No culpéis a la víctima

Crítica al programa televisivo "Supernanny"

Si el sabio usa un método inadecuado, el resultado será sabio.
Si el necio usa un método correcto, el resultado será necio.
Aforismo chino
 

Si un granjero cuida mal de sus animales y éstos acaban enfermando, todo el mundo sabe que el único responsable es él.

Si una empresa o un país marchan mal, todo el mundo acusa de ello a sus malos gestores.  

Si un mal médico deja graves secuelas en su paciente, el peso de la justicia cae sobre él.

Pero si unos padres incapaces y/o sin amor crían unos hijos infelices y, por tanto, "problemáticos", ¿por qué casi todo el mundo culpa a los segundos llamándolos "maleducados", "malos hijos" o incluso "enfermos"? Nadie se atreve a responsabilizar a los padres. Es el viejo truco de culpar a la víctima para ocultar el propio fracaso. Y esto es precisamente lo que hace, a mi entender, ese famoso y lamentable programa televisivo llamado "Supernanny".

En dicho programa, una psicóloga -que ejerce en realidad de reeducadora- acude en ayuda de familias caóticas para enseñar a los padres cómo manejar a sus hijos "ingobernables" y recuperar cuanto antes el "control" familiar. No se pretende una comprensión psicoafectiva de la situación, ni una restauración amorosa de la familia. Lo que se busca es "domar a las fieras" del modo más rápido posible. Las ideas básicas del programa parecen ser las siguientes:

  1. Los hijos son el problema y hay que resolverlo con métodos drásticos.
  2. Debe ignorarse cualquier componente emocional, ya sea consciente o inconsciente, de las relaciones padres-hijos.
  3. Debe ignorarse el sufrimiento de los niños (desamparo, miedos, celos, ira, desesperación) que motiva claramente sus conductas "inadecuadas".
  4. La receta básica es inculcar en los hijos reglas y hábitos de sumisión basados en premios y castigos.
  5. Cualquier problemática emocional de los padres es secundaria.

Se trata, así, de la misma pedagogía negra de siempre (1), aunque suavizada y maquillada con los métodos supuestamente "científicos" de la niñera.

Es cierto que algunos de sus consejos son útiles, que se señalan algunos errores parentales y que se muestra la necesidad de una mejor comunicación padres-hijos. Pero se exponen más bien como "trucos" rápidos para facilitar los resultados y no tanto como ejemplo de una obligada y permanente autocrítica parental. Porque son los padres quienes más terapia requerirían en la mayoría de esos programas. Psicoterapia para mejorar sus problemas emocionales, de personalidad, de pareja, de trabajo... ¿De qué sirve ofrecerles los parches conductistas de la superniñera, y por cuánto tiempo funcionarán éstos, si las neurosis de fondo de los padres no se resuelven y ni siquiera se conciencian? Y, por otro lado, aunque efectivamente se consiga domar parcialmente a los niños, ¿cómo evitarán éstos el posible desarrollo de trastornos neuróticos más sutiles?

Vemos, en efecto, a muchos de esos progenitores con toda clase de dificultades psicológicas. Inmadurez, frialdad, debilidad, ansiedades, miedos, desorganización, bloqueos, hostilidad, depresión, frustraciones, estrés, dependencia hacia los propios hijos... En tales condiciones, ninguna madre ni padre puede ofrecer, por mucho que se esfuercen en simularlo, la seguridad, cariño, ejemplo, paciencia y sana autoridad que toda buena crianza requiere para la buena salud psico-conductual de los niños. Muy al revés, cuando los padres están mal, los niños absorben todas sus ansiedades y conflictos, sufriendo además todas esas dolorosas emociones antes citadas (desamparo, miedos, celos, ira, desesperación...) que determinan sus "conductas inadecuadas".

No hay que ser ningún lince para entender que ese sufrimiento infantil que tan obscenamente se exhibe/explota en televisión para "aleccionamiento" de la audiencia son, en realidad, demandas desesperadas de afecto. La crueldad del show consiste en que, cuando más reclaman amor los niños, más reproches y castigos reciben. Más se les priva de él. Y a esto se lo considera "científico". (2)

Me parece increíble que, en pleno siglo XXI, todavía siga ignorándose que la sana obediencia de los chavales sólo es posible desde la gratitud que experimentan cuando verdaderamente se les ama. Un niño amado no es dócil, ordenado, amable, etc. porque haya aprendido -como un perro o rata de laboratorio- a base de miedos, premios y castigos, sino porque se siente feliz y, en consecuencia, acepta, respeta y colabora con los padres por amor a éstos. Por el contrario, un niño sin amor e incluso maltratado, ¿qué razones tendría para ser "buen chico/a".

Creo que Supernanny, desperdiciando una oportunidad de oro para mostrar a la gente la crucial importancia del amor, la conciencia y la salud mental en las familias, se limita a repetir, disfrazados, los viejos sermones educativo-represores de toda la vida. No es un programa para ayudar a los niños. Es una farsa para justificar y autorizar a millones de telespectadores a repetir contra sus hijos los mismos sufrimientos que, en nombre de una educación autoritaria y violenta, ellos mismos padecieron.

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1. Léase Por tu propio bien, de Alice Miller. 

2. Se entiende equivocadamente, p. ej., que los berrinches de los niños son malévolas "manipulaciones" contra los padres. Y se pretende engañar a los críos con "premios" forzados del tipo "¡oh, qué bieennn, muy bieennn, has obedecido, te quiero!" (¡esto sí es manipulación parental!). Claro que los niños, igual que los adultos, manipulan a veces. Pero lo amoroso e inteligente consiste precisamente en saber distinguir las conductas manipuladoras reales de las aparentes. Y, en todo caso, también las manipulaciones reales son secuelas del desamor. Un niño bien amado no necesita manipular. 

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright