Pensamiento e inteligencia

Siempre me han asustado esas personas que defienden coléricamente sus opiniones o presumen de que no han cambiado "jamás" de ideas. ¡Qué horror! O esas otras que repiten sin cesar que el hombre, como piensa, es por ello el animal más "inteligente" de la Evolución. Todas esas exaltaciones de lo racional, de lo intelectual, me parecen formas tremendas -y muy nocivas- de vanidad e ignorancia.

En primer lugar, es evidente que pensamiento e inteligencia no son lo mismo. Incluso podríamos decir que la razón es a menudo lo contrario, un sucedáneo de la inteligencia. Pensamos precisamente (y casi siempre tonterías) porque no somos lo bastante inteligentes. Y porque sentimos miedo. Nuestra racionalidad, con sus mapas mentales, abstracciones, palabras, dogmas, nos tranquiliza. Nos proporciona una ilusión de seguridad y control. Por eso el racionalismo es, en última instancia, una defensa neurótica contra la vida. Y por lo mismo es tan característicamente destructor. (1)

La verdadera inteligencia es otra cosa. Es la capacidad de conectar psicoafectivamente -no meramente "pensando"- con nosotros mismos y los demás. Es la habilidad de resolver problemas y adaptarnos a la vida a largo plazo sin necesidad de destruirla. Es el talento de vivir en sintonía con el mundo y no contra él. La inteligencia es, en fin, una forma de amor y comunión con el universo. Cuando el pensamiento puede ayudarnos a esto, bien. Pero cuando sólo es un tiránico suplantador de la vida, comienza la estupidez y la violencia.

La razón es muy peligrosa porque, contra lo que nos dicen, no surge de la cabeza, sino del corazón. Según sentimos, así pensamos. Un corazón enfermo sólo producirá ideas enfermas. Un corazón sin amor sólo engendrará necedades de odio y muerte. En cambio, un corazón feliz ni siquiera tendrá necesidad de "pensar" demasiado, no porque sea frívolo, etc., sino porque está demasiado ocupado viviendo, fluyendo, disfrutando, amando. Es muy consciente de las cosas, pero no a través de la sobreabundancia de ideas y palabras -que son un modo muy fino de ignorancia-, sino por su contacto directo con el mundo. Por su empatía y sensibilidad hacia la vida... Por eso un corazón feliz es siempre lúcido e inofensivo. Y un corazón desgraciado -y por ello "superracional"- es delirante y tóxico.

La Naturaleza, precisamente porque no "piensa", es esencialmente inteligente. Por ejemplo, nuestro organismo, que funciona casi al 100% al margen de nuestra consciencia y voluntad, organiza maravillosamente sus millones de células superespecializadas durante décadas. Los ecosistemas, con sus infinitas plantas y animales "irracionales", se apañan para interactuar ingeniosísima y establemente durante millones de años. Incluso los virus y las bacterias sobreviven eones en las condiciones físicas más extremas... ¿Podemos decir lo mismo de las producciones más brillantes y "racionales" -sociedades, mitos, tecnologías- del ser humano?

Sólo, en mi opinión, si logramos sustituir el pensamiento por la inteligencia tendremos la oportunidad de sobrevivir.

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1. El pensamiento es un producto del lenguaje y, como tal, sólo fabrica representaciones (bosquejos rudimentarios) de la realidad, con la cual lo confundimos y de la que, por tanto, nos separa. Por otro lado, la mera irracionalidad o el irracionalismo son también neuróticos y aniquiladores. De lo que se trata es, pues, como veremos, de hallar un equilibrio, una síntesis inteligente de lo racional y lo irracional que no obstaculice nuestra vinculación empática con la Vida. 

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright