El gato malvado

Véase la imagen de este artículo. ¡Un gato agresivo! Es violento, neurótico, antisocial... Y además ataca a un "pobre niño". ¡Hay que hacer algo con el gato! Por ejemplo, terapia de control de la conducta. Terapia de reaprendizaje. Terapia de pensamientos positivos. Terapia de relajación. Castigos. Fármacos... Y si todo esto falla, ¡encierro o muerte para el minino! Pues su comportamiento es "inapropiado" y un "peligro para sí mismo y para los demás". Evidentemente.

¿O no? Pues veamos ahora el video COMPLETO:

¡Ah! O sea que nos faltaba información. La violencia del felino resulta ser una reacción defensiva contra una violencia previa, en este caso del niño, que no conocíamos...  ¿Qué debemos pensar y hacer ahora? ¿Actuaremos sobre el gato malvado? ¿Sobre el niño provocador? ¿Sobre ambos? Y la propia violencia del niño, ¿no provendrá a su vez de otras violencias anteriores contra él que -de nuevo- ignoramos? ¿Qué significa entonces el síntoma violento? O por extensión: ¿cómo se origina y resuelve cualquier síntoma neurótico?

Sólo hay dos maneras de respondernos a esto. O bien nos centramos exclusivamente en el último eslabón de la cadena, obsesionándonos por "combatirlo". (1)  O bien destapamos la cadena completa de acontecimientos y obramos en consecuencia.

¿Cuál será la opción más sabia, justa y eficiente?

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1. Obviamente, la preferencia de la psiquiatría, una gran parte de la psicología y la mayoría de enfoques sociales, religiosos y políticos. 

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  Barcelona   •  © Copyright