Las pruebas del trauma

DIARIO PERSONAL

Es sumamente instructivo examinar con el cliente sus fotografías y videos familiares desde el nacimiento. Suele comprobarse con facilidad cómo sus problemas no aparecieron "de repente" -como creados de la nada por algún gen divino-,  sino causados y reforzados durante décadas. Puede descubrirse la edad en que comenzaron (a menudo, desde bebés), su mejora o empeoramiento a través de los años, los trastornos y relaciones de los parientes involucrados, etc. Todo lo cual ayuda a confirmar o matizar los recuerdos del cliente, y a mejorar su consciencia.

En las fotos y videos (y a veces audios) queda grabado todo. (En ocasiones, por supuesto, no aportan nada nuevo). Vemos, por ejemplo, miradas vacías. Máscaras inexpresivas. Rostros depresivos o furiosos o autoritarios. Personajes que no se miran ni se tocan. Conductas o vestimentas incongruentes. Atmósferas gélidas o tensas o insondablemente aburridas. Parientes significativamente ausentes. Parientes significativamente protagónicos. Personajes cariñosos, felices o desdichados. Vínculos cálidos o inexistentes... Y todo esto en situaciones supuestamente "óptimas" y ante las cámaras, como bautizos, bodas, comuniones, cumpleaños, fiestas de guardar, vacaciones, etc. De lo que cabe deducir -y temer- cómo fueron las secretas intimidades de estas personas durante años.

En cierta ocasión, un cliente trajo su álbum familiar y, al revisarlo juntos y ante mi absoluto pasmo, descubrimos que el protagonista de casi todas las fotos de su infancia no era él mismo (el hijo), sino... ¡el perrito de la familia!

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  Barcelona   •  © Copyright