejas fundamentalmente egocéntricas, hostiles o incapaces de amar. No digamos si nuestro sujeto es tímido o carece de un amplio círculo de relaciones, o si busca amor donde seguramente menos probabilidades tiene de hallarlo (p.ej., en "la noche", las discotecas, los chats u otros sitios de aluvión frecuentados por muchos desdichados y depredadores). La ciudad es tan grande y anónima, y tan llena de gente problemática, que el encuentro casual de personas adecuadas y compatibles parece cada vez más difícil. ¿Quizá la "búsqueda científica" de pareja a través de grupos o agencias de calidad capaces de asociar a personas bien motivadas y capacitadas psicológicamente podría ser una alternativa? 

Tenemos que admitirlo: el amor no está de moda. Pero no sólo por la guerra de sexos. Sabemos que, en general, lo que vende es el conflicto, las malas noticias, la violencia. El remedio universal contra todos los males es la amenaza, el castigo, la mano dura -o sea, más violencia-. La sociedad intenta disimularlo ofreciéndonos también toda clase de entretenimientos y placeres. En lo amoroso, nos abruma con pornografía "rosa" (romántica, para mujeres) y "dura" (sexual, para hombres). Algunos predicadores nos hablan de "amor" pero sólo para controlarnos, o por dinero. Otros son descalificados por considerárselos ingenuos, moralistas o inútiles poetas. El cine y la televisión, hoy medios educativos por excelencia, no nos ofrecen historias inspiradoras, sino pesadillas terriblemente patológicas repletas de psicópatas, delincuentes, neuróticos graves, terrores paranoicos, cadáveres, sexo sin amor, romances delirantes, gente fracasada, héroes justicieros, guerras, policías, etc. A esta anatomía de la enfermedad humana se la denomina con orgullo "reflejo social". Sin duda estos "reflejos" son terapéuticos para sus autores y para quienes se identifican con ellos, así como muy lucrativos para sus productores; pero, siendo espectáculos públicos, no constituyen un buen modelo sino, al revés, un referente angustioso y desesperanzador para millones de niños y jóvenes que no disponen de otras alternativas. Y, como afirma Alejando Jodorowsky, si el arte no sirve para mejorar la vida de las personas, no debería ser llamado arte ("o formas parte del problema, o de la solución", decían los viejos hippies). Nadie nos habla, en fin, del amor sano. Nadie parece tomarse en serio al amor, creer en el amor, luchar por el amor. Y, sin embargo, todo el mundo anda quejándose de su soledad, su desamor, etc. ¿Qué nos está pasando?

En mi opinión, el amor en general (familiar, de pareja, amistad, social, etc.) está en grave crisis porque nuestra civilización entera también lo está. La guerra de sexos forma parte de lo mismo. No obstante, siguen cabiendo las excepciones, sigue siendo posible que un hombre y una mujer logren, si lo desean y pese a todo, amarse de verdad. Las claves de ello son tres: 

  1. Equilibrio emocional mínimo (neurosis leve), en cada miembro de la pareja 

  2. Edipo mutuo positivo: el lado fuerte de cada persona debe funcionar como un buen "padre/madre" para el lado débil ("niño/a") de la otra.

  3. Amistad: valores compartidos, buena comunicación, complicidad existencial

No hay más. Poseer o luchar por el cultivo de tales requisitos es acceder al amor en medio de la confusión social. Es sobrevivir en el fragor de la guerra de sexos. Es construir una tregua, un oasis de ternura, que servirá incluso de ejemplo a muchas otras personas. Y de esperanza para la Humanidad.

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Para saber más: Consejos para elegir pareja

© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor 

 

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