El dolor sin tiempo

Viendo el énfasis quizá excesivo que algunas personas ponen en la buena crianza temprana, la educación alternativa, etc., uno se pregunta a veces si algunas de ellas no usarán estas filosofías para "olvidar" que la parentalidad... no acaba nunca. No todo depende de cómo se hagan las cosas en los primeros años del niño, sino también de lo que suceda en la familia en las décadas siguientes. Como el amor no puede impostarse, ni la neurosis parental se puede encubrir (sólo aliviarse mediante psicoterapia) (1), los secretos de la sana maduración de las personas, además del indispensable buen trato en la infancia, parecen más complejos.

Las edades de mis pacientes oscilan entre los 18 y los 60 años. Sin embargo, casi todos ellos se quejan, aparte de sus desdichas infantiles, del maltrato muy similar que sus padres siguen dándoles en el presente. Muchos suspiran: "¡si por lo menos se disculpasen algún día, me pidiesen perdón...!" Es el sueño de todos los maltratados. Y, en efecto, ello constituiría una inmejorable terapia... si tales disculpas fuesen posibles. Pero no es así. La mayoría de progenitores suelen tratar al neurótico, independientemente de su edad, como siempre lo hicieron (o con estilo más moderado). Por ejemplo, le siguen...

  • despreciando, cuestionando, humillando, comparando, ignorando...
  • culpando, castigando, persiguiendo, exigiéndole...
  • tratándolo de forma egocéntrica, desconsiderada, sin afecto, sin empatía...
  • mostrándose posesivos, autoritarios, castradores, victimistas...
  • mostrándose amenazadores, violentos, manipuladores, punitivos...
  • abusándolo económicamente, arruinándolo, desheredándolo...
  • tratándole de forma incestuosa, "enamorada", aduladora...
  • parasitando, agobiando, chantajeando...
  • etc.

¿Qué neurótico, cualesquiera que sean sus síntomas (miedos, complejos, ansiedades, depresiones, bloqueos, adicciones, problemas de personalidad) podría mejorar en semejantes condiciones familiares perennes? Más aún, ¿de qué sirve la mejor psicoterapia -incluso con demostrados avances del paciente-, si éste, pese a su mayoría de edad y estar emancipado, casado, con hijos, triunfante en lo profesional, etc., mantiene un contacto casi diario con su familia, está bajo su continua "vigilancia" a distancia (por teléfono, redes sociales, whatsapp...), etc., dando así lugar a que se reabran continuamente las heridas que la terapia intenta sanar? ¿No es esto como la mítica Penélope, que deshilaba de noche lo que tejía de día...?

En mi opinión, tal es precisamente una de las razones de la cronificación de las neurosis. No se trata sólo de la gravedad de lo sufrido en la infancia. No es sólo por la tenacidad inherente a los fenómenos de la personalidad. También es debido al hecho obvio, aunque poco mencionado, del contacto permanente que la mayoría de neuróticos mantienen con sus familias destructivas (2). Esto contribuye decisivamente a la continua realimentación/actualización de sus trastornos emocionales.

El Niño Interior, es decir, nuestro corazón, nuestra memoria psicoafectiva, nuestro sensitivo Núcleo inconsciente, no desaparece ni se "fortalece" con la edad. Da igual si tenemos 5, 10, 25 ó 50 años. El alma es atemporal. Muy al revés, con los años y bajo la tormenta perfecta del desamor parental, puede hipersensibilizarse, incluso volverse cada vez más vulnerable y sufriente... A menos que disponga de fuentes alternativas de amor genuino y apoyo. ¡Por eso el amor sano es indispensable en todas las edades!

La buena crianza infantil no es el único requisito para la felicidad de las personas. Tan importante como eso son las psicodinámicas parentales a largo plazo. No sólo importa lo que sucedió, sino también lo que está ocurriendo. Por ello, como el pasado tiende a repetirse en el presente (y viceversa), creo que no deberíamos sucumbir a la tentación de entender la infancia (con sus abusos, traumas, etc.) como fuente exclusiva de todos los problemas, ni usarla como excusa/defensa frente a nuestras responsabilidades de por vida. Debido al Niño Interior (mamífero, sensibilísimo, eterno), nuestra necesidad inconsciente de amor parental es invariable. (3)

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1. Mi objeción básica a ciertos dogmatismos sobre la buena crianza es que, si los padres son emocionalmente sanos, no necesitan muchos consejos. Y, si son muy neuróticos, ninguna pauta salvará a los hijos. 

2. Dicho apego forma parte, desgraciadamente, de la neurosis misma. 

3. No debemos confundir el indispensable "destete emocional", la emancipación de los hijos, etc., con la falta de amor. La crianza/educación tiene fecha de caducidad, pero el amor parental debería ser eterno. Por otro lado, madurar significa superar nuestras dependencias dolorosas, no "eliminar" (cosa imposible) nuestro hambre de afecto. 

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright