El victimismo

No hay ninguna duda: somos la civilización del victimismo. Incluso del victimismo organizado. Somos la cultura de la queja perpetua, de los berrinches sin fin, del acusacionismo permanente. Porque el victimismo, tanto en individuos como en grupos, es muy rentable para quienes lo practican. Y muy lucrativo para los que, a su vez, se benefician de los victimistas... Así que todos ganan.

En lo individual, el victimismo es un instrumento de manipulación. Una forma narcisista de llamar la atención de los demás, de presionarlos, de inducirles sentimientos de culpa, etc., para lograr determinados fines. Por ejemplo, una persona  se lamenta durante años de su pareja, le achaca toda clase de defectos, etc., pero no contribuye en nada a mejorar la relación ni hace el menor intento de dejarla. ¿Por qué? Porque lo que realmente desea es que su pareja siga esforzándose en otorgarle favores y, por supuesto, eludir la propia responsabilidad en su desdicha. Así, mientras el victimista se lamenta y acusa sin tregua a los demás, no tiene que pensar, ni cuestionarse, ni afrontar, ni decidir nada.

Los victimistas intentan engañar a los demás haciéndoles creer que sus problemas son reales. Para ello mienten, exageran, inventan toda clase de excusas y argumentos, lloran, fingen que sufren lo indecible. Esto puede crear terribles sentimientos de culpa en algunas personas predispuestas, que se lanzarán a complacer a los timadores.... Pero la prueba de la farsa es que el victimista es inconsolable. Nunca se sacia. Nunca hace nada eficaz para resolver sus pretendidos "problemas". Muy al revés, se aferra al truco porque le proporciona un gran poder manipulador.

Como el victimismo es, en el fondo, un modo neurótico -y a veces incluso psicótico- de negar la realidad, no se puede dialogar con el victimista. Hagas lo que hagas, digas lo que digas, el victimista invertirá tus argumentos, encontrará el modo de deformarlos y enmarañarlos, se justificará de mil maneras para confundirte y salvar su dignidad. Hace ya mucho tiempo que se creyó sus propias mentiras. Por eso el victimista, en vez de concienciar y resolver sus contradicciones, falsifica la realidad para que cuadre con ellas. Es un síntoma típico del narcisismo perverso.

En lo sociopolítico es también un gran negocio. Como vemos a menudo, el victimismo atrae a muchos "salvadores" que viven de complacer, sobreproteger y halagar a los victimistas. (No es extraño que, así, el victimismo sea tan contagioso). Pero lo salvadores no trabajan de balde. Se convierten a su vez en grandes manipuladores y explotadores del victimismo social, lo que les permite aumentar inmensamente su poder, promover operaciones de ingeniería social, etc. La mayoría de ideologías que conocemos son expresiones de este juego entre pillos y explotadores.

La única alternativa al victimismo es la maduración emocional. Sólo con ésta puede haber responsabilidad, autonomía personal, libertad interior, respeto a los demás, dignidad humana. Y sólo así los problemas de cualquier nivel pueden comprenderse y solucionarse. Todo lo demás es guerra sucia.

 
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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright