El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)

El TOC es un buen ejemplo de cómo el inconsciente suele vencer por goleada a nuestro sentido común y nuestra voluntad. 

El síntoma obsesivo-compulsivo consiste, como sabemos, en la invasión frecuente de ciertos sentimientos e ideas (p. ej., miedo a contagiarse, dudas sobre algo ya realizado, pensamientos inconfesables, deseo de hacer daño a otros, etc.), los cuales, pese a su índole aparentemente absurda, resultan invencibles y producen una ansiedad insoportable. Para aliviar dicha ansiedad, el sujeto realiza entonces algún acto igualmente absurdo y compulsivo (que llamamos ritual o, popularmente, manías) como, p. ej., repetir una y otra vez determinada acción, limpiar, reordenar, contar, recitar frases de tipo "exorcizador", etc. Ambas fases del síntoma, la idea obsesiva y el ritual neutralizador, son igualmente incontrolables, frecuentes y extenuadores, y pueden llegar a condicionar muy seriamente la vida del sujeto. La diversidad de obsesiones y rituales es muy grande.

Una persona sufre la idea obsesiva de estrangular a su pareja, lo que le hace sentir monstruosa. A otra le mortifica la obsesión de que sus niños puedan morir atropellados. Otra evita tocar nada en lugares públicos para no infectarse. Otra se lava las manos muchas veces seguidas, o comprueba 35 veces si ha cerrado bien la puerta del piso. Otra teme sin descanso las posibles reacciones de los demás contra él. Otra no puede soportar el desorden ni que las cosas cambien de sitio. Otra duda con angustia durante días si devolver un teléfono nuevo a causa de una minúscula rayita en su parte trasera... Y todas se defienden de tales obsesiones con gestos "mágicos" y sin sentido como mover la cabeza, una frase ritual, una nueva repetición, cavilando sin fin, haciendo esto o aquello... Y así continuamente. Todas se avergüenzan y se sienten absolutamente esclavas de sus manías.

Psicodinámicamente, los síntomas obsesivo-compulsivos pueden surgir de dos niveles:

  1. Superficial. Siendo, hasta cierto punto, meros disipadores de ansiedad. P. ej., si estoy enfadado, quizá me muerda las uñas o me ponga a fregar compulsivamente. Si me siento muy inseguro en el trabajo, quizá me vuelva obsesivamente ordenado. Etc. (Esta clase de tocs también los vemos en animales).
  2. Profundo. Expresan conflictos emocionales específicos que, como todo síntoma neurótico, se muestran disfrazadamente de maneras más o menos simbólicas y racionalmente "absurdas". P. ej., si me siento extremadamente inseguro y vulnerable, quizá me obsesione la higiene, el ansia de tenerlo todo controlado, etc. Si estoy lleno de rabia, quizá tenga "malos pensamientos" con los cuchillos. Si me corroe la culpa, quizá tema supersticiosamente que cualquier mala idea se cumpla. Etc.

El TOC deja, en fin, de parecernos tan extraño e incontrolable cuando, como hacemos con cualquier neurosis, descubrimos y aliviamos las tensiones emocionales subyacentes que lo motivan.

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright