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Un punto de vista femenino respecto a la paternidad
Laura
Gutman
Psicopedagoga
No son tiempos fáciles para varones ni mujeres.
Nosotras hemos conquistado el mundo masculino y los varones han
perdido sus identidades históricas. Necesitaremos algunas generaciones
para volver a situarnos en un mundo sin reglas fijas.
La paternidad también ha dejado desubicados a los
varones. Hay un aparente consenso respecto a los papás modernos que
cambian pañales, que juegan con los niños o ayudan en las tareas
domésticas. Y no mucho más.
Sin embargo, devenir madre o padre es por sobre
todo, dejar de lado las prioridades personales y poner toda nuestra
capacidad altruista al servicio del otro. La madre sostiene al
niño. Y el padre sostiene a la
madre. Al menos es lo que hay dentro del
sistema de familia nuclear, que está lejos de ser el ideal para la
crianza de los niños.
Pero
las mujeres solemos confundir “sostén emocional” hacia nosotras
con “ayuda concreta en la crianza del hijo”. Son dos situaciones bien
distintas. Una madre sostenida puede sostener al niño. Una
madre desamparada se “ahogará en un vaso de agua”, y reclamará desde
la soledad cualquier cosa, en cualquier momento, sin lograr nunca
quedar satisfecha, aunque el varón intente bañar al niño, lo lleve de
paseo o se despierte de noche para calmarlo. Esto provocará el
desconcierto del varón que no sabrá más qué hacer para tranquilizarla.
Si un papá cambia un pañal, está muy bien. Pero la
condición excluyente para un funcionamiento familiar
equilibrado, es la de operar como sostenedor emocional de
la madre.
No es necesario que el padre esté dentro del torbellino emocional,
porque no es su función. Al contrario, se necesita alguien que
mantenga su estructura emocional intacta sosteniendo el mundo material
para que la madre no se vea obligada a abandonar el mundo
emocional en el que está sumergida.
El padre no tiene que maternar, tiene que sostener a la madre en su
rol de maternaje.
Tengo dos sugerencias para los varones emocionalmente maduros: Antes
de salir a trabajar cada mañana, pregúntenle a su mujer: 1) “¿Cómo
estás?” y 2) “¿qué necesitas de mí, hoy?”. Es sencillo.
La mayoría de los varones retoma su
quehacer laboral, se baña y afeita cada mañana, desayuna y se va
exactamente a la misma hora de siempre “como si nada hubiera
sucedido”. Asimismo supone que nada de lo que acontezca en su ausencia
le incumbe, y que su mujer, eficaz como siempre lo fue, podrá
arreglarse sola con el bebé. Es falso. ¿Acaso tiene que
modificar su rutina? No. Tiene que preguntarle a su mujer qué
necesita de él, hoy, aquí, ahora.
Laura
Gutman
Psicopedagoga
www.lauragutman.com.ar
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