Psicoterapia y espiritualidad

En el mundo de las terapias hay una frecuente confusión entre psicoterapia y espiritualidad, de forma que a menudo se mezclan o se emplea la segunda con los fines específicos de la primera. Esto es, a mi juicio, absurdo. Por ello intentaremos aquí una breve reflexión sobre el tema.

1. Aclarando conceptos

Hay muchas clases de terapias y muchos tipos de espiritualidades. Yo las entiendo del siguiente modo:

Psicoterapia. Es fundamentalmente una herramienta para ayudar a las personas a liberarse del sufrimiento neurótico. Entendemos por neurosis todos aquellos problemas psicoconductuales que son incontrolables, insoportables, incomprensibles y muy duraderos porque están causados por fuerzas y conflictos inconscientes derivados de maltratos infantiles. La psicoterapia es, entonces, el arte de ayudar al sujeto a concienciar lo inconsciente. No intenta enseñar, cambiar o modelar a la persona, pues eso sería reeducación. No busca controlarla o someterla a la sociedad, pues ello sería política. No le ofrece metafísicas ni supersticiones, pues entonces sería religión... Etcétera. Lo único que la psicoterapia ofrece al sujeto es la posibilidad de conocerse mejor a sí mismo, gracias a lo cual podrá aliviar muchos de sus trastornos neuróticos.

Espiritualidad. Es un fenómeno mucho más amplio y complejo. La espiritualidad es el arte de vivir en armonía con el mundo. Para ello son precisas determinadas cualidades (consciencia, sensibilidad, empatía, espontaneidad, atención al presente, etc.) que, a su vez, sólo son posibles tras una adecuada maduración psicoafectiva. La espiritualidad comienza más allá -y no antes- de una superación mínima de la neurosis, como requisito indispensable para esa comunión amorosa con la Vida que es la espiritualidad.

Falsas espiritualidades. Son creencias de tipo supersticioso, mágico, metafísico, etc., con sus rituales asociados. Son productos neuróticos típicos cuya finalidad es ahuyentar los miedos y controlar la vida, es decir, defendernos de todo aquello que nos duele o no podemos comprender (la enfermedad, el mal, la incertidumbre, la muerte...). A diferencia de la genuina espiritualidad, las falsas espiritualidades no nacen de la maduración personal y la amorosa aceptación de la realidad, sino de su negación, es decir, de las neurosis -e incluso las psicosis- humanas.


2. Los detalles del asunto

El famoso autor Ken Wilber exploró brillantemente las relaciones entre psicología y espiritualidad desde el punto de vista de la "evolución de la conciencia" (1). Según él, la conciencia establece una "frontera" entre lo que sentimos que somos ("yo") y lo que no somos ("no yo"). Esta frontera es "deslizante", pues siempre podemos añadir al territorio de nuestro yo nuevos contenidos que antes considerábamos ajenos a nosotros mismos. Wilber estableció, así, cuatro niveles distintos en los que tales ampliaciones de identidad son posibles. Muy resumidamente son los siguientes:

1. Nivel Persona/Sombra. Se refiere a la separación entre nuestro yo individual consciente (que él llama "persona") y nuestra zona individual inconsciente ("sombra"). Todos los conflictos neuróticos suceden en este nivel. Por tanto, sólo podemos aliviar éstos en la medida que logramos "ampliar" nuestro yo consciente, es decir, descubrir e incorporar a él todo lo que antes ignorábamos de nosotros mismos.

2. Nivel Ego/Cuerpo. En este nivel, todos los aspectos psíquicos ya integrados a nuestra identidad (llamada aquí "ego") aún se sienten separados de nuestro cuerpo, al que percibimos como algo "ajeno" a nosotros. Esto produce muchos problemas psicofísicos que sólo podremos mejorar si, como en el caso anterior, concienciamos y añadimos a nuestro ego sucesivos aspectos de nuestro cuerpo.

3. Nivel Organismo/Medio. En este escalón, nuestro ser psicofísico ya unificado ("organismo") se siente aún separado del entorno ("medio"), al que percibimos como algo externo y hostil. Ello motivará sufrimientos que sólo podremos aliviar, una vez más, incorporando a nuestra identidad sucesivas zonas de dicho medio, es decir, sintiéndolo cada vez más como parte de nosotros mismos.

4. Conciencia de Unidad. En este ámbito, tras ciertas etapas previas que Wilber llama "transpersonales", nuestra experiencia de identidad se ha ampliado tanto que abarca el Universo entero. Ya no quedan fronteras que mover, ni nada frente a lo que nos sintamos ajenos. Somos la Totalidad. Es el nivel místico de la conciencia.

La importancia práctica de esta cartografía respecto al problema de la psicoterapia es fundamental, y reside en el hecho de que los problemas y patologías de cada nivel sólo pueden abordarse con las técnicas apropiadas para ese respectivo nivel. Por ejemplo, una neurosis obsesiva, típica del nivel 1, sólo puede aliviarse con terapias del nivel 1 (p. ej., conductismos, psicodinámicas...). Los bloqueos psicofísicos del nivel 2 sólo podrán mejorar con técnicas del nivel 2 (p. ej., Bioenergética, Gestalt...). Los conflictos del plano 3 (soledad existencial, actitudes frente a la vida..) requerirán soluciones específicas de ese plano (meditación, yoga...). (2) Etc. Esto significa que, diferencia de lo que creen y practican muchas personas, no podemos solucionar problemas neuróticos con técnicas orientales o espirituales, del mismo modo que tampoco podemos alcanzar la serenidad y el amor místicos con solamente psicoterapia, etc.

La confusión entre los distintos tipos de "fronteras" de la conciencia y sus respectivos problemas y soluciones forma parte, en realidad, de una confusión aún mayor que Wilber llamó falacia pre/trans (3). La falacia pre/trans consiste básicamente en que no es lo mismo -obviamente- subir y bajar una montaña (cansados, sudorosos, etc.), que sentirnos cansados y sudorosos... antes de subir la montaña. Así, aunque algunas experiencias espirituales muestran signos (p. ej., ciertas percepciones, estados psicofísicos, etc.) que parecen neuróticos sin serlo, también hay muchos síntomas neuróticos -e incluso psicóticos- que parecen espirituales sin serlo en absoluto. Y es aquí donde surge la cuestión final: ¿cómo diferenciaremos la naturaleza de nuestros problemas y las terapias/maestros que verdaderamente necesitamos, más allá de sucedáneos o charlatanes?


3. Conclusiones

Hemos visto que cada terapia es una herramienta exclusivamente "diseñada" para aliviar el sufrimiento de un determinado nivel de conciencia. Por ejemplo, las psicoterapias dinámicas nos ayudan a combatir la neurosis reconciliándonos con nuestro inconsciente personal e incluso con nuestro cuerpo. Las técnicas espirituales enseñan a las personas ya maduradas el arte de vivir profunda y armoniosamente... No nos conviene, pues, equivocarnos de caminos terapéuticos. Cualquier persona que desee sanar un mal específico sin falsas expectativas ni pérdidas de tiempo, debería, pues, responderse a las siguientes preguntas:

1. ¿A qué nivel de conciencia pertenece mi problema?
2. La terapia que realizo, ¿corresponde debidamente a ese mismo nivel?
3. Mi terapeuta ¿entiende por experiencia el nivel donde yo estoy?

En suma, no podemos mezclar a Freud o Alice Miller con Buda o la New Age. No podemos combatir un sufrimiento humano con métodos por encima o por debajo de lo que requiere ese sufrimiento. Cualquier técnica inapropiada resultará inmediatamente -además- una defensa, una huida, un obstáculo frente a las verdaderas soluciones requeridas (p. ej., la relajación es un escape y no un remedio para la ira neurótica). La sabiduría consiste, en fin, no sólo en diagnosticar con acierto nuestros problemas, sino también en discernir con claridad sus vías de solución.

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1. "La conciencia sin fronteras", 1978.

2. Dice Wilber en la obra citada [texto adaptado]: "En las terapias del nivel del ego se estimula al individuo para que dé rienda suelta a sus pensamientos y explore su pasado. En las del nivel del organismo, se le impide que lo haga y se le anima más bien a que suspenda el "parloteo mental" y centre la atención en el aquí y ahora. Y es que en cada caso opera un tipo diferente de resistencia, y para manejar éstas se han elaborado técnicas diferentes, cada una de las cuales es válida y adecuada en su propio nivel".  

3. La falacia pre/trans es la extendidísima confusión entre los fenómenos psíquicos que Wilber llama "pre-racionales" (es decir, emocionales, infantiles, neuróticos) y los "trans-racionales" (que incluyen y sobrepasan la razón, son genuinamente espirituales, aunque ambos se parezcan a veces superficialmente). Por eso mucha gente recurre a lo que Robert Masters llama "bypass espiritual", que es pretender curar los males emocionales con recetas "espiritualidades".

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright