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Adicción a la pornografía

He visto recientemente Don Jon (J. Gordon-Levitt, 2013), una interesante comedia romántica sobre la adicción al sexo y la pornografía. Creo que la película, muy brillante al comienzo aunque después pierde algo de fuerza e interés, ofrece verdades psicodinámicas muy valiosas sobre el tema. ¿Por qué el protagonista no sólo debe tener continuas relaciones sexuales, sino que además, e incluso cuando conoce a la chica "más hermosa de su vida", es también adicto a la pornografía? En mi opinión, si observamos con atención la historia, la propia película nos va ofreciendo muchas claves. He aquí lo que nos muestra:

1. Una familia disfuncional. Con un padre energúmeno, una madre anodina y una hermana siempre refugiada -muy comprensiblemente- en el teléfono móvil. Ninguna "escuela de amor" precisamente.

2. Un ambiente católico. Es decir, enfático con la culpa sexual. Ya que el sexo es un "problema" para el cristianismo, el sexo se convierte automáticamente, como todo lo prohibido, en una irresistible atracción.

3. Una personalidad narcisista. El protagonista, que no ha sido amado, no sabe amar. Por tanto, no se vincula emocionalmente con nadie y sólo puede combatir su vacío mediante un hedonismo perpetuo de pseudoamistades con otros hombres, el culto al cuerpo (gimnasio) y el poder/placer de sus continuos ligues sexuales.

4. La gratificación adicional. Como las relaciones humanas no llenan el corazón del narciso/a, el sexo interpersonal no puede satisfacerlo plenamente. Por eso necesita "completar" su ansia de placer genital con algo que no requiera contacto humano, es decir, que sea máximamente excitante y emocionalmente "seguro". Las fantasías pornográficas (1). Sólo entonces su placer, aunque breve, puede ser "total".

5. Una mujer dominante. Es decir, narcisista como el héroe. Pero ésta sustituye su incapacidad de amar por el afán de control, y como además está genitalmente reprimida, odia a los masturbadores. Oculta todo ello bajo un disfraz de "romanticismo", su idea del varón como "siervo complaciente", etc. Todo ello, por supuesto, excelente refuerzo para la adicción del protagonista.

6. Una mujer "redentora". Personaje algo difuso destinado a proporcionar un final feliz -e inverosímil- a la película. No la comentaré.

Don Jon nos enseña, en fin, si sabemos mirarla con ojos psicodinámicos, que la extendida adicción a la pornografía forma parte, en realidad, de un problema mucho mayor: las dificultades amorosas de las personas. Donde la gente no sabe relacionarse -y mucho menos en ese arriesgadísimo ámbito que son las sábanas-, sólo pueden triunfar los círculos adictivos. Y en particular las fantasías. Los sueños. El que muchos hombres prefieran soñar con grandes escenas sexuales, o que muchas mujeres elijan imaginarse reinas omnipotentes, etc., tiene sus respectivos motivos, etc., pero es, en el fondo, irrelevante. Lo crucial es que, cuando los niños y niñas no son amados y se les arroja, por ello, a un mundo de relaciones siempre difíciles y dolorosas, tarde o temprano se refugiarán en algún tipo de desvarío.

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1. Nos guste o no, la pornografía tiene dos enormes ventajas respecto al sexo interpersonal. La primera es que ofrece desinhibidamente al consumidor fantasías a medida presentadas, además, del modo más bello y/o excitante posibles. La segunda es su honestidad intrínseca, pues vende excitación a cambio exclusivamente de dinero, sin las desagradables trampas y/o "letra menuda" que a menudo se ocultan en el sexo interpersonal (exigencias de amor, mentiras, dominio, miedos, culpas, sumisión, etc.). 

 
JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright
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