¡No piséis la hierba!

DIARIO PERSONAL

La gravedad y duración de muchos trastornos neuróticos no depende sólo de los errores en la crianza, sino también de los que siguen cometiéndose durante toda la vida adulta del hijo/a. Los progenitores inadecuados no suelen rectificar sus desamores (como mucho, los atenúan), pues no son conscientes de ello, o lo niegan todo, o jamás se disculpan ni reparan nada. Es muy difícil, así, diferenciar muchas veces el peso real de la infancia del de la actualidad; y también es muy fácil, por ello, exagerar la importancia de la primera para eludir la trascendencia de la segunda... Los padres realmente preocupados por el bienestar de sus hijos nunca ignorarán el gran poder sanador, al menos en muchos casos, del Ahora.

La hierba vuelve a crecer si dejamos de pisotearla. Por eso, para ayudar a curar a un hijo herido, mamá y papá sólo tienen que dejar de repetir los mismos errores. Necesitan ampliar su consciencia. Aliviar sus propias heridas infantiles. Expresar sus sentimientos por canales adecuados. Aprender a confiar y perdonarse. Recobrar su empatía hacia los demás. Asumir con ilusión su rol materno (o paterno)... Todo lo cual, generando dinámicas totalmente nuevas (mutuamente nutricias, vinculantes, reparadoras, conciliadoras), beneficiará inmediata y progresivamente a los hijos, y a toda la familia.

No hace falta mucho más. Sólo sabemos que la Naturaleza hará el resto. Pues, cuando se restablece el amor parental, a menudo el corazón cicatriza por sí solo muchas heridas y comienza a madurar lo mejor de sí mismo.

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  Barcelona   •  © Copyright