De monos y cunaguaros

DIARIO PERSONAL

Un amigo mío venezolano, inteligentísimo, me remite el siguiente relato, evocador y reflexivo, que publico con su permiso:

"J. S., 13/Marzo/2020. Quería compartir contigo esta parábola que creo es bien ilustrativa.

En estos días comentaba con mi hermana aquellos fabulosos tiempos que pasamos en las haciendas de nuestros conocidos en Venezuela en los años setenta, de aquella sensación de libertad, espacio y autosuficiencia, del carácter sin florituras y totalmente asentados en las realidades diarias de aquellas personas directas, simples y algo indomables, que así como querían también eran capaces de empuñar un arma de fuego para defender lo suyo. Aquello desapareció para siempre y nunca volverá.

Todo esto nos trajo a recordar el tema de los monos y los cunaguaros.

Un cunaguaro (especie de tigre pequeño autóctono de la zona) cuando entra en el gallinero, mata una gallina y se la lleva para comérsela en el monte. Es extremadamente cauteloso, a veces merodeaba durante días antes de intentar acercarse al gallinero hasta que el hambre le obligaba.

Si un cunaguaro entraba en el cobertizo donde se guardaban los fertilizantes, el gasoil, insecticidas, herramientas, etc., etc., al olfatear que aquello no era comestible simplemente se marchaba. Si entraba donde se guardaba el maíz, los forrajes y los piensos como aquello no era lo que él comía también se marchaba.

Las gentes de esa zona comentaban con entusiasmo la forma de cazar del cunaguaro, de como era capaz de invertir cuarenta y cinco minutos en cubrir los cien metros que separaban un gallinero del límite de la selva, máxima cautela, finura, competencia, aplomo. Algunas veces el cunaguaro mataba a todas las gallinas del gallinero, entonces era cazado implacablemente, pero inclusive las personas que le cazaban le justificaban diciendo aquello de que claro: es el instinto que le desborda. 

Ahora tenemos a los monos.

Unos monos que entren en el cobertizo del maíz se comen dos o tres puñados cada uno, luego cogen el resto del maíz y se lo tiran los unos a los otros hasta que absolutamente todos los sacos están rotos y todo el maíz perdido en el suelo. Si entran en el cobertizo de los fertilizantes entonces cogen todos los sacos los abren y comienzan a tirarlo todo al suelo y entre ellos, inclusive abrían y se echaban encima los sacos de pesticidas y luego conseguías monos envenenados por allí.

Los monos eran una auténtica plaga de dar por el culo, pero bien y todo el día. No había bomba de agua, cable eléctrico, maquinaria, tubería, cercado o cualquier otro artilugio que los monos no jurungaran y jodieran. Había que poner alambre de espino en la torre de la antena de radio --no había teléfono-- para que los monos no se subieran y cambiaran la orientación de la antena. No era extraño encontrarles electrocutados en cuanto armario eléctrico existiera o ahogados en tanques de agua. Los monos todo lo destrozaban en medio de morisquetas, gritos y algarabía. Y ya podían envenenarse y electrocutarse miles de veces que seguían y seguían, es decir no aprendían ni a balazos.

Por esta razón los habitantes de la zona que los sufrían estaban convencidos que la única forma de tratar con ellos era exterminándolos y a eso se dedicaban arduamente, les odiaban. Decían que los monos lo único que hacían todo el día era dar por el culo, joderlo todo y luego subir a masturbarse a los árboles.

Fíjate la diferencia de comportamiento con el cunaguaro, el cual aunque se comía las gallinas causaba cierto respeto entre los locales por fino y por competente, ni te enterabas cuando atacaba. A los monos los oías venir desde lejos de la algarabía y la gritadera, como si fuesen de excursión. Al cunaguaro no se le mataba así por así, pero en cuanto esta gente oía a los monos por los árboles inmediatamente se iban a buscar el fusil.

Nosotros somos los monos del planeta, todo lo jodemos, todo lo destrozamos en medio de morisquetas, aspavientos y algarabías. Es el comportamiento típico del primate, un verdadero coñazo que es capaz de romper los nervios de quien sea. Encima el ser humano es un mono que se cree el no va mas.... se cree que no es un mono".

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  Barcelona   •  © Copyright