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17 Julio 2017

La procreación desquiciada

Por JOSÉ LUIS CANO GIL
Es un drama silenciado el hecho de que muchos hombres no desean tener hijos y, sin embargo, los tienen. ¿Por qué? Por todo tipo de presiones/intereses familiares y sociales y también, a menudo, por sumisión a los deseos y manipulaciones de sus propias mujeres. En este segundo caso, muchos hombres ceden tarde o temprano a la voluntad de aquéllas, ya sea por "amor" (así se autoengañan), o para no enfadarlas, no perderlas, por sentimientos de culpa o falso egoísmo, por cansancio, etc. Esta violencia, esta renuncia forzada (en relación al primer hijo o a otros) respecto a sus verdaderos deseos, que no fueron respetados o ni siquiera expresados, puede acarrear naturalmente malas consecuencias. (1)

Otra fatalidad igualmente ocultada es que muchas mujeres tampoco quieren hijos, si bien sucumben como los hombres a los imperativos familiares y/o socioculturales. O, al revés, sí desean ser madres, pero no desde  la madurez y el bienestar personales, sino desde profundas compulsiones narcisistas o neuróticas. En ambos casos, muchas mujeres suelen sentirse más infelices después de su elección debido a las cargas de la maternidad (2). Si sumamos a esto la amargura del padre, o los trastornos psicológicos -a veces muy severos- de alguna o ambas partes, podemos adivinar fácilmente el drama que espera al hijo.

Un tercer secreto es que las personas más inmaduras y neuróticas suelen ser, precisamente por serlo, las más vulnerables a las presiones externas y/o compulsiones internas y, por tanto, las más imprudentes respecto a la concepción. Y las menos capacitadas para ello. Como el ser humano tiende a idealizar las ventajas y a negar los inconvenientes, mucha gente sueña que cualquiera es capaz de criar un hijo feliz. Que un hijo es una "meta común" que mejorará las relaciones de pareja. Que el hijo es una buena "inversión" para la vejez. Que el hijo llenará los propios vacíos y "aportará" el amor que no existe en sus vidas. Que el hijo cumplirá diversas funciones socioeconómicas (transmitir apellidos, heredar posesiones...).  Etcétera. Todo lo cual convierte a los hijos, ya desde antes de nacer, en meros objetos "de consumo" al servicio de los padres. (3)

¿Qué sucede si metemos en una coctelera estos tres ingredientes invisibles y los agitamos bien? Ocurre que obtenemos sucesivas generaciones de niños rotos. Oleadas sin fin de gentes concebidas por y para la dominación. Masas humanas desquiciadas y violentas que, en un mundo perfecto, jamás habrían sido engendradas.  Pero nuestro mundo, precisamente por todo esto, jamás será perfecto. Pues el ser humano, totalmente ciego al origen profundo de sus sufrimientos, sigue siendo incapaz de amar y de gestionar con cordura su procreación. 

__

1. A menudo estos hombres se sienten desplazados y celosos del bebé, hacia el que la mujer vierte ahora sus principales afectos. Su vida sexual se reduce drásticamente o desaparece. El hombre no consigue entonces interesarse por el niño o colaborar eficazmente con la madre, motivos por los que se siente egoísta, culpable y "mal padre", por los que además es frecuentemente reprendido. Las tensiones van en aumento. El hombre, sintiéndose cada vez más infeliz (recordemos que nunca deseó el hijo), puede refugiarse cada vez más en el trabajo, las amistades o incluso la infidelidad. Y así llegará muchas veces la separación o el divorcio.  

2. Muchas mujeres descubren demasiado tarde que no pueden soportar emocionalmente la, para ellas, extenuante carga de la crianza. Los niños son por naturaleza "insaciables" e "incontrolables". Muchas sufrirán por ello todo tipo de ansiedades, iras y resentimientos que, a su vez, las harán sentirse culpables, "malas madres", etc. De este modo, involuntaria e inevitablemente maltratarán al hijo.  

3. Un cliente mío, que es filólogo, me recuerda que el término "familia" deriva del latín familia ("grupo de siervos y esclavos del jefe de la gens (antiguo sistema social de Roma)", derivado a su vez de famulus, ("siervo, esclavo"). (¡Gracias, A.!)  Será por eso que otros inventaron el Cuarto Mandamiento, el "Creced y Multiplicaos", etc., gracias a lo cual millones de personas son dueñas y maltratan sin restricciones y de innumerables formas a sus hijos. 

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3 comentarios
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 Inma  18/Julio/2017 13:25
Está también el caso del, digamos, agnosticismo procreacional, el de quien no tiene claro si quiere o no tener hijos y se deja llevar (o no). Mi caso. Tuve el primero rebasados los 40 y la realidad fue más bonita, alegre y transformadora que las, hasta entonces bajas, expectativas. Tanto que repetí. A veces puede ser duro criar a los hijos pero, para mí, mucho menos que vivir sin ellos.   Resp.
 Marcos  18/Julio/2017 13:39
La verdad más visible como el mismo cielo sobre nuestras cabezas,.. pero nadie osa a mirar para arriba...   Resp.
 Anonimo  18/Julio/2017 23:04
Esto es tan cierto. Tan cierto que yo soy producto de una madre que pensaba que yo era su seguro de vida y de muerte. Por lo tanto yo debía quererla por la fuerza aunque si me asixiaba, yo debía dejar mi propia vida para atendera como un esclavo. Lo intenté todo pero fue imposible. Al punto de que preferí irme y pasar todo tipo de viscisitudes criandome solo que luchando con un ser asfixiante. No le deseo mal, pero la deseo lejos de mi. Y no me arrepiento. Gracias por estos artículos y por darle visibilidad a los tabúes más terribles de la humanidad. No todo el mundo debe querer a sus padres, no todo el mundo tiene que ser padre o madre.   Resp.
 

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