El mito del TDAH

La desdicha infantil no es una enfermedad

El Trastorno por Déficit de Atención con/sin Hiperactividad (TDAH) es, a mi juicio, un típico ejemplo de la ley del silencio sobre las causas familiares de la mayoría de problemas psicoconductuales. Éstos son para muchos "enfermedades" de base orgánica, para otros el resultado de problemas de "aprendizaje", etc. A mí me parecen manifestaciones del sufrimiento causado por determinados maltratos familiares (en sentido amplio). Y el TDAH es, además, un buen ejemplo de cómo los intereses farmacéuticos y políticos pueden converger en la creación de falsas patologías.

Los niños, unos más que otros, son "movidos" por naturaleza. Pero cuando algunos de ellos son, sin duda, excesivamente hipercinéticos, podemos estar seguros de que, como en el caso de los adultos demasiado agitados, algo va mal. El modo más fácil de averiguar el motivo es preguntárselo a ellos mismos. Y, si ignoran las respuestas (porque éstas son inconscientes), podemos observar entonces su entorno (familia, escuela, tratos recibidos), o explorar su comportamiento en ambientes o con personas diferentes. Si lo hacemos así en vez de inventar complejas teorías sobre el "problema", obtendremos respuestas asombrosas. Y posiblemente muy desagradables para nuestro orgullo.

¿Qué clase de respuestas? Por ejemplo, que esas conductas (agitación, dispersión, etc.) a las que llamamos TDAH son expresiones de un malestar íntimo, de ciertas emociones más o menos intensas (miedo, desamparo, rabia, tristeza, aburrimiento...) causadas sin excepción por condiciones familiares y/o educativas insoportables. Y que tales condiciones pueden resumirse en una sola: nuestra absoluta falta de respeto, empatía y amor hacia los niños.

Millones de niños sufren hoy, en efecto, a escala familiar, escolar y social toda clase de vivencias incompatibles con su bienestar y maduración. Por ejemplo, guarderías, padres ausentes, desamor, represiones, maltratos, madres tóxicas, ausencia de valores y límites, guerras parentales, separaciones y divorcios, escuelas aburridas, presión escolar, estrés extraescolar, falta de tiempo libre y vida familiar, tecnologías sobreestimulantes, etc. En tales circunstancias, muchos niños y adolescentes se sienten completamente solos, incluso desesperados, y por ello abrumados por fuertes emociones/conductas de ansiedad, agresividad, rabietas, descontrol, dispersión, hiperactividad, depresión, rebeldía, adicciones... Nada que requiera, como vemos, reprimendas ni medicación, sino sólo cambios radicales en las actitudes de los adultos.

Los criterios de "diagnóstico" de la supuesta enfermedad TDAH suelen ser absurdos. Se limitan a identificar ciertos comportamientos mediante "tests" similares a éstos (1):

  • ¿Trata el niño irrespetuosamente a las personas mayores?
  • ¿Es impulsivo, irritable?
  • ¿Se chupa el dedo o la ropa?
  • ¿Se distrae fácilmente?
  • ¿Se pelea con sus hermanos?
  • ¿Es llorón, o desgarbado, o ensimismado, o inquieto, o miedoso, o mentiroso, o desobediente, o destructor?
  • ¿Coge berrinches?
  • ¿Tiene miedo de estar solo, o  no acaba las cosas que empieza, o es demasiado inmaduro para su edad?
  • etc.

Todo esto carece de sentido, pues millones de niños actúan así en algún momento de sus vidas precisamente porque son niños. Y en los casos realmente extremos siempre deberíamos descubrir, como  hemos dicho, las causas. Por eso, yo propondría otro tipo de cuestiones, esta vez dirigidas a los padres, como las siguientes:

  • ¿Cómo es la vida escolar y social de su hijo? ¿Agradable o desagradable? ¿Aburrida o interesante? ¿Tranquila o agitada?
  • ¿Cómo es el ambiente familiar? ¿Pasa el niño demasiado tiempo solo, aburrido o inmovilizado? ¿Son los padres ordenados o caóticos? ¿Serenos o nerviosos? ¿Cariñosos o fríos, severos o incluso agresivos con el niño?
  • ¿Cómo son las relaciones entre hermanos, y por qué?
  • ¿Hay reglas y costumbres familiares bien establecidas? ¿Se practican con afecto y paciencia? 
  • Los padres ¿soportan con calma o pierden los nervios fácilmente con las expresiones emocionales del niño (juegos, ira, celos, rabietas, tozudez, rebeldía, tristeza, miedo, dominio...)?
  • ¿Son los padres felices con sus hijos, con su pareja, consigo mismos? ¿Lo fueron también en su propia infancia?
  • ¿Desearon realmente tener al hijo "conflictivo"? ¿Confían y se sienten orgullosos de él?
  • ¿Empatizan de verdad con las necesidades y sentimientos del hijo o sufren, por el contrario, "inconfesables" emociones contra él (rechazo, cólera, impaciencia, indiferencia, desdén, celos, envidia, agotamiento...)?
  • Etc.

Del análisis y solución de esta clase de problemas parentales resultaría el inmediato serenamiento de niños y adolescentes. Es decir, el colapso del mito del TDAH.

¿Cómo la sociedad ha llegado a engendrar teorías tan injustas y crueles contra los niños? Hay varias causas, todas ellas denigrantes para los adultos:  

  1. Es más fácil y barato reprimir a niños indefensos que asumir y rectificar los errores familiares, educativos y sociales que motivan sus sufrimientos.
     
  2. Muy pocos padres, por su neurosis, se atreven a afrontar con humildad y coraje su responsabilidad emocional ante los hijos.
     
  3. La industria farmacéutica ve en el dolor infantil un enorme filón económico (2), al tiempo que los políticos usan aquélla como un modo fácil y rápido de controlar a la gente "molesta". 
     
  4. La propia infancia es para muchos un estorbo, ya que nuestra vida contemporánea es esencialmente incompatible con la vitalidad, alegría y espontaneidad de la infancia.


En suma, el "TDAH", cuando alude a niños simplemente movidos, no existe. Y cuando se refiere a conductas realmente excesivas, no es ninguna enfermedad, sino un claro síntoma de maltrato infantil. Por tanto, no será con fármacos, castigos ni terapias como podremos ayudar a los niños infelices, sino sólo con más comprensión y afecto hacia ellos. Y, en consecuencia, con mucha más autocrítica y/o psicoterapia por parte de los adultos encargados de cuidarlos.

__

1. Véanse los "Cuestionarios de Conners" que se utilizan. 

2. La invención de falsas enfermedades con fines económicos no es nada nuevo. Antoni Talam, doctor en Psicología, afirma en su libro "Globalización y salud mental" que «en décadas de trabajo no se ha conseguido aislar ni un solo —ni uno, insistimos— marcador biológico específico —presente en todos los casos y solamente en ese tipo de casos— para un trastorno mental cualquiera». Otros libros que profundizan en las falsedades y oscuros intereses de ciertos ámbitos de la Psicología, la Psiquiatría y la Medicina en general son, p. ej., "La salud que viene" y otros libros del periodista Miguel Jara; "La invención de trastornos mentales", de H. González y M. Pérez; "Los inventores de enfermedades", de Jörg Blench,  "Medicamentos que nos enferman", de Ray Moynihan, o "La timidez", de Christopher Lane. Este último libro documenta, p. ej., cómo se elevó la timidez a la categoría de enfermedad ("fobia social"), con referencias también al TDAH. 


Enlaces relacionados:
¿Déficit de "atención" de los niños o de los padres?
Por un buen diagnóstico 
¿Aceptar o medicar?
http://www.plataformaicmi.org/
http://www.migueljara.com/?s=TDA , (hiperactividad)
Trastorno-del-deficit-de-atencion-un.html
Deficit-de-atencion
Hallazgos-en-tdah
http://www.rebelion.org/
https://www.pagina12.com.ar/diario/
La-hiperactividad-infantil/
http://www.europapress.es/noticia
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science
Novedades-editoriales-
Los niños a los que les cuestan las mates acaban medicados
El inventor del TDAH reniega de su invento
Enfermedades dudosas de la infancia
La invención del TDAH y el Trastorno Bipolar Infantil
El TDAH no existe y la medicación es un dopaje
Cómo las farmacéuticas fomentan el TDAH
Testimonios: 01 - 02
Artículos sobre TDAH en www.migueljara.com
Corrupción de la Psiquiatría y TDAH
No gracias (articulos sobre TDAH)
¿Psicoterapia infantil?

Presentación  •  Enfoque  •  Servicios  •  Artículos  •  Libros  •  Más Info  •  Contacto
JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright