El terapeuta ingenuo

DIARIO PERSONAL

Hay terapeutas que, en su celo ayudador, no perciben la manipulación que sufren por parte de algunos clientes extremadamente narcisistas. Clientes que en ningún momento buscan una ayuda genuina, sino sólo el alivio superficial de alguien que escuche las mentiras y enredos de unas vidas amargas que en ningún momento están dispuestos a cambiar. Estos pacientes se reconocen, por ejemplo, por sus quejas y acusaciones perpetuas, las recetas mágicas que buscan mediante juegos de "pregunta-respuesta", su escaso interés por la introspección y el trabajo terapéutico, su apego a sus figuras tóxicas (familia, etc.) y, por supuesto, su falta de decisiones prácticas para mejorar sus vidas. El terapeuta ingenuo interpreta todo esto como resistencias a su vacío interior (que indudablemente existe), y por ello los acompaña con paciencia y afecto, a veces durante años, intentando ayudarles a ganar seguridad, conocerse mejor, superar sus traumas, madurar emocionalmente, ser más felices... Pero no. Estas personas siguen como siempre intelectualizando, no sienten nada real o profundo en las sesiones, se estancan en los lamentos, desoyen sugerencias y opiniones, halagan al terapeuta para asegurarse su consuelo... Hasta que el ayudador, por fin, despiertaDescubre con dolor y desencanto que ninguna cantidad de lucidez y amor bastará a su cliente, ya que éste nunca estuvo consciente o inconscientemente interesado en crecer, sino sólo en dejar de sufrir sin tocar ninguna clave de su sufrimiento. Es decir, sólo quiso convertir la terapia en un recurso más de su narcisismo. Lo que significa, en otras palabras, que esa "terapia" fue siempre una farsa.

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  Barcelona   •  © Copyright