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02 Enero 2011

¿De qué lado está tu terapeuta?

El show de Truman... o cómo hallar un buen terapeuta
Por JOSÉ LUIS CANO GIL

Una de mis películas favoritas es "El show de Truman" (Peter Weir, 1998), una parábola potente e inolvidable sobre lo real y lo falso, la libertad y el abuso, el poder de la televisión y otras lecturas. En relación a ella, se me ocurre una reflexión sobre la psicoterapia. Pero, antes, debemos recordar brevemente el argumento de la película.

Truman, a raíz de ciertas casualidades, descubre que hay algo raro en su mundo, que las cosas "no encajan",  y  por ello empieza a sentirse mal y a comportarse, muy comprensiblemente, como un neurótico. Todo su entorno intenta negar las anomalías, convencerle de que todo está bien, y se afana por tranquilizarlo y controlarlo. Pero las reacciones de Truman, por eso mismo, empeoran. Sólo el espectador va conociendo gradualmente toda la verdad, y comprendemos que el verdadero trastornado no es Truman, sino los demás. Una sociedad no ya enferma, sino malévola, que es la autora de su inadaptación. Truman, en su soledad, busca apoyo en su mejor amigo, Brando, la única persona en la que puede confiar. Ignora que también Brando está en el ajo. También Brando es un canalla. Finalmente nuestro héroe, comprendiendo que sólo él mismo podrá salvarse, asume su lucha a vida o muerte por su libertad contra el dios demente.

¿Existe algún libro, algún tratado  psicológico que pueda explicarnos mejor que este magnífica alegoría el mito de los "trastornos" mentales y sus supuestas causas orgánicas, etc. ? ¿Cómo podría exponerse mejor que la única manera de prevenir y sanar el sufrimiendo de la gente es cesar de inmediato las numerosas capas de mentiras y "conspiraciones" que lo favorecen? Y finalmente, ¿cómo se nos podría advertir más claramente contra el peligro de muchos terapeutas que, pese a todas sus buenas intenciones, en el fondo no son sino "brandos" desleales?

En efecto, muchas personas se lamentan de que sus terapeutas nunca les ayudaron a comprenderse, sino sólo a controlarse. Que siempre evitaron los temas conflictivos repecto a sus familias, en vez de ayudarles a afrontarlos. Que su prioridad nunca fue la verdad, sino el perdón. Que fomentaron su obediencia y resignación, en vez de estimular su autonomía y la realización de sus sueños. Que se sintieron más etiquetados y sermoneados que comprendidos. Que se pusieron a la defensiva cuando su supuesto "saber científico" les fue cuestionado. Que miraban demasiado el reloj. Que sólo actuaban como fríos recitadores de fórmulas preestablecidas... Etcétera.

En mi opinión, por el contrario, una psicoterapia lúcida y honesta debería basarse en principios tan obvios como, p. ej.,  los siguientes:

  • Eres según te criaron.
  • Todo lo que reprimes se vuelve contra ti.
  • Ignorar tu historia es repetirla. 
  • El olvido no existe.
  • El pasado está en tu presente.
  • Todos somos víctimas de víctimas.
  • Exprésate con libertad.
  • Yo (el terapeuta) estoy de tu parte.
  • No tengo objetivos para ti.
  • No te juzgo ni te clasifico.
  • Confío en ti y te respeto.
  • Tú decides, yo sólo te acompaño.
  • Te quiero y admiro.

Alice Miller expuso, y sufrió en sus propias carnes, la soledad de la persona que no encuentra un terapeuta adecuado. Un terapeuta que esté realmente de su parte. En vez de eso, sólo halló "brandoterapeutas". Es decir, personas que, a sabiendas o no de ello, no estaban dispuestas a cuestionar las bases últimas del sufrimiento de sus pacientes: la familia, la sociedad, los valores morales. Terapeutas que, simplemente, formaban parte del "show". Al respecto, aquí nos dejó su artículo "Como encontrar el terapeuta que nos conviene".

De manera que, en suma y volviendo a nuestra película, si queremos hallar un buen terapeuta, lo primero que podemos preguntarle es... ¿estás tú en el ajo?

El edipo¿Es necesario engañar a los niños?
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1 comentario
ComentarÚltimo Comentario
 Langstrum  30/Septiembre/2017 22:04
Hola Jlc!

Pues esas palabras yo las veo válidas para un buen padre.

Porque un.buen terapeuta, lo acabas viendo como a un padre.   Resp.
 

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