Acoso ("bullying")

Reflexiones sobre la violencia
Suelo disentir de la mayoría de informaciones y reportajes sobre el acoso escolar. No me gusta ese abordaje tan habitualmente superficial e hipócrita del problema, como si el acoso fuese un asunto político sólo solucionable por los gobiernos con más propaganda, controles y denuncias (1). O como si lo esencial fuese reprimir a los abusadores y "salvar" a los abusados, en vez de analizar y prevenir a fondo todo ello... Escribiré aquí sobre el acoso en general desde mi experiencia psicodinámica con adultos que fueron acosados de niños y/o, más tarde, en sus relaciones o su trabajo.

Llamamos acoso a toda violencia psicológica o incluso física ejercida reiteradamente contra alguien. El acoso ha existido siempre y en todas partes: familias (principalmente), escuelas, calles, parvularios, internados, cárceles, empresas, negocios, política... Dondequiera que haya seres humanos, siempre algunos de los llamados "fuertes" violentan en distintas formas y grados a algunos de los llamados "débiles", y los débiles a los aún más indefensos...  Ahora bien, como, en el fondo, todas las violencias son emocionales (de ahí precisamente su toxicidad), no distinguiremos en este post entre violencias emocionales y físicas, ni entre conceptos más o menos sinónimos como acoso, abuso, agresión y otros similares. Y diremos que, en general, toda violencia prolongada parece ser un "acuerdo" inconsciente entre dos figuras complementarias: el agresor, que suele elegir un cierto perfil de víctimas. Y el abusado, que "atrae" a cierta clase de abusadores.

¿Cuál es la dinámica del acoso? ¿Cuándo surge? Igual que la chispa eléctrica o el rayo, el abuso es una "descarga" de energía entre dos potenciales psicoafectivos intensos y opuestos. Por ejemplo, cuanto más dolor y rabia acumula un sujeto A, y cuanta más inseguridad y minusvaloración sufre un sujeto B, más probable será que, en ciertas condiciones, A "agreda" a B. Como esta diferencia de potenciales es inconsciente, generalmente es difícil evitar sus consecuencias. Aunque se castigue al agresor, etc., éste siempre hallará nuevas formas o individuos sobre quienes seguir descargando compulsivamente su hostilidad. Se puede proteger al agredido, etc., pero nada evitará que, tarde o temprano, vuelva a quedar enganchado a nuevas situaciones dañinas... Etcétera. Sólo la honda conciencia y resolución de los conflictos emocionales de ambas partes podría desactivar estas psicodinámicas.

Lo primero que descubrimos al analizar el acoso de cualquier sujeto y la pasividad de su víctima es que, generalmente, ambos fueron maltratados por sus respectivas familias. Así, el violento está cargado de rencor, ansias de venganza proporcionales a los daños sufridos y escasa empatía hacia los demás. Y el violentado, herido de formas más encubiertas, acumula enormes sentimientos de inseguridad, inferioridad y autodesprecio que le hacen sentirse merecedor de cualquier abuso, por lo que no "sabe" -es decir, en lo más profundo, no quiere- defenderse. Tales son las semejanzas y diferencias inconscientes entre ambos. (2). Y por ello se atraen fatalmente. 

Que, por ejemplo, el bullying escolar se incuba en la familia se demuestra claramente, como ya hemos escrito otras veces, en el hecho significativo de que los abusados no suelen revelarlo a sus padres. ¿Para qué iban a hacerlo? Dado que su familia, a base de (como mínimo) desamor, broncas, desdenes y/o sobreprotecciones (3), los han reducido a meros chivos expiatorios de otros desdichados, ¿de qué serviría pedir ayuda  a quienes ya demostraron su incapacidad de proporcionarles amparo y fuerza suficientes? En el fondo, sienten más miedo de sus padres que de sus enemigos. Por eso, lejos de las tesis oficiales y salvo posibles excepciones, todo acoso escolar revela algún tipo y grado de maltrato emocional o incluso físico en las familias de los agredidos y los agresores. (4)

Hay muchas clases de acoso. He visto, p. ej., a hombres fuertes y capaces paralizados ante un jefe psicopático o una esposa trastornada, como pajaritos ante la serpiente. He visto a mujeres brillantes congelarse ante egocéntricos perversos, o sufrir toda clase de humillaciones maternas sin oponer la menor resistencia. He visto a jóvenes valiosísimos someterse durante años a toda clase de "bromas", ofensas y ninguneos por parte de sus "mejores amigos", sin defenderse ni romper jamás con ellos. Etcétera. Y es que, así como cualquier persona emocionalmente sana sabe percibir no sólo los maltratos explícitos, sino también los envueltos en pseudoamor y sonrisas, y sabe además evitarlos, confrontarlos o acabarlos, los maltratados en su infancia no pueden. No logran percibir siquiera las ofensas más evidentes. Y, aunque sí las perciban, se aferran a sus maltratadores (a los que siempre "comprenden" y "disculpan"), o se lamentan victimistamente de que no logran alejarse de ellos "por culpa de sus manipulaciones", etc. (5)

Nuestra (interesada) ceguera social ante la índole familiar y neurótica de la violencia deja en total desamparo, en "invisibilidad psicológica", tanto el sufrimiento de los acosados como el de los acosadores. Además,  se añade contra los primeros nuestra fobia sociopolítica a la violencia física. ¿Por qué, por ejemplo, a todo agredido físico se le recomienda "no responder" con violencia física? ¿Será por aquello de poner la otra mejilla"? ¿Será por el mito de que "la violencia engendra violencia? (6) ¿A qué viene tanto remilgo en lo físico cuando el corazón ya está roto...? La experiencia enseña que, dado que cualquier abuso narcisista tiende a expandirse/perpetuarse indefinidamente hasta que topa con algún límite -hasta que tu deseo es frenado por el mío-, en algunos casos sólo una respuesta apropiada en el mismo nivel disuadirá al agresor.

Ante muchos tipos de violencia, a veces la única defensa es, en efecto, "enseñar los dientes". O incluso morder un poquito... Ello activará los miedos inconscientes del adversario, sus propias inseguridades, y le hará menos fácil y cómodo continuar su neurótico abuso. Ahora bien, que nadie se alarme: hay muchas formas de morder (sobre todo en los ámbitos adultos: familia, pareja, grupos, trabajo...). Por ejemplo, con más asertividad. Con más hostilidad explícita (ira, rechazo...). Con menos dependencia y sentimientos de culpa. Con exigencias formales. Con búsqueda de aliados. Con decisiones tajantes. Con acciones legales. Con ruptura de vínculos. Etcétera. Y, en algunos contextos, si no hay más remedio y si las fuerzas están igualadas, incluso con lucha física. (7)

El bullying o acoso es, en suma, una expresión más de nuestro mundo narcisista y violento, cuyas semillas se siembran en la crianza. Toda "solución" que no aborde directa y francamente esta evidencia se convertirá rápidamente en una tapadera más del problema. Ningún funcionario al servicio de la Familia Intocable (que paga y vota) podrá jamás aliviar los estragos neuróticos, psicóticos y sociopáticos de los que brota toda compulsión violenta, así como toda pasividad autodestructiva frente a ella. Con suerte, sólo con mucha más sinceridad y amor podremos conseguirlo.

__

1. Igual se hace, p. ej., con el abuso sexual infantil, la violencia doméstica, las adicciones, etc. Para el estado moderno ya no existen sufrimientos personales, privados o psicológicos. Todo es politizado y reducido a cuestiones "sociales" gestionadas por toda clase de funcionarios. 

2. Naturalmente hay muchas otras. La violencia compulsiva hacia los demás y la parálisis ante ella (en el fondo, un modo de autoagresión) suelen formar parte de trastornos neuróticos o de personalidad más amplios o más graves. 

3. Hay que desterrar definitivamente el concepto ambiguo de "sobreprotección". Sólo existe una protección genuina (respetuosa, amorosa). Todo lo demás es dominio / invasión / anulación del otro en nombre del "amor". 

4. Es increíble la negligencia de algunos padres respecto a la seguridad y bienestar de sus hijos, los pésimos modelos de comportamiento que les ofrecen, o su insidiosa y permanente influencia castradora sobre ellos. Lo que no impide que algunos de esos padres se muestren en público "muy sorprendidos, dolidos y preocupados" por lo que sucede en las escuelas, etc..., sin que olviden, por supuesto, seguir cargando a éstas con la responsabilidad del problema. 

5. Esto está de moda. Aunque va desarrollándose una gran conciencia sobre las características del narcisismo perverso, etc., sigue achacándose todo -como sucede con las adicciones, etc.- a la "botella" y no, además, a la psicodinámica del "bebedor". Los acosadores no tienen tanto poder alienador como se dice. Esto se ve fácilmente en el hecho de que muchas "víctimas", perfectamente lúcidas y apoyadas por buenos amigos e incluso largas terapias, etc., eligen una y otra vez (por variados motivos inconscientes) a la misma u otras personas maltratadoras. En este sentido, podemos incluso ver a los abusadores como meros oportunistas que se limitan a explotar la dependencia autodestructiva de quienes aceptan/desean someterse a ellos. 

6. Muchos psicólogos recomiendan no expresar el odio o la agresividad para "no aumentar" tales cosas. Pero no siempre la violencia defensiva produce más violencia; a veces la soluciona temporalmente. Y el buenismo ciego también puede ser una forma (pasivo-agresiva) de violentar. La única solución definitiva contra todo esto es resolver (o prevenir) los conflictos evidentes u ocultos que motivan la violencia. 

7. Después de todo, en el mundo real de las emociones -no en el mundo paralelo de nuestras ideas- cualquier persona neuróticamente "inofensiva", es decir, incapaz de hacerse respetar y defenderse adecuada y proporcionadamente, será tarde o temprano invadida, abusada o explotada por alguien. 

 
JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright
JOSÉ LUIS CANO GIL© Copyright