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¿Sumar o Restar?

Me fascinan esas esculturas como "inacabadas", fundidas con la misma piedra de la que parecen emerger. Todos las hemos visto. Son mágicas. La figura estaba ahí, como dormida en el bloque de roca, y el artista, quitando el mineral sobrante, la ha rescatado. La ha sacado a la luz. Como también hacen los autores de relieves y bajorrelieves. O los geólogos rescatadores de fósiles (es increíble: se pasan  horas y horas raspando y limpiando un pedrusco y, ¡hop!, ahí surge un molusco o un pez planetario). O los arqueólogos, esos excavadores de guante fino que extraen ciudades y estatuillas a la luz del sol. Etcétera. Y también los terapeutas psicodinámicos, que ayudamos a retirar bloqueos, defensas y otros escombros del alma del paciente para que éste pueda al fin brillar con luz propia.

Todo ello son formas de conocimiento y acción negativos, es decir, sustractivos: quitar lo que sobra. Cuando limpias, en efecto, lo sobrante, el mundo reluce por sí mismo. No puedes obtener nada mejor. (Lo que sí puedes es, en cambio, ensuciar y complicar la Vida). Pero yo prefiero la desnudez a la lencería. Por eso me gusta el conocimiento negativo.

Lo contrario de éste es el conocimiento y acción positivos, es decir, aditivos:  añadir lo que falta. Por ejemplo, pintar sobre un lienzo en blanco. Levantar un rascacielos en un solar. Inculcar miedos y moralinas a los niños. Sobrecargar el mundo de leyes. Dar drogas o consejos a los que sufren... Usando una metáfora de Alan Watts, el conocimiento positivo es  como pintar un amanecer en la ventana, en vez de abrir ésta para admirarlo en directo.

Lo negativo consiste, en fin, en restar, descubrir, destapar, rescatar, revelar lo que ya ES en el Presente. Lo positivo consiste es sumar, añadir, construir, esforzarse por LOGRAR algo en el Futuro. Ambas formas de conocimiento son necesarias en el mundo, siempre que se hallen en amistoso equilibrio. Aunque yo, por mi temperamento y mi neurosis, prefiero la primera. Porque me gustan los barrenderos, los basureros, los cloaqueros, los limpiadores de excrementos, los desmitificadores, los escépticos, los psicoanalistas que no creen en el Psicoanálisis, los pensadores que no creen en la Razón, los que saben que no saben (y viceversa), la Naturaleza desnuda y las estrellas.

Y, como todos sabemos, nadie puede enseñar nada a las estrellas.

 
JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright
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