Miedo a la psicoterapia

Las formas del miedo a la verdad interior son innumerables. En terapia psicodinámica las llamamos resistencias. Estas resistencias son los modos más o menos inconscientes (excusas, mentiras, "olvidos", negaciones, intelectualizaciones, idealizaciones...) con que intentamos protegernos de nuestros conflictos íntimos, e incluso de la posibilidad de explorarlos. Por eso muchas personas temen la psicoterapia. Y la evitan a toda costa con argumentos como los siguientes.

  • Yo no tengo problemas. Es la defensa más peligrosa de todas; la negación de la realidad. Los síntomas más graves de las neurosis suelen provenir de ella. Es natural: si la negación del problema es máxima, el "rebote" del síntoma también lo es.
     
  • Yo no le cuento mis problemas a nadie. Aquí el sujeto ya reconoce que le pasa algo. Pero no quiere "tocarlo", expresarlo, sino seguir mirando hacia otro lado, a veces con gran esfuerzo autorrepresivo. De modo que los síntomas continúan.
     
  • Yo ya me expreso a mi manera. Por ejemplo, a través de un arte, deporte, vida social... Pero generalmente lo expresado por esas vías sólo son los aspectos más superficiales o disfrazados de las heridas secretas, y los síntomas no cesan.
     
  • Ya me alivio a mi modo. Por ejemplo, mediante adicciones, consumismos, escapismos... Tampoco la anestesia resuelve nada y el dolor persiste.
     
  • Hago "terapia" por mi cuenta. Con libros y artículos de psicología, cursillos, etc. El problema es que, lo mismo que al aprender a bailar, uno no puede conocerse sin ayuda de espejos. Con suerte, los libros ayudan a comprender algunas cosas, pero no a destapar y sanar lo que el sujeto esconde temerosamente.
     
  • Quiero hacer terapia, pero es muy cara. Esto depende de las prioridades de cada uno. La persona determinada a hacer terapia siempre encontrará el medio de realizarla.
     
  • Quiero hacer terapia gratis. Pretender una terapia sin ningún compromiso personal (económico o de algún tipo equivalente) es incompatible con la terapia misma. No se puede caminar sentado, ni crecer dependiendo pasivamente de terceros.
     
  • Mi terapia me encanta, pero hoy no iré porque llueve, hay fútbol, estoy cansado, estoy deprimido, no me apetece, olvidé la fecha, me quedé dormido, me quedé sin dinero, no tengo nada que decirle...  Más resistencias.
     
  • Mi terapia me encanta, pero también estoy haciendo otras y ayer fui a una tarotista. El sujeto no comprende, o no toma en serio, o no confía en su terapia. O simplemente la rehúye.
     
  • Mi terapia me encanta, pero llego siempre tarde, no hago mis ejercicios, no me atrevo a decir ciertas cosas, hablo de temas ajenos a mis problemas... Esta persona aplaza cuanto puede su salto definitivo a la piscina...
     
  •  Etcétera.

Afortunadamente, algunos consultantes van perdiendo poco a poco sus miedos y al final pueden decir:

Creo que ya puedo hablar de mis cosas pese al dolor. En realidad me alivia hacerlo y me hace sentir y ver las cosas de modos diferentes. El terapeuta me señala verdades obvias que yo nunca había querido mirar. He tenido algunos "flashes" increíbles. En las últimas semanas, sin proponérmelo, noto en mí ciertos cambios que jamás creí posibles.

¡Ahora la psicoterapia sí que avanza con eficacia!

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright