El amor

Escribo mucho sobre las consecuencias del maltrato y el desamor, pero no tanto sobre el amor mismo. Como esto podría ser clarificador para algunas personas, y aunque el amor es un concepto muy amplio del que ya se ha dicho casi todo, reflexionaré aquí brevemente sobre él. Me inspiraré para ello en la indispensable obra El arte de amar, de Erich Fromm, al que remito al lector.

Desde un punto de vista psicológico, y más exactamente psicodinámico, podemos comenzar recordando lo que el amor "no es". Y no es, obviamente, narcisismo. No es odio. No es miedo. No es indiferencia. No es culpa ni deber. No es dependencia emocional. No es explotación en ningún sentido... Todas estas dinámicas, que forman parte de la mayoría de procesos neuróticos, son incompatibles con el amor. Por eso, cuanto más grande es la neurosis, más difícil (o imposible) es amar.

Como saben bien nuestros lectores, la neurosis es, en el fondo, una secuela defensiva contra ambientes emocionalmente insoportables. Y es "insoportable" cualquier entorno, sobre todo en la infancia, incapaz de ofrecer seguridad y confianza al ser humano. En cambio, cuando el ambiente sí es seguro y confiable, las defensas neuróticas se reducen al mínimo... y entonces sucede lo interesante.

El corazón, cuando no necesita encerrarse en sí mismo para protegerse (como el niño que se arruga en un rincón con las manos en la cabeza para escudarse frente a los golpes), está tranquilo. Y, si lo está, tiende -como flor que despliega sus pétalos- a abrir sus ventanas y puertas al mundo. Y, como no puede ser de otro modo, entonces ve al otro. Se interesa con curiosidad por él. Se relaciona con él. Puede sentirlo, valorarlo, respetarlo, admirarlo, cuidarlo, ayudarlo... E incluso vincularse firmemente -es decir, con plena confianza y seguridad- con las personas...

Comienza a amarlas.

Es decir, que el amor es esa actitud sin defensas internas que nos permite empatizar, respetar e incluso cuidar a los demás como a nosotros mismos, para crecimiento y felicidad de todos. O, como antes señalábamos, el amor es lo contrario de la neurosis y la locura.

Existen, por supuesto, diferentes tipos de amor según sus distintos objetos. Hay el amor familiar (entre padres e hijos, parientes, etc.). El amor social (entre individuos, la amistad, el altruismo...). El amor de pareja. El amor a uno mismo (autoestima). Etcétera. Pero todos ellos comparten un mismo sustrato psicológico, que es la ausencia de barricadas internas. Y todos requieren maduración y esfuerzo.

Pues, contra nuestros prejuicios más arraigados, el amor no es innato (como lo es, p. ej., la estatura o el color de los ojos), sino más bien una adquisición, un aprendizaje (como el lenguaje o tocar el piano). El amor es una forma de "educación", una aptitud que sólo puede lograrse a través de otras personas capaces de amar.

Y es que los seres humanos nacemos narcisistas y podemos madurar hacia el amor, pero no sin ayuda. Por ejemplo, un niño no amado simplemente prolongará su narcisismo básico durante décadas, y lo transmitirá a sus hijos. Pero un niño con padres amorosos -ya sea porque también fueron amados, o como resultado de esfuerzos terapéuticos- sí logrará "añadir" a su egoísmo instintivo un segundo nivel o potencial: el de saber relacionarse amorosamente con los demás.

El amor es, así, la única experiencia humana capaz de limitar nuestra natural tendencia al egocentrismo y la destrucción.

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright