Cómo superar una infidelidad (y 2)

El dolor que no cesa

Algunas personas no logran superar una antigua infidelidad de su pareja. Sufren por ello interminablemente, a veces durante años. Sienten que algo se ha "roto" o "esfumado" para siempre entre ambos; su corazón está lleno de desconfianza, resentimiento, celos obsesivos, hostilidades recurrentes... Y se preguntan con angustia cómo dejar atrás sus sufrimientos.

El tormento de estas personas suele nacer de un sentimiento excesivo de valía y orgullo; del núcleo narcisista de su personalidad. Todos tenemos dicho núcleo. Cuanto más grande es, más fuerte y prolongado es el dolor, la humillación de cualquier espina que se nos clave en él. Por eso el dolor crónico de la víctima de infidelidad puede interpretarse como una especie de "berrinche" narcisista, cuya duración será también proporcional a lo inconsciente de sus psicodinámicas.

La esencia de esta rabieta es el derrumbe de una fantasía: la suposición idealizada de que la persona infiel, o la relación con ella, era "perfecta". La infidelidad supone, así, un desencanto insoportable, al tiempo que una pérdida del supuesto control o ascendencia que el ofendido/a creía disfrutar sobre el otro/a (p. ej., sintiéndose "especial", su "dueño", su "preferido", etc.). De pronto, la víctima percibe al otro/a como lo que siempre fue, una persona con vida propia, real o potencialmente autónoma, etc., cuya inesperada libertad es vivida ahora por el despechado/a como una especie de "traición". A veces también sufre inconfesables envidias, que le soplan continuamente al oído: "Tú también querías ser infiel, pero tu pareja se te adelantó. Fue más atrevida que tú, burló tu poder, y además tu rival te venció. ¡Ojalá pudieses recuperar tu orgullo y primacía!". Por todo esto, en fin, el ofendido/a sufre sin descanso. Y más aún si padece problemas de personalidad, rasgos paranoides, etc. 

Estas personas tampoco pueden perdonar porque, a menudo, necesitan su rencor para seguir sintiéndose fuertes. (¡El victimismo es una droga muy potente!) También lo necesitan para castigar vengadoramente a su pareja, pese al arrepentimiento y las mil muestras de amor y reparación que ésta le haya ofrecido mil veces. Paradójicamente, este mismo rencor suele también demostrar que la relación nunca fue, después de todo, tan rica en confianza, apego y afectos como ambos pensaban... Y por eso mismo, al menos en parte, sucedió la infidelidad. (1)

¿Cómo curar esta herida? ¿Cómo salir de la trampa? La única opción es crecer emocionalmente. Madurar la personalidad. Lo que significará, entre otras cosas, aceptar con la máxima lucidez lo ocurrido y superar un dilema muy hondo: nada menos que elegir decisivamente entre los propios intereses infantiles y narcisistas, o asumir, ya sin autoengaños, la revinculación con la pareja.

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1. Y, si no se cambia nada, puede volver a suceder. 


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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright