Los problemas de personalidad

Cuando una persona muestra un síntoma psicoconductual determinado (p. ej., ansiedad, depresión, etc.), decimos que sufre un trastorno neurótico. Pero a veces oímos hablar de trastornos de personalidad (p. ej., trastorno narcisista de personalidad, trastorno límite de personalidad (TLP), etc.). ¿Qué significa esto? ¿En qué se diferencian los problemas psicológicos comunes de los llamados "de personalidad"?

Un síntoma aislado es como una inflamación. Obedece a un conflicto emocional muy específico del sujeto (p. ej., un sentimiento reprimido, una frustración, un estado interior de miedo, ira, culpa o contradicción, etc.) respecto a un asunto muy concreto (pareja, familia, hijos, trabajo...). Una vez identificado y resuelto tal conflicto, el síntoma se "desinflama" o desaparece.

El trastorno de personalidad es, en cambio, una forma de ser. Es el resultado de largos años de exposición (sobre todo en la infancia) a dolorosas privaciones o maltratos. La personalidad del sujeto está llena de heridas y de defensas psíquicas contra ellas, es decir, de desgarros íntimos inconscientes que se expresan mediante síntomas neuróticos diversos. Por eso el trastorno de personalidad es multisintomático (1). Así, a diferencia del trastorno común, que manifiesta un problema localizado, el trastorno de personalidad evidencia un conflicto generalizado del sujeto consigo mismo y con la vida.

El DSM, vademécum de los problemas psicológicos, describe en su versión IV hasta 10 trastornos básicos de personalidad: paranoide, esquizoide, esquizotípico, antisocial, límite (TLP), histriónico, narcisista, evitativo, dependiente y obsesivo-compulsivo. Todas ellas son estructuras de personalidad más o menos reconocibles y, en el fondo, estrategias defensivas contra la vida y el insoportable vacío interior. Un vacío causado, como antes decíamos, por todas las variantes del desamor en la infancia. Cuanto más crueles y prolongadas fueron tales variantes (p. ej., abuso, violencia, abandono, etc.), más severos y potencialmente crónicos son los trastornos de personalidad. 

Como el trastorno de personalidad es una armadura, el problema fundamental es que la persona se aferra inconsciente y desesperadamente a ella. Siente un invencible miedo/resistencia a "quitársela". Está tan profundamente habituada, adaptada, incluso identificada con su coraza de síntomas (que le proporciona además determinados beneficios secundarios) (2), que, pese a sus muchas quejas y sufrimientos, no está sinceramente dispuesta a renunciar a aquélla. Por eso los síntomas, aunque algunas terapias pueden aliviarlos, están tan fuertemente arraigados y los trastornos de personalidad son tan tenaces.

En general, lo mismo que no podemos cambiar la estructura de un edificio sino sólo mejorar su acondicionamiento, tampoco podemos "eliminar" un trastorno importante de personalidad. Sólo podemos suavizarlo. Ayudar a volverlo gradualmente menos doloroso, más adaptativo, más llevadero para el sujeto mismo y para los demás. Así, con tiempo, las personas con un trastorno de personalidad pueden llegar a sentirse más satisfechas consigo mismas, con la gente y con la vida.

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1. Y a veces difícil de diagnosticar, pues en distintos momentos pueden predominar síntomas diferentes. 

2. Por ejemplo, comodidades, sobreprotección, poder, libertades, ayudas económicas, etc. El problema de los beneficios secundarios es determinante en toda neurosis.   

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright