La psicoterapia tóxica

Igual que hablamos de personas tóxicas, familias tóxicas, relaciones tóxicas, etc., quizá es hora también de hablar de psicoterapias tóxicas. En realidad, ¿no es la psicoterapia un vínculo entre personas sujeto a las mismos beneficios y riesgos que las demás relaciones? Hay, sin duda, terapias buenas, terapias malas y terapias venenosas. Las primeras son las que funcionan y ayudan a sanar. Las segundas, las que no lo consiguen. Y las terceras, las que, por razones conceptuales o de mala práctica profesional, confunden y/o dañan a las personas. Los tóxicos conceptuales son, a mi entender, los más extendidos en la Psicología.

Los venenos conceptuales son las teorías mismas, los principios conscientes e inconscientes que rigen una determinada terapia. Por ejemplo, he aquí algunos de los más frecuentes:

  1. El neurótico (la víctima familiar) debe comprender, perdonar y reconciliarse con su familia.
  2. Todos los padres aman a sus hijos y hacen por ellos "lo que pueden". No cabe exigírseles más.
  3. Todo lo ocurrido en la infancia ya pasó y es demasiado tarde para removerlo y reprocharlo.
  4. Todos los sentimientos hostiles (rabia, odio, rencor) son "negativos" y deben gestionarse "adecuadamente" (canalizarse, maquillarse, reprimirse), sin tomar decisiones coherentes (p. ej., expresarlos abiertamente, alejarse de los padres nocivos, etc.).
  5. La violencia física y sexual es mucho más "grave" que la violencia emocional (aunque lo psicoafectivo es precisamente lo subyacente, común y más destructivo de todas las formas de violencia).
  6. Sea lo que fuere lo acontecido en el pasado, es deber y responsabilidad de la víctima "asumirlo" (cargar con ello, soportarlo, resignarse), con total independencia de los apoyos emocionales y sociales de los que disponga actualmente.
  7. El sujeto no tiene derecho a quejarse ni acusar a nadie, y menos a su familia.
  8. El sujeto puede procurarse energía, autoestima y soluciones por sí mismo, con su propia fuerza de voluntad, sin necesidad de fuentes externas de amor.
  9. Muchos síntomas del paciente son debidos a sus propias "equivocaciones"; quizá sea, p. ej., demasiado flojo, egoísta, exigente, agresivo, etc.  (El viejo truco de Culpar a la Víctima).
  10. Todo síntoma, por doloroso, profundo y antiguo que sea, es mejorable con pensamientos y actitudes "adecuadas" (el socorrido "tómatelo de otra forma") y/o la adquisición de nuevos comportamientos (el archisabido "pórtate bien").
  11. Todos estos principios se aplican exclusivamente a las víctimas parentales y nunca a las demás clases de víctimas (domésticas, escolares, laborales, sociales, políticas...)
  12. Etcétera.

Todos estos criterios son "tóxicos" porque las terapias basadas en ellos, bajo la apariencia de ayudar a los maltratados, contribuyen más bien a silenciar sus sentimientos, forzar sus conductas y minimizar la responsabilidad de los maltratadores. Estos terapeutas repiten contra sus pacientes las mismas actitudes y argumentos familiares (moralizantes, culpabilizadores, castradores) que precisamente los dañó, lo que confunde a las víctimas y tiende a cronificarles los mismos problemas para los que buscan confiadamente ayuda. No están dichas terapias de parte de los abusados, no los defienden de verdad, porque real e inadvertidamente trabajan para la Familia y el Estado. Una incalificable traición a los desdichados de la tierra.

Por eso, toda terapia carente de la lucidez, honestidad y empatía indispensables para tomar en serio a las víctimas y asumir inequívocamente su defensa es, como ya señaló en otros términos Alice Miller hace cuarenta años, una terapia tóxica.

 
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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  Barcelona   •  © Copyright