La ley de lo inverso

El mar no es sólo lo que vemos, sino también -y sobre todo- lo que no vemos. Lo sumergido. Lo que está por debajo de la superficie, de la línea divisoria entre lo que conocemos (conciencia) y lo que no conocemos (inconsciente). Y lo oculto suele ser asombrosamente distinto de lo evidente. Incluso, a menudo, completamente lo inverso. Hay un principio psicodinámico que podríamos resumir así: "Todo lo que es blanco, en el fondo es también negro. Todo lo que es negro, en el fondo es también blanco."  O sea, las cosas suelen ser, por debajo de nuestra línea de observación, lo contrario de lo que creemos. Por eso precisamente las relegamos ahí. Y, tras reprimirlas, decidimos "olvidarlas" y fingir socialmente lo opuesto.

Por ejemplo, el artista exhibicionista suele ser en la intimidad un gran tímido. El virtuoso oculta deseos prohibidos. El blanducho esconde una gran fortaleza. El héroe tiene pies de barro. El santón está lleno de odio. El furioso posee una gran ternura herida... Y así sucesivamente. En general, cuanto más excesivo es lo evidente, más opuesto suele ser lo secreto. Por ejemplo:

- Si un laboratorio gana demasiado dinero "curando" a la gente, ¿cuál es su móvil inconsciente? Seguramente que nadie se cure.
- Si un revolucionario lucha fanáticamente contra el tirano, ¿cuál es su deseo secreto? Quizá ser él mismo el dictador.
- Si un soñador lucha sin descanso por "salvar a los demás", ¿qué anhela sin saberlo? Probablemente que los demás dependan de sus favores.   
- Si un puritano exige "rectitud", ¿qué quiere en realidad? Tal vez impedir que los demás sean más felices que él.  
- Etcétera.

Todo esto produce extrañas paradojas. Por ejemplo, la de que cuanto más nos esforzamos en cualquier dirección, más obtenemos los efectos contrarios. Y no sólo porque, como dice el refrán, "los extremos se tocan", sino porque inconscientemente... ¡también deseamos lo que fingimos combatir!

Cuanto más grueso es el caparazón, más frágil es el molusco. Cuanto más multicolor es su defensa, más nos previene contra su posible veneno... De igual modo, cuando más excesivas son nuestras conductas "positivas", más dolorosos o inconfesables son nuestros secretos. Y cuanto más "negativos" parecemos por fuera (p. ej., adictos, depresivos, violentos...), más potenciales de sensibilidad, inteligencia, creatividad, etc. solemos esconder dentro. ¡Nunca nada es lo que parece!

Así que toda la cuestión se reduce a esto: ¿qué clase de moluscos somos? ¿Cómo es nuestro caparazón? ¿Por qué y para qué lo usamos y de qué intentamos protegernos con él? ¿Quién es el inquilino que habita nuestra concha? En la medida que lo descubramos podremos liberarnos de muchos de los inconvenientes que también nos produce tan pesada carga.

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright