La procreación desquiciada

En asuntos de maternidad y paternidad, la experiencia revela tres grandes secretos que determinan la neurosis infantil y adulta. Estos secretos son los siguientes:

1.  Muchos hombres no quieren hijos. Y, sin embargo, sometidos a todo tipo de presiones/intereses familiares y sociales, los tienen. A veces sucumben a las manipulaciones o engaños de sus propias mujeres. O consienten por debilidad, miedos, sentimientos de culpa, etc. Naturalmente esta "violación social", esta renuncia forzada de muchos hombres a sus verdaderos deseos (que no fueron respetados y a veces ni siquiera expresados) respecto a tener o no algún hijo, puede acarrear fatales consecuencias. (1)

2. Muchas mujeres tampoco quieren hijos. Pero los tienen por las mismas razones que los hombres, sumadas a la carga colosal de su sexo. Se supone que una mujer "realizada" debe ser madre, cumplir con su supuesto "instinto maternal", etc. "¡Se te va a pasar el arroz!" es la agresión más frecuente que suelen sufrir, sobre todo (y a veces no sin cierta envidia) por parte de muchas mujeres que ya tienen hijos. Otras mujeres se obligan a ser madres desde profundas compulsiones narcisistas o neuróticas. Etcétera. Sobra señalar las posibles secuelas para el hijo -y para ellas mismas- de todo esto.  (2)

3. Las personas más neuróticas son las más vulnerables a las presiones. Por tanto, son las personas más débiles y sufrientes, es decir, las menos capaces de amar y criar a nadie, las que suelen ser más imprudentes o prolíficas. Como la sociedad idealiza la parentalidad, niega sus dificultades, presupone que "cualquiera" puede realizarla, etc., incita así a muchos ingenuos, con los potenciales estragos sobre los niños. Esta trampa social es similar al alcohol en la guerra, que aturde a la tropa para que realice lo que otros desean.

¿Qué sucede si metemos en una coctelera estos tres secretos? Sucede que obtenemos sucesivas generaciones de niños rotos. Oleadas sin fin de gentes concebidas como objetos por inconsciencia y/o por intereses de todo tipo. Masas humanas desamadas y, por tanto, neuróticas y potencialmente violentas que, en un mundo perfecto, jamás habrían sido concebidas. Pero nuestro mundo no es perfecto. Por eso millones de personas sufres y luchan toda su vida contra las secuelas de su oscuro origen. 

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1. A menudo estos hombres no consiguen interesarse/amar a un hijo que nunca desearon. Se sienten desplazados, celosos y enfadados con él, ya que ahora la mujer vuelca en éste sus principales afectos y además su vida sexual se reduce o desaparece. Le agota el estrés cotidiano de la crianza y, resentido, no le gusta colaborar con la madre. Puede sentirse egoísta, culpable y "mal padre", y ser frecuentemente reprendido por ello. Las tensiones aumentan. El hombre puede refugiarse cada vez más en el trabajo, las amistades o incluso la infidelidad... Etcétera. Y, así, las relaciones padre-hijo pueden estar cargadas de hostilidad o indiferencia, y las de pareja pueden llegar a romperse. 

2. Muchas madres descubren demasiado tarde que nada es como habían imaginado. No es lo mismo "saber" que tu vida va a cambiar, que sufrir a diario durante años la carga extenuante de una crianza para la que no podías prever si tendrías recursos emocionales suficientes. La neurosis de la mujer se manifiesta o agrava. El hijo paga los platos rotos... Etcétera.  

 
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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright 2002-2018