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12 Septiembre 2016

Una mosca en la terapia

Por JOSÉ LUIS CANO GIL
Me llega un/a consultante nuevo/a. La primera sesión es magnífica: buena comunicación, se detectan los focos principales del problema, se bosquejan posibles líneas de trabajo. Nos despedimos con la propuesta de que reflexione con calma sobre lo hablado y, si lo desea, vuelva a llamar para iniciar terapia. Al día siguiente suena el teléfono. Olga responde. Pero no es él o ella. Es su pareja. O su madre. O su padre.

Dice el sujeto con tono ligeramente airado y dominante que él también quiere dar "su versión" a José Luis. ¿Su versión? Olga le pregunta si ya sabe X (mi cliente) que nos está llamando, y dice que no. O sea que nos telefonea a escondidas. Nada nos enfada más a Olga y a mí que los intentos de manipulación por parte de cualquier familiar de nuestros pacientes. No somos policías ni jueces, así que no necesitamos "versiones" de nadie para dar la razón a unos u otros. Necesitamos, en cambio, el máximo respeto, colaboración y juego limpio de todas las partes involucradas en los problemas que intentamos aliviar... De modo que Olga informa al desconocido: "Señor/a, si quiere usted hablar con José Luis, pídale permiso a X y venga con él la próxima vez".

En ocasiones, el intruso procura darme su versión, también a escondidas, cuando la terapia ya está en marcha e incluso dando sus primeros resultados. Obviamente, lo que todas estas personas desean no es ayudar, sino sólo defenderse unilateralmente, ya sea porque se sienten ofendidas o atacadas por informaciones de la terapia que el propio cliente les filtró, ya sea porque temen -con razón- los cambios o pérdida de control sobre éste que la terapia pueda acarrearles... Pueden llegar a odiar al terapeuta y encizañar sin descanso contra él. Pero, por supuesto, si se les sugiere que busquen ayuda psicológica para sí mismas, consideran que "no la necesitan".

A veces, el sujeto aparece en mi consulta junto a mi cliente cabizbajo para pedirme "explicaciones" sobre los cambios "inaceptables" que está observando en éste. (Subrayo que todos mis clientes son mayores de edad). Tales cambios -p. ej., más asertividad, menos culpa, más sinceridad- revelan un claro proceso de mejoría, y precisamente por ello mi inoportuno visitante se inquieta.  Así que le explico y aclaro como puedo... Pero en ocasiones no veo a mi paciente nunca más.

Otros infiltrados operan de modo diferente. Por ejemplo, recorren internet en busca de psicólogos y, cuando hallan uno interesante, piden hora... ¡para su pareja o su hijo! Como si éstos no supieran hacerlo. Esta actitud es obviamente sobreprotectora o abusiva, de modo que nunca concertamos citas para terceros. Consideramos que en la psicoterapia de adultos no hacen falta intermediarios. Toda persona que no solicita libre y personalmente ayuda para sí misma, inconscientemente no la desea. Y está en su perfecto derecho.

Vemos en todos estos ejemplos que hay poco amor hacia las personas que sufren. Expresan básicamente un ansia familiar de control, de enredo, de extender su dominio hasta el mismísimo consultorio del terapeuta, de  involucrar a éste en la neurosis familiar. Nada que ver, p. ej.,  con esos otros parientes (muy pocos) que, también sufrientes pero conscientes de su papel en el drama neurótico que paciente y terapeuta deseamos mejorar, se ofrecen para colaborar, o buscan ayuda psicológica por su cuenta. Los manipuladores no son así. Son, más bien, como las moscas del verano: invasoras, molestas, infecciosas... Por eso, aunque no son difíciles de ahuyentar, conviene mantenerse alejados de ellas.

Para saber más:
La pareja-cárcel (Olga Pujadas)
Los QSP's

Los mil dedos de la manoDecálogo de la Madre Basura
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5 comentarios
ComentarÚltimo Comentario
 TRET  12/Septiembre/2016 11:01
Me encanta el simil mosca, lo suelo utilizar. Un buen título, para un sencillo , pero completo post.

Me ha hecho recordar...

Una vez, ya en la adolescencia, nos encontramos la familia al completo en la sala de un psicólogo (aún me pregunto cómo terminamos ahí y por qué mi padre fué el que nos llevó a todos, pues él era el que más se encerraba en si mismo y huia de hablar de cualquier cosa que llevara emociones). Pues ahí estábamos, y nada más sentarnos el psicólogo pregunta ¿: teneis algo que contar de por qué estais aquí ? (Algo así es lo que alcanzo a recordar) , ninguno abrió la boca yo miré fijamente al psicólogo, sin mover la cabeza y sin pensar que ahí estaba mi familia y dije: sí, estoy harta de que me peguen.

No recuerdo más. No hubo nada más que silencios. No se habló de nada. Todos parecían estatuas de piedra (ahora lo vislumbro como bloques de granito) eso me aliviaba en parte, porque estaba absolutamente aterrada, pero a la vez algo liberada, no podían decirme nada, pues era la verdad. Solo se que no se volvió al psicólogo nunca más.

Un saludo!   Resp.
 Cristina piratella  12/Septiembre/2016 11:03
Cuántas veces escuché lo de "la terapia te está dejando peor y encima soy yo el que paga los platos", cuando una de las causas de todo mi malestar era precisamente esa persona... . Como si no fuera una resistencia superada el dar el paso de ir a terapia, encima se nos viene encima la manipulación de "la mosca". Se crean resistencias de otras. ¡Ojalá esas personas fueran tan pasajeras como el insecto!

Pero ojo, acudir con esa "mosca" a terapia en ocasiones también es una experiencia reveladora. Para bien cuando se extraen conclusiones con el tiempo, para mal cuando se está viviendo el momento: ver como la otra persona se siente amenazada -cuando tendría que ser un apoyo- y se revuelve en sus razones a mi se me hizo muy duro. Observar la mirada, los gestos y las explicaciones del terapeuta, llenos de asombro ante lo que escucha, es muy impactante. Te invito Jose Luís, a escribir sobre ello.

Un abrazo muy fuerte.   Resp.
 patitofeo  12/Septiembre/2016 16:45
mi psicologa-psiquiatra llamaba a mi madre sin que yo lo supiera y también la hacía venir y me la encontraba de repente en la consulta y cuando lloraba y gritaba las dos me dician lo loca que estoy. la familia se mete pero a algunos psicos les parece muy padre, lo hacen mucho   Resp.
 JLC  14/Septiembre/2016 10:45
(A Cristina piratella) ¡Hola, Piratella! Un placer leerte por aquí... :) Pero no entiendo bien tu propuesta. ¿A qué te refieres...?

¡Un abrazo!   Resp.
 Cristina piratella  16/Septiembre/2016 16:34
(A JLC) Basicamente es poner en sobreaviso -o allanar el camino- al paciente a esa visita conjunta (si la hay) con "la mosca". Recuerdo estar varios días en "shock" teniendo que responder a mis propias razones y a las del insectito. No estaba preparada para aquel tipo de respuestas en la terapia.

¿Qué esperamos obtener de una visita en conjunto? ¿Estamos los pacientes preparados para escuchar según qué cosas? ¿Somos realmente conscientes a lo que nos exponemos? ¿Cómo manejar todo lo que se nos vendrá encima después de salir por la puerta del terapeuta? (reproches, decepción, ira, presión, protección, ...). Creo que el terapeuta podría darnos "cuatro pinceladas" antes de que todo eso ocurra. Por que ya te digo yo, realmente no somos conscientes de lo que puede va a ocurrir.

No sé si me he explicado :D   Resp.
 

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