La negación de la locura

IMPORTANTE: Usaremos aquí el término "locura" en su sentido más amplio e incluso poético, es decir, referido a todo el arco de la psicopatología, desde las neurosis leves hasta las psicosis graves.

Hay en nuestra sociedad dos corrientes opuestas sobre los trastornos psicológicos. La primera asegura que todo lo que hace sufrir en la vida (p. ej., tristezas, ansiedades, conflictos emocionales, comportamientos distintos de lo "normal", etc.) es "patológico", tiene causas biológicas (bioquímicas, genéticas) y/o de aprendizaje, y debe ser tratado, por tanto, con fármacos y/o terapias cognitivo-conductuales. La segunda corriente afirma, por el contrario, que nada es patológico ni orgánico, pues la locura -en cualquier forma y grado- "no existe", sólo es una forma "distinta" de ser, o incluso un efecto de las "desigualdades sociales", etc.,  y por ello los trastornados deben ser políticamente "normalizados". Ambas visiones son, a mi entender, dos formas extremas y complementarias de negar la verdadera naturaleza de la locura.

Tanto las hipótesis biologistas como las psicoconductuales y sociopolíticas se basan, en efecto, en ocultar a toda costa lo más desgarrador de los sufrimientos y biografías de los afectados. Este silenciamiento, dado que negar los problemas no los elimina, sólo genera en la sociedad todo tipo de confusiones respecto a las perturbaciones psíquicas. Por ejemplo, las relativiza o idealiza a su antojo. Exagera o minimiza sus consecuencias sociales. Mete en el mismo saco problemas de muy diversa índole y pronóstico. No distingue lo leve de lo grave, lo benigno de lo maligno, lo legítimo de lo intolerable. Acaba diluyendo el drama de la locura en un vago y frívolo "todos estamos un poco locos"... Etcétera. Curiosamente, no somos tan laxos ni negligentes en otros asuntos (medicina, educación, tecnología, política, economía...).

Todo esto produce un mundo extraño. Por ejemplo, los medios de comunicación están llenos de personajes evidentemente trastornados que, por lo "divertidos" o "polémicos" que resultan, suben las audiencias y se los explota ampliamente como a los antiguos monstruos de feria. Se realizan películas sobre neuróticos, psicóticos, tocs, tlps, psicópatas, adictos, alcohólicos, amores tóxicos, familias rotas, violencia doméstica, delincuentes, terapias, psiquiatras, etc., todo ello en tono cómico o dramático, pero casi siempre de forma superficial y escasamente realista, lo que sólo ayuda a confirmar o crear nuevos prejuicios. Se escriben incontables novelas, canciones, poemas, obras de teatro, etc., sobre los mismos temas y con los mismos errores. Se publican biografías y tratados sobre toda clase de celebridades históricas, sin apenas mención de los trastornos emocionales que determinaron sus obras. Muchos personajes claramente enajenados (artistas, famosos, intelectuales, agitadores políticos...) deliran en público sus ocurrencias entre aplausos... Etcétera. No existe la menor conciencia ni filtro social respecto a los estados mentales de casi nadie. Nuestra percepción de la locura es casi nula. Y, así, como en tantos otros ámbitos, "todo vale".

Por eso nuestra eterna lucha contra el mal es infructuosa. Por ejemplo, luchamos contra el maltrato infantil, el abuso sexual, el acoso escolar; luchamos contra la violencia doméstica, la inadaptación social, la delincuencia; luchamos contra la depresión, las adicciones, las drogas; luchamos contra el odio, la rabia, la intolerancia; etc. Pero, ciegos a la locura psicoafectiva que motiva todo ello, luchamos sólo con pastillas, represión, leyes, policías, lavados de cerebro...; es decir, con NADA. Porque el desamor y la violencia de donde derivan la mayoría de perturbaciones psíquicas siguen permanentemente activos en la sombra.

De modo que, contra lo que pretenden nuestros miedos e ideologías, la locura sí existe. Es una "enfermedad". No del cuerpo, naturalmente (como la hepatitis o el cáncer), sino del corazón, del alma, de la personalidad. No es ningún estado químico, ni aprendido, ni distinto, ni privilegiado, ni resultado de desigualdades sociales, etc., sino una secuela psicoafectiva. Es un daño, una herida, una mutilación del psiquismo. Una cruel destrucción -a veces extrema e irreversible- de la personalidad, cuya causa básica es, como saben bien los lectores de esta web, el abuso familiar permanente, de cualquier tipo y grado, contra los niños. Por eso la locura, siendo tan intolerablemente dolorosa como injusta, debe ser reconocida, aceptada, considerada definitivamente "patológica". Porque es un FRUTO CATASTRÓFICO DE LA VIOLENCIA. (1)

__

1. Mientras seamos incapaces de distinguir un alma devastada de un alma sin heridas, seguiremos perpetuando el sufrimiento psíquico -y también social- en el mundo. Es urgente admitir el carácter trágico de la locura y el papel fundamental de la familia en ella.


Temas relacionados:

¿Que es un neurótico? (y 2)
El gato malvado
Decálogo de la Madre Basura

Presentación  •  Enfoque  •  Servicios  •  Artículos  •  Libros  •  Más Info  •  Contacto
JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright