El poder del inconsciente

Algunas personas "no creen" en lo inconsciente. Otras, devotas de la supuesta omnipotencia de la voluntad, o simplemente ingenuas, miedosas o interesadamente superficiales, imaginan que sólo existe lo que ven y que, por tanto, pueden "controlarlo" todo. Todo esto es raro, pues nada hay -paradójicamente- más obvio que lo inconsciente. Vivimos sumergidos en un océano de inconsciencia. La mayoría de procesos individuales y sociales (biológicos, psicológicos, económicos, políticos, históricos...) que condicionan nuestras vidas no los percibimos. Los ignoramos. Son como el agua para el pez, que éste apenas nota porque nació y vive en ella, pero cuya naturaleza y dinámicas (oxígeno, temperatura, composición, corrientes, ecología, etc.) determinan absolutamente la vida del animal.

En lo psicológico, una metáfora del inconsciente quizá mejor que la del pez nos la ofrece nuestro propio organismo. ¿No es verdad que casi todos nuestros procesos biológicos (celulares, metabólicos, circulatorios, digestivos, respiratorios, neuronales, inmunológicos, etc.) son "automáticos" y suceden sin que tengamos la menor noticia de ellos? ¿Y no es cierto, al revés, que cuando ocurre el menor fallo en aquéllos surgen de inmediato el dolor o la enfermedad, de los que sí solemos percatarnos al instante? Lo mismo sucede con nuestra vida psicoafectiva. Cuando nuestro inconsciente "va bien", vivimos más o menos en paz. Pero cuando algo falla en él, de inmediato comienzan nuestros síntomas/conductas más o menos neuróticos, nuestra mayor o menor infelicidad, y sólo entonces descubrimos que lo inconsciente... sí existe.

Los signos, interferencias, condicionamientos e incluso "vocabulario" secreto de nuestro inconsciente son innumerables. Por ejemplo:

Lapsus, errores, sueños normales, sueños recurrentes, pesadillas, fobias, conductas compulsivas (narcisistas, agresivas, sexuales...), ansiedades incontrolables, obsesiones, adicciones, recuerdos súbitos, mimetismos inadvertidos ("parecernos sin saberlo a alguien"), emociones "desproporcionadas", fallos repetidos ("tropezar siempre con la misma piedra"), acusacionismo, victimismo, paranoias, alucinaciones, "elección" de gustos estéticos, intelectuales, ideológicos y profesionales, fanatismos, inclinación a la violencia, identidad sexual, "elección" sexual, incapacidad de amar, maltrato a los hijos, determinados rasgos de personalidad, codicia, envidia, etc...

En general, todas aquellas facetas de nosotros mismos que no logramos "comprender" ni mucho menos controlar están determinadas, obvia y definitoriamente, por dinámicas no conscientes. Estos procesos ocultos comenzaron a "grabarse" en nuestro interior desde el nacimiento -o quizá incluso antes- en función de nuestras vivencias particulares, y constituyen la memoria absoluta -el "disco duro"- de nuestro psiquismo. O, en términos poéticos, de nuestro corazón. (1)

Veamos algunos ejemplos de esto:

Una madre grita sin control a su hija cuando ésta se muestra lenta y perezosa, y después se siente muy culpable por ello. No se entiende a sí misma... hasta que recuerda que su madre la trataba exactamente igual por los mismos motivos. Esto le permitir redirigir apropiadamente su rencor contra la figura materna, y también expresar mejor su ira en general, de modo que la impaciencia contra la hija se reduce a niveles "controlables" y su empatía con ella aumenta.

Un padre de familia sufre graves tentaciones de sexo infiel, que a veces realiza, pero luego se siente tremendamente culpable. No lo entiende porque se cree "feliz" con su mujer. Pero va descubriendo que en realidad se aburre tanto en familia, sigue renunciando a tantas cosas por ella y se siente tan miserable por sus deslices, que estas mismas ansiedades lo empujan a gratificarse con nuevas escapadas. Es un círculo adictivo. Cuando acepta sin autodesprecio sus contradicciones e introduce más libertades y gratificaciones legítimas en su vida, las atormentadoras tentaciones desaparecen.

Una chica está siempre deprimida y no entiende por qué, ya que piensa que su familia "la quiere" y que tiene muchas "amigas". En la terapia descubre que todo es mentira. Sus padres siempre han preferido a otras hermanas y a ella la han ignorado e incluso humillado; sus amigas no son tales porque no puede compartir nada íntimo con ellas. Está dramáticamente sola... y por eso se "deprime". Cuando aprende a reconocerlo y, en consecuencia, busca nuevas amistades, emprende actividades más gratificantes y se aleja de las personas que la humillan, su tristeza se vuelve más ligera o esporádica.

Un hombre conflictivamente separado, con dos hijos pequeños, sufre angustiosas ideas cuando algún cuchillo de cocina está cerca de ellos. Son incontrolables "ocurrencias", fugacísimos "casi deseos" de que pudieran hacerse daño con el cuchillo, morir por ello, etc. Se siente un monstruo por tales pensamientos. En la terapia descubre que jamás fue amado de niño y que, por tanto, sufre graves celos, envidias y hostilidad contra estos niños modernos tan "mimados", a los que se esfuerza por amar sin tener fuerzas para ello y sintiéndose completamente solo y debilitado... Cuando comprende y va aceptando que su corazón (su inconsciente) necesita expresar su desamparo aunque sea mediante síntomas tan "extremos" (igual que en los sueños) como los suyos, y que no necesita competir con sus hijos por el amor sino buscar éste en otras personas, etc., sus sentimientos de culpa se alivian y las ideas parásitas comienzan a desvanecerse.

Etcétera.

Lamentablemente vivimos en un mundo basado en el control, las ideas y conductas "correctas", la fuerza de voluntad, el poder de las normas y el dominio político. En este ambiente, la mentira y las apariencias son preferibles a cualquier verdad, de modo que nuestra atención al lado oculto -inconsciente- de las cosas no conviene a casi nadie. De hecho, una de las principales funciones del inconsciente es precisamente ocultar en él -también sin darnos cuenta- todo aquello que nos duele, nos asusta o nos avergüenza. Esto ofrece algunas ventajas a corto plazo, pero es también la causa fundamental de la Mentira (individual y social), y del sufrimiento y los trastornos neuróticos y psicóticos en todas las formas, grados y escalas.

¿Cómo podríamos resolver jamás cualquier problema sin mirar sus causas de fondo? Todo sincero abordaje del dolor humano pasa necesariamente, como hemos visto, por ayudar a las personas a destapar y corregir con valentía los conflictos y secretos invisibles que, como "palos en la rueda" de sus vidas, les impiden acceder a una mayor felicidad.

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1. En mi libro La esencia de la neurosis expongo con más detalle este y otros asuntos. 

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  Barcelona   •  © Copyright