El Pensamiento Único

Adueñarnos del mundo de las ideas, para que las nuestras sean las ideas del mundo.
Tomen la educación y la cultura y el resto se dará por añadidura.
Antonio Gramsci (teórico y político comunista)


Preámbulo: Debo este post a Sandra Enya, una estimada seguidora de Facebook (a la que agradezco enormemente), que me dio a conocer "El libro negro de la nueva izquierda", de Agustín Laje y Nicolás Márquez, que referencio abajo. Una obra brillante y bien documentada que nos ayuda a comprender muchas cosas, por mucho que no compartamos el marco político de sus autores. Pero verdades son verdades, las diga quien las diga, y a mí me han inspirado las reflexiones que siguen. Temo que cualquiera que me considere de "derechas" o "izquierdas" por este u otros artículos se equivocará, pues desprecio por igual -por muchas razones- todas las ideologías y sólo me interesan el amor, el humanismo democrático y la sabiduría.

Todos hemos oído hablar de la corrección política, lo políticamente correcto, el Pensamiento Único. Nadie puede desviarse de él sin ser duramente criticado. Por ejemplo, la mayoría de asuntos relacionados con lo religioso, la moral convencional, la familia, la heterosexualidad, el nacionalismo de "derechas", los cuerpos armados, el concepto de autoridad, los límites, lo diferenciador y, en general, los principios "conservadores" de cualquier tipo son considerados sistemáticamente como autoritarios, opresivos, fascistas, intolerantes, capitalistas, patriarcales, obsoletos, etc. En cambio, todas las ideas y estrategias que se oponen a lo conservador, que intentan erradicarlo por casi cualquier medio, que persiguen a sus partidarios mediante la censura, la violencia o la ley, es tenido por bueno, progresista, liberador, igualitario, revolucionario, moderno, democrático, etc. ¿Es todo esto casual? ¿Por qué esta absoluta intransigencia de la mayoría de gobiernos, instituciones y medios de comunicación del mundo, durante décadas, contra las visiones conservadoras? ¿Y por qué, además, en un mundo tan -supuestamente- obsesionado con la "democracia" y la "libertad de expresión"? No encaja en absoluto. Una clave de este misterioso y dictatorial Pensamiento Único (1) parece hallarse, según algunos autores (2), en el llamado marxismo cultural. También denominado, según los contextos, progresismo, neomarxismo, nueva izquierda o, en sentido muy amplio, postmodernidad.

¿Qué es el marxismo cultural? Tras fracasar en el siglo XX el comunismo revolucionario, que causó millones de muertos y escasos beneficios, habría cambiado de estrategia. Sustituyó la violencia por el adoctrinamiento ("concienciación") permanente a través de todos los medios culturales (arte, cine, prensa, medios audiovisuales, organismos, escuelas, universidades...´). Pues, como muchos de sus ideólogos han manifestado abiertamente:

"La conquista del poder cultural es previa a la del poder político, y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados 'orgánicos', infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios”. Antonio Gramsci.

Y ciertamente, de modo explícito o encubierto, la mayoría de artistas, intelectuales, políticos, medios de comunicación y entidades públicas y privadas de todo tipo son actualmente de izquierdas, de modo que monopolizan todas las versiones de la realidad. Por su parte, los conservadores (cristianos, liberales, no izquierdistas en general), con mucha menor influencia y cierto complejo de inferioridad, son acosados continuamente por el Pensamiento Único. El cual, así, como un caballo de troya, va imponiendo dulce y solapadamente -y por ello antidemocráticamente- los valores marxistas de siempre.

¿Cuáles son estos valores marxistas? Independientemente de sus formas externas (ideales, reivindicaciones sociales, etc.), lo que subyace a ellos es el desprecio y ansias de demolición de los valores precedentes, desarrollados en Occidente durante dos mil años a partir de la Grecia y Roma clásicas y del Cristianismo (3), y que hoy el Pensamiento Único considera nocivos, autoritarios y obsoletos. Ahora bien, si realizamos una rápida comparativa de ambos conjuntos de valores, obtenemos lo siguiente:

Valores Occidentales

Pensamiento Único

Dios y primacía del Individuo. Estado y anulación del individuo.
Libre albedrío, responsabilidad/culpa individual. La culpa siempre es ajena (clase social, sistema económico, país extranjero...).
Autoridad. Sociedad jerarquizada. Sociedad uniforme sometida a la Cúpula.
Metafísica. Valores absolutos que provienen de Dios. Humildad. Materialismo. Valores relativos y, por tanto, siempre en conflicto. Soberbia.
Moral "bidimensional": iguales en lo horizontal ("hijos de Dios") pero cualitativamente distintos en lo vertical: hay un Bien (virtud, mérito, esfuerzo) y un Mal (egoísmo, ignorancia, pecado). Moral "plana": todos somos idénticos, sin distinción cualitativa, para el Estado.
Amor y valores derivados (compasión, respeto, perdón, felicidad). "Solidaridad" entre odiadores de un tercero.
Filosofía. Ética. Derecho. Religiones. Política. Artes. Ciencias. Identidad. Libertades. Democracia. Ideología única. Totalitarismo.


Vemos, pues, que los valores tradicionales y los marxistas son radicalmente antagónicos. No obstante, pese a todos los excesos históricos de los primeros, contra los que los segundos se rebelaron legítimamente, éstos tampoco han demostrado nunca ser mejores. Más aún, han probado ser peores, ya que, para imponerse, han necesitado invariablemente de toda clase de guerras, genocidios, represiones y hundimientos de países, sin resultados positivos en ninguna parte. Lo que no significa, por otro lado, que algunas ideas marxistas, aplicadas con moderación, sí sean muy necesarias para mejorar las sociedades.

Un problema para identificar la esencia marxista del Pensamiento Único es que no funciona al margen o contra el "capitalismo" al que tanto finge odiar, sino en profunda simbiosis con él. Por eso, muchos disvalores que achacamos al imperio del dinero proceden, en realidad, del Pensamiento Único; y viceversa. Esta colaboración busca por medios opuestos, aunque complementarios, los mismos objetivos -es decir, la desintegración de los valores clásicos o tradicionales-, y sus métodos son más o menos los siguientes:

Materialización de la vida. El capitalismo, a través de la publicidad consumista, va vaciando a la sociedad de todo lo psicológico, ético, estético, intelectual y espiritual, sustituyéndolo por millones de productos, marcas, modas, evasiones, tecnologías, basura audiovisual y todo lo que, en fin, pueda cambiarse por dinero. Por su parte, el Pensamiento Único, a través de la propaganda, va también saboteando las viejas ideas conservadoras con los nuevos dictados "progresistas", basados todos ellos también en el dinero (es decir, en ilimitados y ruinosos populismos económicos para todo), así como en la agitación y cuestionamiento de todo lo establecido. De este modo, Capitalismo y Neoarxismo "compran" a la gente -es decir, la someten-, fortaleciendo así un colosal imperio económico-político cada vez más totalitario.

Perversión del lenguaje. Esto es fundamental. Se emplea una jerga nueva compuesta por eufemismos, abstracciones, vaguedades y palabras altisonantes y vacías, a fin de que la gente, no pudiendo asociarlas con realidades demasiado tangibles que puedan asustarla o indignarla, las acepte más fácilmente. Por ejemplo "embarazos subrogados" en vez de "alquiler de vientres". Los ejemplos son infinitos. Ya lo aconsejó el propio Gramsci (citado antes): "La realidad está definida con palabras. Quien controla las palabras controla la realidad". O la neolengua de Orwell.

Agitación permanente. Creación o exageración de conflictos sociales, a fin de presentar "soluciones" (las que interesa implantar) a ciertas partes y reprimir a las demás. Es decir, usar los problemas no como causa, sino como excusa para imponer determinadas políticas. El procedimiento suele ser el siguiente: 1) se elige cualquier colectivo (digamos los aficionados a las setas); 2) se afirma en falso que son "marginados" por la sociedad (lo que puede ser cierto a veces); 3) se explota a fondo su rabia victimista; 4) se los defiende por ley al tiempo que se "conciencia" a la sociedad sobre las "virtudes" de las setas; 5) se acusa de "setafóbicos" a quienes no les gustan los hongos... Y ya tenemos un inmenso negocio de Comerciantes de Setas. Los fines últimos de estas guerras artificiales parecen ser: 1) generar innumerables resentidos, es decir, votantes del Pensamiento Único; 2) romper todo límite, identidad, jerarquía o solidaridad entre personas y cosas, a fin de obtener la "homogeneidad vacía" que el Pensamiento Único necesita (4); 3) justificar los crecientes controles y poderes que caracterizan al Pensamiento Único.

Manipulación total. Uso sistemático de la mentira, la falsificación de la historia, la censura, la intimidación, las promesas y, sobre todo, la alienación a través del adoctrinamiento perpetuo, para que la gente acabe pensando, exigiendo y votando "libremente".... todo aquello que ha sido decidido previamente desde "arriba". Todo ello, evidentemente, con el monopolio absoluto de todos los medios de comunicación influyentes.

Omnipotencia. Intromisión del Estado y politización de las vidas privadas de la gente. Regulación asfixiante de innumerables asuntos sociales. Supresión progresiva de todo sentido de la privacidad, la intimidad y la identidad individuales.

Violencia. Si algo caracteriza al Pensamiento Único (y al izquierdismo en general), y al mismo tiempo lo desautoriza, es su violencia. Su irreprimible soberbia, su nula autocrítica, su agresividad intrínseca, su tendencia a denigrar, atacar y perseguir toda discrepancia, su uso sistemático de la fuerza como lenguaje y herramienta. Es genéticamente destructivo y dictatorial, pues psicológicamente es movido, bajo máscaras idealistas, por poderosísimas dinámicas de odio, envidia y afanes de poder. Altaneramente, actúa siempre como si el mundo fuera suyo (a lo que inconscientemente aspira), como si los demás no existieran o no debieran existir (5). Lo que no impide, por otro lado, que, incapaz de asumir las consecuencias de sus acciones, cuando sus adversarios se defienden legítimamente, entonces el Pensamiento Único reaccione quejándose, victimizándose y acusando a ciegas, del modo más lastimoso y típico del narcisismo perverso.

Explotación de la neurosis social. Todo lo anterior no sería posible sin la explotación de las emociones humanas, sobre todo las más virulentas y trastornadas. Por ejemplo, innumerables intelectuales, artistas, políticos, etc., con evidentes problemas de personalidad, de identidad o incluso psiquiátricos, son tomados como "ideólogos" o líderes de toda clase de delirios convenientes al Estado. A su vez, estos "pensadores" y muchísima gente por cuyos problemas se identifican con ellos, en vez de aliviar sus sufrimientos por los cauces apropiados (autoconciencia, psicoterapia, etc.), usan el Pensamiento Único como vía de evacuación e incluso autoafirmación de sus neurosis y psicosis. Y de este modo la locura social, lejos de disminuir, se fomenta, llegando al paroxismo (asombrosamente autodestructivo) de "normalizar" los trastornos mentales (6).

● Etcétera.

***

Según todas las apariencias, pues, todas las libertades, democracias, privilegios, etc. que venimos disfrutando en Occidente desde la II Guerra Mundial no serían debidas simplemente a una evolución espontánea de las sociedades, sino también, en gran medida, a una ingeniería deliberada por parte de la simbiosis Capitalismo/Neomarxismo, con el propósito encubierto de ir reduciendo todas las libertades tradicionales (siempre en nombre del "Bienestar", la "Seguridad" y el "Progreso"). De ahí ese creciente totalitarismo -o "Nuevo Orden"- mundial, que no es una conspiranoia o distopía futura, sino algo que ya existe y cuyo nombre eufemístico es, precisamente, Pensamiento Único. Una de sus cabezas visibles es, p. ej., la ONU. Cualquier lector que lo dude sólo tiene que discrepar en público de cualquier ítem del argumentario progresista, en cualquier país occidental, y descubrirá lo que ocurre.

¿A quién beneficia todo esto? Evidentemente, a las élites políticas, económicas y financieras internacionales que hacen y deshacen en todas las naciones del mundo. Ya sabemos que mediante toda clase de recursos (propaganda, coacciones, préstamos, embargos, presión diplomática y militar, tratados, etc.) tales élites apoyan y deponen gobiernos, manipulan economías, debilitan autonomías y fronteras, etc., porque, cuanto más débiles y homogeneizados son los países, más grandes y fáciles son el dominio y los negocios que los megapoderosos pueden ejercer en ellos.

No es que, como antes decíamos, algunas ideas del Pensamiento Único, aplicadas moderada y democráticamente, no sean buenas para el mundo. Es que, como se aplican con terrible despotismo y violencia, acaban resultando por completo inaceptables. Desgraciadamente, millones de personas apoyan todo esto por ignorancia, interés, miedo o pereza, y para muchas de ellas el Pensamiento Único es, además, una religión. Una religión tanto o más cruel que la civilización cristiana-conservadora que tanto odia (precisamente porque se parecen). Un nuevo opio que simplemente cambia el amor por la rabia, Dios por el Estado, la moral por las leyes, las libertades por las "seguridades", las oraciones por las reivindicaciones, los templos por los ministerios, el cielo por la utopía, el infierno por lo Reaccionario. Una religión que es también una falsa terapia a través de la cual mucha gente arrastra y canaliza sus neurosis, sus temores, sus soledades, sus traumas, sus rencores, sus odios, sus codicias, sus delirios, sus egoísmos, sus ansias de felicidad, su tendencia a dejarse tomar de la mano -como niños huérfanos- por cualquier desconocido que les ofrezca golosinas... Y, de este modo, todos y cada uno de nosotros vamos entregando más y más poderes a nuestros tiranos...

Personalmente, creo que ningún sistema sociopolítico dará jamás la "felicidad" a nadie. Ni siquiera es su función. Sólo el amor desde la infancia, la maduración y la sabiduría pueden acercarnos a ella. Por eso nunca podré aceptar ninguna religión ni política cuyos principios filosóficos, científicos y éticos no sean precisamente ésos.

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1. El Pensamiento Único politiza y adoctrina permanentemente sobre todos los asuntos humanos: sexualidad, mujeres, familia, enseñanza, sanidad, aborto, salud mental, drogas, violencia, delincuencia, historia reciente, protección social, inmigración, activismos, religión, costumbres, "enemigos oficiales", marginación, etnias, tecnologías, entretenimiento, etc.

2. Léanse, p. ej., El libro negro de la nueva izquierda (Agustín Laje y Nicolás Márquez, 2016) y La gran mascarada (Jean-François Revel). Ambos autores son liberales, único ámbito capaz de analizar las sombras de la izquierda, lo mismo que sólo en la izquierda moderada podemos hallar análisis lúcidos de la sombra de la derecha.

3. Estos valores occidentales, pese a sus innumerables excesos, han posibilitado, nos guste o no, la civilización más razonable y humanitaria de la historia. Como expresó muy bien, p. ej., Oriana Fallaci: "Soy una atea cristiana. (...) Me gusta el discurso en que se sustenta el Cristianismo (...), que se concentra sobre el Hombre. Que reconociendo el libre albedrío, es decir, reivindicando la conciencia del Hombre, nos hace responsables de nuestras acciones, señores de nuestro destino. En ese discurso veo un himno a la Razón, al raciocinio. Y porque donde hay raciocinio hay posibilidad de elegir, donde hay posibilidad de elegir hay libertad, veo en él un himno a la Libertad. (...) Sin el Cristianismo no habría existido el Renacimiento, no habría existido la Ilustración, no habría existido siquiera la Revolución Francesa que a pesar de sus monstruosidades nació del respeto hacia el Hombre y en ese sentido algo de positivo ha dejado o ha aguijoneado. No habría existido ni siquiera el socialismo o mejor dicho, el experimento socialista. Ese experimento que ha fracasado de una forma tan desastrosa pero que, como la Revolución Francesa, algo de positivo ha dejado o ha aguijoneado. Y tampoco habría existido el liberalismo. Ese liberalismo que no puede faltar en los cimientos de la sociedad civil, y que hoy todo el mundo acepta o finge aceptar. (...) El Cristianismo es realmente una provocación irresistible. Una clamorosa apuesta que el hombre hace consigo mismo." (Oriana Fallaci, La fuerza de la razón, 2004).

4. La publicidad y la propaganda nos repiten sin cesar: "¡transgrede, salta los límites, rompe moldes, abajo barreras, prohibido prohibir!", etc. En general, no se fomenta tanto la subversión razonada respecto a esto o aquello cuanto la actitud "rompedora" en sí misma; es decir, el continuo e indiscriminado acoso a cualquier valor no marxista. El resultado que se busca es esa guerra perpetua de todos contra todos, ese "río revuelto" mundial donde, como en el tango Cambalache, "todo vale y nada importa"... salvo lo políticamente correcto.

5. Esta violencia es proporcional a la resistencia que, muy a su pesar, el Pensamiento Único suele hallar en muchas partes. La vida, la gente es "conservadora" por naturaleza. La mayoría de personas sólo quieren paz, pan, dignidad, amor, sentido en sus vidas; no teorías terriblemente frías, violentas e insaciables. Por encima -obviamente- de ciertos niveles mínimos de subsistencia y libertad, lo "conservador" sólo es el nombre que dan al mundo muchas personas incapaces de adaptarse, mejorarlo ni, mucho menos, amarlo.

6. Todos sabemos que la mayoría de trastornos mentales, desde las neurosis más leves hasta las psicosis más graves, son debidos a tremendos daños infantiles. ¡No podemos ignorar ni, menos aún, politizar ni "reivindicar" tales estragos! 

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright