Destetarse del hijo

El destete físico del hijo/a respecto a la madre es una fase natural del desarrollo. El "destete" psíquico ya es, en cambio, mucho menos frecuente, pues muchísimas personas dependen emocionalmente de sus madres durante décadas. En todo caso, como el destete psicoafectivo es un asunto recíproco, cabe preguntarnos: ¿cuántas madres se emancipan sanamente de sus hijos? Ya vimos en La madre tóxica que muchas no lo consiguen.

La neurosis de mucha gente proviene, en efecto, de que sus madres, lejos de ser proveedoras de seguridad y afecto, son niñas aferradas y dependientes de sus hijos (o a determinado hijo/a), con independencia de la edad de éstos. Estas madres-niña se comportan como "depredadoras" o explotadoras del amor de sus víctimas -que quedan así debilitadas para siempre-, para lo que usan todo tipo de estrategias neuróticas. En realidad, muchas mamás decidieron tener hijos precisamente para eso. Ésta es una de las bases fundamentales del maltrato infantil.

Las actitudes y conductas de estas madres "adictas" a sus hijos llenarían un libro entero. Por ejemplo, muchas someten consciente o inconscientemente a sus víctimas al desempeño de ciertos roles, p. ej., ser el "muñequito" dulce y complaciente de mamá. Su principal fuente de amor. Su paño de lágrimas. Su amante incestuoso/a. Su chivo expiatorio. Su confidente... En última instancia aspiran a ser "salvadas" por sus propios hijos, al precio de continuos abusos contra éstos: enfados, culpabilizaciones, lavados de cerebro, victimismos, amenazas, castigos (1)... Otras madres eligen la vía de la sobreprotección, con la que combaten sus propias carencias y ansiedades, logrando así una ilusión de fuerza y autoestima. Otras descargan libremente contra sus víctimas todos los demonios que sufrieron en su propia infancia... Etcétera.

Las madres dependientes no toleran con facilidad que sus hijos se emancipen de ellas, ya sea, p. ej., en la adolescencia, o para tomar decisiones propias, o para buscar el amor fuera de casa, o si reciben ayudas psicológicas, etc. En general, salvo casos muy patológicos, no logran impedirlo, aunque sufren mucho por ello. Se sienten, p. ej., solas, deprimidas, vacías. O defraudadas y humilladas.  O sabotean de mil modos a los "ingratos" fugitivos... Etcétera. Su "destete" obligado saca a la luz, en fin, toda la neurosis de la que durante años intentaron protegerse gracias precisamente a su enganche a los hijos.

¿Pueden estas madres infantiles destetarse sana y adecuadamente? Por supuesto. Pero sólo si lo intentan con lucidez. Con esfuerzo. Con amor verdadero. Con el valiente afrontamiento de sus problemas emocionales.

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1. Uno de los más lastimosos es, a mi juicio, el "no hablar" a las víctimas durante algún tiempo.


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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright