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09 Marzo 2016

Los QSP's

Por JOSÉ LUIS CANO GIL
Como sabe bien cualquiera que trabaje con público, las anécdotas que se producen con él son innumerables. Algunas, poco agradables. En nuestro caso, en los últimos años son cada vez más frecuentes las personas que, sin formalizar una primera visita, intentan acceder a mí para "hablarme de su caso". A veces sin demasiado respeto ni amabilidad hacia Olga -que ejerce de telefonista-, intentan convencerla por todos los medios de que yo, José Luis, me ponga al teléfono. No dicen "por favor, ¿sería posible que...?" etc., sino casi ordenan: "¡Que Se Ponga!" Por eso Olga y yo, cada vez más cansados de tales personas, las llamamos jocosamente... los QSP.

Los QSP se sienten, en efecto, con derecho a saltarse la cita previa para aclarar dudas concernientes a sus problemas o, simplemente, desfogar éstos libremente sobre mí, a menudo durante mucho rato (digamos media hora o lo que el terapeuta aguante, como sufrí muchas veces en mi "Época Ingenua"). Otros hacen lo mismo por mail... Es cierto que a algunos les motiva la desesperación del momento. Pero en la mayoría de QSP lo que se observa es una actitud dominante y manipuladora. Un intento tramposo de "robar" al terapeuta un servicio profesional gratis (1), o de "ponerlo a prueba" antes de contratar (supuestamente) su ayuda.

Cuando Olga les informa que lo que piden no es posible, que "José Luis sólo atiende asuntos personales con sus pacientes" (norma claramente indicada en mi página de Contacto), los QSP suelen insistir, protestar, enfadarse con aquélla. ¡Incluso le recriminan nuestro proceder! Algunos arguyen que han leído mis artículos, que son "buenísimos", que sólo yo podrían entender su problema, etc.; o que, con lo "simpático que soy en Facebook", etc., ¿por qué no los atendería "excepcionalmente y sólo por un momento"? Etcétera. Ahora bien, su propia insistencia revela fácilmente no sólo su falta de respeto hacia nosotros, sino sus pocos deseos reales de ayuda (que, de otro modo, solicitarían formalmente). Son simplemente como esos fans que, cuando encuentran a un humorista famoso en la calle, lo asaltan pidiéndole con descaro "¡cuéntame algún chiste!". O como si un enfermo pidiese un diagnóstico a un médico célebre hallado en un restaurante... en vez de acudir debidamente a su consulta.

Algunos QSP intentan desfogarse sobre terceras personas (una pareja, un hijo...), o exigen ser complacidos mediante el típico "explíqueme cómo funciona" (pese a que la web dispone de toda la información necesaria). Otros aún van más lejos y ¡solicitan terapias que no realizo! Por ejemplo, demandan sesiones por Skipe (pero yo no uso Skipe). Piden sesiones telefónicas (pero sólo ofrezco semipresenciales). Intentan esquivar las reglas de la terapia o del pago. Preguntan con desparpajo "por qué no puedo hacer una determinada "excepción" con ellos". Etcétera. Y ahí tenéis a la pobre Olga, devenida tristemente de psicoterapeuta y telefonista a "segurata de discoteca", bregando lo más educadamente que puede con toda clase de pillos y abusones. Y, ya en el colmo, los QSP menos agresivos... ¡intentan descargar entonces sus problemas sobre ella! Lo que confirma absolutamente que su verdadero afán nunca fue tanto "consultar al admirado José Luis" cuanto desfogarse trivialmente sobre cualquier "psi".

Hace tiempo, mi ingenuidad profesional me hizo sentir que debía dar ayuda a cualquiera que me la solicitase. Y así lo hice durante años. Me condolía, me enternecía, me ablandaban mucho los sufrimientos de aquellos QSP llorosos que me tenían al teléfono (o frente el teclado) durante muchos y largos ratos... y luego desaparecían, a menudo sin dar siquiera las gracias. La amarga experiencia me fue enseñando  que  no todo el monte es orégano. Que las atenciones informales que algunos neuróticos exigen al terapeuta son inversamente proporcionales a su genuino deseo de mejorar (del cual su verborragia es precisamente su sucedáneo). Que cualquier atención realmente eficaz requiere un marco profesional adecuado y un compromiso explícito por ambas partes. Que dicha atención, siendo valiosísima y ejercida por un digno especialista, debe ser necesariamente remunerada. Y que, en fin, si fuese posible escuchar a todos los que sueñan que, saqueando meramente mis palabras por carta o teléfono, iban por ello a "mejorar", ¿de dónde extraería yo el tiempo para atender debidamente a mis pacientes, que mejoran debido a su potente motivación y esfuerzo, y de los cuales depende mi subsistencia diaria?

No hay ninguna razón por la que nadie realmente deseoso de ayuda psicológica deba "hablar antes" de sus problemas con el terapeuta. Porque tal diálogo -que incluye el escuchar, aclarar, sugerir y consolar por parte del profesional- ya es precisamente el acto terapéutico cuyo compromiso, valor y precio el sujeto QSP se niega consciente o inconscientemente a asumir. Por eso le servirá de muy poco y sólo hará perder el tiempo a ambas partes. Dicho de otro modo, el sujeto QSP sólo quiere aprovecharse superficialmente del terapeuta y su abuso, cuanto más prolongado es,  mejor demuestra su capricho. Las personas que, por el contrario, sí desean sinceramente ayuda, van directamente al grano y, según me cuenta Olga, la gestión de toda la información, dudas y concertación de visita suele cerrarse en menos de 3 minutos.

Los sujetos QSP forman parte, en el fondo, de esa desdichada devaluación contemporánea de casi todos los valores, productos y servicios. De nuestra pueril cultura de lo gratuito, lo informal, lo "compartido" y "amistoso" (como en las redes sociales, etc.), donde casi todo es accesible, trivial y efímero. Así, ¿por qué cualquiera no podría contactar "amigablemente" con cualquier experto para "charlar un rato" con él -es decir, para hurtarle algunos conocimientos que quizá le costó años de sufrimiento y esfuerzo adquirir-, sin ningún respeto ni gratitud reales hacia su persona, su obra, su mérito o sus necesidades? Un ejemplo más, en fin, de la progresiva deshumanización de nuestro tiempo.  (2)

__
1. En esto los QSP se parecen a esa otra figura que podríamos llamar los "AT" ("Abusadores de Terapeutas"), que medran en los foros, blogs y redes sociales donde participan psicólogos activos y amistosos. Los AT, sin salir nunca de su anonimato ni solicitar terapias formales, preguntan y se desfogan sin cesar con uno o varios de tales terapeutas, estableciendo así vanas y adictivas "pseudoterapias" que duran hasta que el terapeuta las limita (entonces los AT se enfadan), o las acaba.  

2. Algunos profesionales de la psicología, intentando "adaptarse" a ello, están sucumbiendo a toda clase de propuestas absurdas y degradantes de la psicoterapia. Por ejemplo, la "primera visita gratuita" (¡cuando es precisamente la más importante de todas!). Los precios-marketing (¡paga 3 sesiones y llévate 2 gratis!). Los precios "flexibles" (según el día y la hora de la sesión). Las terapias "a domicilio" (como si el neurótico no supiese andar). Las terapias en cualquier sitio (un parque, un bar), a cualquier precio (¿digamos 5 €? ¿la "voluntad"?) o a "cambio" de algo (¿trueque por una camiseta o una lección de inglés?). Las sesiones no ya por chat o skipe en el ordenador, sino mediante watshap o alguna app de tu móvil. La total sumisión del terapeuta (disponible las 24 horas del día durante todos los días del año).  Las sesiones "rápidas" (media hora) y las terapias "breves" (número corto y predeterminado (¿5? ¿10?) de sesiones). La horizontalidad y colegueo cliente-terapeuta (aberración total). Etcétera. En mi opinión, si permitimos que la psicoterapia se parezca cada vez más a la venta de salchichas o crecepelos, se desintegrará en poco tiempo.  

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7 comentarios
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 Laura  09/Marzo/2016 15:18
Cuando he leido el titulo, he pensado, ostras otro transtorno? y al ver lo que significa QSP, me he reido, reir por no llorar porque de un tiempo a esta parte hay muchos QSP.

A las "cualidades" que ha atribuido a los QSP, yo añadiria, lo quiero para antes de ayer mejor que para hoy mismo, o no me dices lo que yo quiero que me digas, entonces no vengo mas y asi un largo etc, la conducta por impulsos cada vez mas en boga, en fin es lo que hay hoy en dia, nos toca lidiar con ello.   Resp.
 JLC  10/Marzo/2016 11:11
(A Laura) ¡Ja, ja, ja, "¿otro trastorno?"..., ¡lo que nos faltaría, verdad?...! e_52

En fin, totalmente de acuerdo. Por eso el terapeuta debe ser a veces casi un "héroe" ético (y económico): "lo siento sr/a, así es la cosa. Si no desea afrontarlo, no perdamos el tiempo".

Un saludo.   Resp.
 Estela  04/Abril/2016 15:53
Yo fui una vez QSP pero es q por la tarde tenía cita concertada con esa psiquiatra De la mutua.
Yo estaba cortándome en los brazos y estaba desesperada.
No me lo pasaron
Port last trade me despachó en 5 minutos diciendome ahora estas muy alterada vuelve otro dia
Posteriormente se lo dije
Escribió en su informe q posiblemente tengo TLP
Y que soy De Las q cuestionan Las figuras de autoridad   Resp.
 Irene  27/Abril/2016 12:57
Un gran artículo JL!! y permíteme, muy gratificante para los que estamos de cara al público y a veces tenemos esas situaciones desagradables.
Yo todavía estoy en proceso de aprender a cortar, son realmente violentas algunas situaciones. Pero realmente el que necesita ayuda de "verdad" nunca te pone en esos aprietos,

Un saludo   Resp.
 JLC  28/Abril/2016 10:04
(A Irene) Ciertamente. Como terapeutas, a veces no podemos responder/defendernos de los abusos y agresiones de algunos como éstos merecerían...

Muchas gracias por comentar, Irene, y un saludo. :)   Resp.
 Celemin  07/Mayo/2016 06:33
Una pregunta Jose Luis:
no le parece el trueque suficiente compromiso?
Por lo demás, totalmente de acuerdo.
Un saludo.   Resp.
 JLC  07/Mayo/2016 10:36
(A Celemin) Buena cuestión..., sí. :) Puede que en algún caso el trueque sea indispensable (p.ej., en la II Guerra algunos clientes pagaban a Freud con patatas, la única "moneda" que tenían e incluso quizá mejor que el dinero en tiempos de crisis extrema). Pero como filosofía general no la veo clara por varias razones:

1) Para mí, la "moneda" del cliente debe suponerle a él un esfuerzo (no vale que pague con cosas que le sobran o le regalen o le subvencionen) y debe ser útil para el terapeuta (no valen "patatas" si necesita dinero para pagar el alquiler).

2) El intercambio no debe alterar ni interferir la indispensable neutralidad y "distancia terapéutica" (p.ej., no vale cambiar sesiones de terapia por clase de inglés en tu casa, porque eso sería un vínculo totalmente AJENO a la terapia misma).

3) En un mundo monetarista como el nuestro, el medio más neutral y versátil para todos parece, pues, el dinero "de toda la vida". Salvo que queramos mezclar la psicoterapia con las ideologías, experimento que yo no intentaré.

Bueno, éstas son al menos mis opiniones... Muchas gracias por tu interesante pregunta y un saludo, Celemin.   Resp.
 

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