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17 Octubre 2016

Sobre la agresividad

Por JOSÉ LUIS CANO GIL

Nuestra civilización, tan violenta como hipócrita, tan agresiva como puritana, no tolera la agresividad individual. "Es mala", dicen. Desde los representantes con estrellas o sotanas hasta los agentes de bata blanca o túnicas perfumadas, todos afirman lo mismo: tu agresividad es una emoción "negativa". Debes avergonzarte de ella, culpabilizarte por sentirla, reprimirla a toda costa. (Naturalmente, ellos no se privan de usarla contra ti, si es necesario). Su dogma más refinado, basado en aquello de que "violencia llama violencia",  es que supuestamente "cuanto más te enfadas, más te enfadarás"... Y, gracias a tanto adoctrinamiento, tu neurosis persiste y se propaga.

La cuestión es que solemos confundir la agresividad con la violencia. Y no es lo mismo, ni de lejos. La violencia es una actitud destructiva, cuya finalidad consciente o inconsciente es dañar en diversa medida al otro. Por eso debe ser controlada socialmente. Pero la agresividad es una emoción legítima que forma parte de nuestra dotación psicobiológica, y es también, ante todo, un crucial psicodinamismo de defensa. Nos enfadamos como reacción defensiva contra algún tipo de dolor, y contra cualquier agente que nos lo cause. Sólo gracias a esta agresividad podemos protegernos adecuadamente, ya sea, p. ej., rechazando a quien nos daña, autoafirmando nuestro deseo, alejándonos del conflicto, etc. La agresividad es, en otras palabras, como la fiebre. Es un claro indicador de algún problema que debemos resolver con urgencia. De lo contrario, o si meramente reprimimos la agresividad, nada evitará que se nos vaya acumulando en el corazón hasta que, tarde o temprano, estalle en forma de síntomas neuróticos, o de ese otro modo que tanto odiamos, la violencia destructiva, ya sea ésta consciente o inconsciente, física o emocional, sutil o explícita. 

Un problema de la agresividad es que, como todas las emociones, por su propia naturaleza exige ser expresada. Es tan imposible coartar la agresividad como "olvidar" un mal recuerdo; simplemente ambos quedarán bloqueados en nuestro interior. Ahora bien, dado que la función esencial de la agresividad es rechazar eficazmente cualquier fuente externa de dolor, si no lo hacemos así (debido, p. ej., a miedo, culpa, apegos...), entonces tal agresividad se redirigirá automáticamente contra nosotros mismos. Como si nos tragásemos un gato furioso. Por eso dicho gato, cuya liberación le estamos impidiendo, nos dañará -como antes decíamos- de mil maneras inconscientes generándonos, p. ej., ansiedades, autoagresiones, masoquismos, depresión, suicidio... O simplemente convirtiéndonos "sin saber por qué" en personas más o menos violentas.

Otra consecuencia de tragar gatos furiosos es que no modifica en absoluto la conducta de nuestros agresores, que seguirán dañándonos fácil e impunemente. ¿Por qué iban a cambiar? Nuestra inocua pasividad es una clara invitación a que sigan abusándonos. Ninguna cantidad de "diálogos" podrá neutralizar su irrespetuosa actitud, a menos que vayan acompañados de la expresión directa -es decir, no meramente verbal, sino también emocional- de nuestra agresividad. Sólo si gritamos, lloramos, amenazamos, amedrentamos, ofendemos en cierta medida, etc., demostraremos a nuestros agresores que las reglas del conflicto han cambiado realmente. Sólo si les evidenciamos que, como todos los mamíferos, también nosotros tenemos poder, uñas y dientes, tendremos una posibilidad de que las cosas mejoren... Y, cuando esto no sea suficiente, aún nos quedarán otras formas, más elaboradas, de realizar nuestra agresividad.

Por ejemplo, podemos informar a nuestros maltratadores de lo que sentimos y pensamos exactamente -es decir, sin remilgos ni eufemismos- de ellos. Podemos advertirles de los riesgos de destrucción de vínculos que corren con su abusiva actitud hacia nosotros. Podemos tomar decisiones drásticas e irrevocables. Podemos pedir ayuda legal o terapéutica. Podemos compartir nuestra furia con personas amigas que, a la vez, nos orienten en la toma de decisiones. Podemos desfogarnos por canales artísticos (p. ej., escribiendo, pintando, mediante la música..). Etcétera. Sin descartar que, en ciertas condiciones extremas, el choque físico pueda ser inevitable... Todo esto son formas de expresar nuestra agresividad, es decir, determinadas reacciones de defensa que nunca podríamos ejecutar sin la energía aportada por dicha emoción. Y aunque ello no baste a veces para resolver algunos conflictos tan rápidamente como quisiéramos, o los exacerbe temporalmente (cosa que no deberíamos temer), lo único seguro es que, sin tal autodefensa, nuestros problemas se alargarán indefinidamente.

La agresividad, siempre entendida como psicodinamismo defensivo,  tiene dos dimensiones: una pasiva (= protegerse) y otra activa (= repeler al ofensor). Observemos, por ejemplo, la imagen que ilustra este post. La figura de la izquierda está dando una patada. ¡Nada más "agresivo" que una patada! Ahora bien, dicho gesto, ¿es para escudarse o mantenerse a distancia del otro? ¿Es para rechazarlo activamente? ¿Es para derribarlo y vencerlo? ¿Es necesariamente para hacerle daño...? En otras palabras, aunque la patada sólo es posible -como en todos los deportes y muchas otras actividades humanas- desde la indispensable agresividad, ¿es ésta meramente pasiva (función resguardo) o activa (función rechazo)? ¿O es ambas cosas a la vez? Salta a la vista que sólo una adecuada combinación de recursos pasivos y activos nos permitirá una agresividad eficaz. De lo contrario, la lucha -nuestro sufrimiento- será interminable o acabará siempre con la victoria de la otra parte.

A pesar de tantas obviedades, innumerables personas sufren durante años todo tipo de agresiones sin defenderse apropiadamente. Pueden, desde luego, quejarse verbalmente, blandamente, inofensivamente, pero sin mostrar de modo explícito y completo -es decir, emocional, pasiva y también activamente- su agresividad. Se lo impiden sus miedos o apegos a sus maltratadores, sus sentimientos de culpa, su autodesprecio, sus deseos de "quedar bien" o "no herir a nadie", etc. Otros temen "perder el control", pues intuyen su enorme rabia acumulada... ¡y prefieren seguir aumentándola! O les asusta que las cosas "empeoren", lo que efectivamente puede suceder temporalmente, aunque sólo lo temen quienes aún ignoran su poder... Etcétera. ¿Podrán alguna vez estas personas mejorar sus condiciones y síntomas neuróticos renunciando a una de las emociones y mecanismos de defensa fundamentales que nos ha dado la Naturaleza, la agresividad? Evidentemente, según lo expuesto, es muy dudoso. 

La solución de los problemas derivados de la agresividad individual nunca es reprimir ésta aún más, sino comprenderla, resolver -como en la fiebre- sus causas y, por encima de todo, prevenirla mediante relaciones humanas basadas en el amor y la justicia. Todo lo demás serán siempre parches e hipocresías. La gran perversidad de los represores de la agresividad ajena (p. ej., unos padres tóxicos castigando la ira de su hijo/a) consiste en que, tras "olvidar" neurótica o deliberadamente los muchos daños que ellos mismos le han causado, "no entienden" luego y rechazan la legítima agresividad defensiva de aquél. E incluso quizá lo entreguen a la policía o los psiquiatras... Así, en mi opinión, mientras en cualquier cadena de acontecimientos los seres humanos sigamos aserrando ciertos eslabones y pintando otros de colorines, alarmándonos después porque la cadena se rompe "inexplicablemente", no tendremos derecho a considerarnos inteligentes, ni responsables, y ni siquiera decentes.

El lenguaje secreto de la neurosisVictimismos
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8 comentarios
ComentarÚltimo Comentario
 TRET  17/Octubre/2016 16:49
Bravo!, Excelente artículo!, Absolutamente lúcido!..., tan sumamente humano y respetuoso!...me pongo con él a trabajar..., deseo con gran intensidad sacar cada una de las partes del post, y así, parte por parte mirarme en ello: para madurar y quedar bien conmigo misma, sin miedos a catástrofes, sin miedos a herir, sin gatos encerrados dentro de mí, pues sus heridas pueden llegar a ser mortales y un nefasto ejemplo en la crianza que he decido llevar. El mundo es y está demasiado cruel como para que eso ocurra.
No se puede guiar en la libertad para fortalecer alas, si el guía deja que se las atrofien o se las corten. Sin defenderse con su legítima, real y auténtica agresividad!.

Gracias mil Jose Luis!. Un abrazo!   Resp.
 Neo  17/Octubre/2016 18:21
+10.000. :D   Resp.
 Tatum  18/Octubre/2016 01:22
¡Qué maravilla! ¡Me encanta, José Luis! -Frase válida también sin la coma que separa encanta y José Luis ;)

Me he sentido muy comprendido. He tenido discusiones sobre los "siempre políticamente correctos" y el mal que, en mi opinión, nos hacen a todos. Y también sufro muy a menudo las censuras de, quienes por responder vehementemente a un fuerte ataque, te dicen que debes mantener las formas. ¡Es horrible! Y mucho más cuando son ellos los primeros que hacen o te han hecho daño siempre.

Por otra parte, la metáfora "tragar gatos furiosos" es lo mejor que he leído en mucho tiempo.

Un abrazo   Resp.
 AYLIN   18/Octubre/2016 16:27
Que alivio al leerlo !! Este artículo es una bocanada de aire de puro .   Resp.
 JLC  19/Octubre/2016 13:43
Muchas gracias, amigos/as. ¡Me alegra que os haya gustado! :)

Un saludo.   Resp.
 Isabel  19/Octubre/2016 19:15
Me ha aclarado muchas dudas   Resp.
 Truman  29/Octubre/2016 03:38
Gracias Sensei, sorry, Maestro. Oss   Resp.
 Jfmo  31/Octubre/2016 16:29
Son interesantes los temas y puntos de vista de gente especializada. Valdria la pena ser especificos con padecimientos detectados y evaluados por psiquiatras y psicilogas, guiando con ACCIONES DE AYUDA. 😉. Gracias. 👌   Resp.
 

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