Escuchar

Si quieres convertirte en mejor persona, si quieres cambiar el mundo, sólo tienes que hacer una cosa: ¡aprende a escuchar!

El mundo no es realmente un diálogo, un hábitat de conversaciones, un "compartir comunicaciones", como se nos vende habitualmente en este mundo electrónico de redes "sociales", etc. No. El mundo es más bien una ruidosa cacofonía de sordos donde todos hablan, gritan, abusan, imponen su ego, su voz, su opinión, sus quejas... pero nadie escucha. Nos importa mucho menos lo que el otro tenga que decirnos que nuestra urgente necesidad de hacernos oír. Ello nos convierte en "teléfonos" con micrófono pero sin auriculares. Es decir, sin sonido. ¿Y quién querría un teléfono así?

Todos hemos vivido mil veces estas situaciones. Te quejas de algo a alguien y de pronto te interrumpe diciéndote:  "¡Uy, a mí me pasa lo mismo". Y sin darte cuenta te encuentras soportando su monólogo interminable. O intentas dar tu opinión sobre algo, pero mucho antes de acabar ya te ha cortado dándote la suya o llevándote la contraria. O expones ingenuamente tus problemas y sólo obtienes sermones del estilo "no te quejes porque fíjate que yo, yo, yo...". O quieres escuchar en una entrevista a tu personaje favorito, pero sólo oyes los largos soliloquios del vanidoso presentador, que quiere brillar sobre su invitado... Etcétera. Mucha gente, en suma, no escucha, sino que sabotea las palabras de los demás para ser ella misma el centro de atención.

La razón de ello es que el ego, las carencias afectivas, las ansiedades inconscientes, los gritos silenciosos de la pena y la ira, etc., son acuciantes, ensordecedores en estas personas. Por eso no pueden escuchar ninguna cosa que no sea su propio ruido interior. Sólo pueden gritar, reclamar, imponer, huir de sí mismas mediante su cháchara incesante... Y su actitud, frustrando tu propia necesidad de ser acogido, comprendido, amado, te hace sentir enormemente solo. 

La falta de escucha es uno de los principales factores neurotizadores. La mayoría de mis clientes necesitan, por encima de todo, ser escuchados. Sin escucha, no hay amor posible. Por lo tanto, si quieres ser más maduro, más sano, más amoroso, un excelente medidor de ello será tu capacidad de escuchar. De escucharte a ti mismo en primer lugar. De escuchar a tus personas más cercanas. De escuchar la vida en general: desde el canto de los pájaros al lamento de los infelices.

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright