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15 Febrero 2016

Sobre el abuso sexual infantil

Algunas reflexiones
Por JOSÉ LUIS CANO GIL
En relación a los abusos sexuales descubiertos recientemente en algún ámbito escolar de Barcelona, deben ser evidentemente aclarados. Pero la vigente histeria social sobre el tema me parece incoherente y algo hipócrita, pues muchas cosas no encajan. Es extraño, por ejemplo, que muchos airados defensores de los niños no los defiendan con igual ardor contra el mito y la medicación del "TDAH". Contra su terrible manipulación en muchísimas separaciones y divorcios. Contra la exclusión de sus sentimientos en sus terapias de conducta (recordemos a "Supernanny"). Contra las pedagogías y estilos de vida incompatibles con el desarrollo infantil. Y, sobre todo, contra los maltratos de todo tipo (explícitos o sutiles, incluidos los abusos sexuales) que la mayoría de niños sufren dentro de sus propias familias. Todo esto es incalculablemente más frecuente y destructivo que los esporádicos abusos sexuales que suelen denunciar los medios de comunicación (y que, por lo demás, no son sino puntas del iceberg de un enorme problema que desgraciadamente se da en cualquier lugar donde convivan niños y adultos). Además, la mayoría de tales abusos son precisamente secuelas, meras prolongaciones de la lista de "anomalías" citadas anteriormente. Ya sabemos que nada bueno ni malo puede sucederle a un niño sin la participación activa o pasiva, consciente o inconsciente, de sus padres. ¿Será precisamente nuestra mala conciencia frente a esta obviedad una de las causas de nuestra "alarma social" ante un fenómeno tan antiguo como universal?

Si un niño feliz sufre algún primer abuso (violento o, en este caso, sexual) fuera de su familia, lo comunicará inmediatamente a ésta. Forma parte de su espontaneidad natural, de su búsqueda de seguridad y afecto entre quienes lo aman, de sus miedos innatos a lo desconocido o desagradable. ¿Por qué, entonces, algunos niños no lo hacen y sufren por ello reiteradamente sus abusos, ya sea por parte de la misma o de diferentes personas? Evidentemente, porque su miedo a la posible reacción de sus padres es mayor que el referido a los sucesos que necesita compartir. Por ejemplo, puede que sus padres minimicen su problema, o se burlen de él, o no hagan nada efectivo por protegerlo, o incluso lo castiguen, etc. Y si un niño teme todo esto, si no confía en sus padres, es sin duda alguna porque ya lo ha sufrido otras veces. Por eso carece también de la seguridad en sí mismo, la autoestima, la fuerza interior suficiente para defenderse mejor por sí solo de las posibles ofensas de los demás. En otras palabras, los niños no son "vulnerables" a cualquier abuso -y menos aún si éste es reiterado- sólo porque sean niños. Lo son mucho más porque están emocionalmente desvalidos. Y esto nos conduce a inesperadas paradojas.

En cierta ocasión le pregunté a un cliente adulto, inteligentísimo, por qué se había dejado acosar durante mucho tiempo por cierto compañero de clase. Su respuesta me impresionó: "porque quería ganarme su amistad". Es decir, se sentía emocionalmente tan solo e insignificante que estaba dispuesto a "comprar" con sus sufrimientos un amor... que, naturalmente, nunca llegó. Este alto precio también están dispuesto a pagarlo, como sabemos, muchos adultos en sus relaciones de pareja, etc. ¿En qué clase de hogar sin afectos y/o con humillaciones semejantes habría vivido mi cliente, cuya infancia había consistido en resignarse al maltrato con la ilusión de obtener a cambio algunas migajas de aprecio? Igualmente, algunos menores pueden "pagar" la amistad de ciertos adultos (u otros menores) con una sumisión/aceptación más o menos incómoda a determinados requerimientos sexuales de éstos... Lo que también hacen muchos adultos. Etcétera.

Por otra parte, aunque el niño no se atreva a decir nada en casa, ¿por qué muchos padres no son capaces de detectar que "algo raro está pasando"? Como expuse en mi reciente post "Suicidio infantil", ciertas reacciones extrañas, algunos sentimientos y conductas atípicas o exageradas por parte del hijo (retraimiento, tristeza, ansiedades, silencios, agresividad...), y otros indicios, deberían llamar inmediatamente la atención de los padres, suscitar su preocupación, sus indagaciones afectuosas y reiteradas en busca de respuestas. Cuando esto no sucede, es obvio que tales familias no sólo no proveen suficiente amor y seguridad a su hijo, sino que ni siquiera pueden protegerlo razonablemente de las amenazas externas. ¡Por eso precisamente el niño abusado no confía en ellos! 

Pero sigamos. Al hablar de abuso sexual infantil, pensamos siempre en la víctima. En la parte "pasiva". Ahora bien, ésta es sólo la mitad del problema. Si queremos de verdad solucionarlo, debemos necesariamente preguntarnos también por qué hay tantas personas -varones pero también mujeres, adultos pero también menores, etc.- que necesitan abusar sexual y/o agresivamente de otras. La respuesta que general y descorazonadoramente hallamos es la misma de siempre: que los abusadores también se gestan en familias emocionalmente inhóspitas. La tendencia al abuso, igual que la sumisión a él, son formas opuestas -y complementarias- de soportar, de adaptarse, de sobrevivir al vacío y el desamparo familiares. En consecuencia, abusadores y abusables se buscarán inconscientemente para complementarse. Establecerán simbiosis inexorables con personas neuróticamente "compatibles" -acosado y acosador, abusado y abusador, maltratado y maltratador-..., como vemos igualmente en ese otro ejemplo típico: la violencia doméstica. Etcétera. (1) Así funciona, nos guste o no, el corazón humano.

De manera que el abuso sexual infantil, como toda forma de abuso, es mucho más complejo de lo que suelen concebir nuestros ingenuos (y violentos) prejuicios morales y políticos sobre la infancia, la sexualidad, la agresividad y los comportamientos. Abusados y abusadores son las dos caras de un mismo drama de origen familiar. Hay muchas clases de abusos, abusadores y abusados. Hay muchas edades y circunstancias en que ello sucede. Sus consecuencias son muy diversas y no siempre traumáticas o peores que otros males que también sufren los niños.  Tampoco se fundan siempre en la intimidación y el poder. Etcétera. Si deseamos sinceramente comprender y solucionar esta lacra, deberíamos a toda costa -como en todos los asuntos humanos- evitar las generalizaciones.

Por todo esto pienso, en fin, que nunca será con escándalos mediático-políticos, ni con cazas de brujas y linchamientos, ni con más leyes y castigos, etc., como podremos prevenir/solucionar el abuso sexual y otros muchos sufrimientos infantiles. Sólo lo lograremos con mucho más coraje. El coraje individual, familiar y social de afrontar con humildad y autocrítica nuestros errores psicoafectivos -que no solamente "educativos"- con los niños. Y, sobre todo, la valentía de sanar nuestras propias heridas infantiles, como única forma de recuperar nuestra  empatía, respeto y amor por los seres humanos en cualquiera de sus edades.

__
1. (Nota añadida el 17/2). A algunas personas les sorprenden estas simbiosis psicoafectivas. Creen, p. ej., que la víctima está "causada" por un perverso victimario, etc.  Sin embargo, vemos fácilmente que, p. ej., muchas relaciones destructivas prolongadas entre adultos socialmente libres son trastornos de personalidad compartidos, uno de cuyos síntomas es precisamente la dependencia mutua. Así, la víctima se aferra a su victimario contra todos los consejos y ayudas de sus seres queridos, es muy resistente a la psicoterapia que a veces recibe, admite su dependencia y/o la justifica con toda clase de excusas (los hijos, etc.) y, aunque logre separarse, a menudo regresa con aquél o repite su simbiosis con otras personas, etc. El victimario, a su vez (salvo quizá algunos psicópatas), también necesita y busca sin descanso a su víctima, se asfixia sin ella, la posee para sobrevivir... Y es que, como toda adicción, el motor de las simbiosis destructivas no es físico (una persona, una sustancia), sino emocional. Es la propia neurosis del sujeto, con todos sus vacíos y gratificaciones inconscientes. Por eso sólo ciertos perfiles psicológicos son capaces de establecerlas y/o soportarlas. 

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5 comentarios
ComentarÚltimo Comentario
 Andrea  15/Febrero/2016 11:51
Gracias José Luis cuanto más claro el mensaje más llegará.
AbraO!   Resp.
 Laura  15/Febrero/2016 12:17
En relación a los últimos hechos que se han dado en el colegio, el autor ha reconocido su hechos, por lo tanto seria culpable, otra cosa es que el centro le busque un abogado que con triquiñuelas y posteriores declaraciones tomen otro rumbo, cosa que no me extrañaría, lo dejamos aquí y veremos que pasa.
Cuando se han hecho juicios de gente que ha presentado demandas sobre acoso laboral, a los demandantes depende del abogado que lleve la parte contraria los machacan, que si no están muy preparados psicologicamente pueden salir muy mal parados, pasando de "victima" ( no me gusta la palabra) a falsos denunciantes con todo lo que conlleva tanto para ellos como para su entorno mas próximo.
Cuando dice: "vigente histeria social ", en este país ha habido bastantes casos, que por una u otra razón o no se han resuelto, o han metido a la cárcel a chivos expiatorios, o simplemente se están escondiendo, me parece que todos sabemos de lo que hablamos, sin tener que mencionarlos.

En relación: "airados defensores de los niños no los defiendan con igual ardor contra el mito y la medicación del "TDAH"", sabe muy bien que en estos casos, con la iglesia hemos topado, maestros que no son competentes en su trabajo, una enseñanza que hoy en día es un autentico desastre, niños que a lo mejor se aburren en clase o que por su carácter tienen una manera de ver las cosas muy diferente al resto, pero claro lo que abunda hoy es el rebaño, y porque no decirlo, psicólogos que beben del sacro santo DSM y por tanto afines al sistema y a la poderosa industria farmaceutica, y unos padres que a lo mejor en un comienzo se resisten a la medicación y a que su hijo lleve una etiqueta de por vida y al final claudican por agotamiento delante de unas instituciones que son mucho mas fuertes que ellos, quien se mete con la opinión generalizada?, muy pocos, saben muy bien a lo que les llevará a la "estigmatización" sobre todo del niño. Todos tenemos presente el caso de Olot, yo no sé si desde la prensa se magnifico la realidad, la cuestión es que los padres sufrieron tanta presión que los presentaron como culpables.
Otro caso que es la otra cara de la moneda, el adolescente que mató a un maestro interino, el colegio sabia el comportamiento del adolescente, pero no tomó cartas en el asunto mirando para el otro lado, y la guinda fue cuando salió la consellera diciendo que fue un brote psicótico y aquí paz y después gloria, no creo que sepa ni lo que es un brote psicótico, pero claro lo dice ella y es dogma de fe para todo el mundo.
Esto nos muestra la diferencia con que se tratan los casos dependiendo de como afectan a las instituciones y de como se trata en los medios de comunicación.
Para terminar, al siguiente párrafo: "La tendencia al abuso, igual que la sumisión a él, son formas opuestas -y complementarias- ", esta forma de ver el problema se que es muy común en nuestro ámbito de trabajo, ni son complementarios ni son formas opuestas, sabemos muy bien que quien es narcisista, manipulador lo hace por el simple hecho de que el otro le importa nada, ni tiene empatía ni sabe lo que es esto, que disfruta haciendo daño, y si el acoso se da en un ámbito laboral, escolar, hay una serie de individuos que siempre miraran para el otro lado por diversas razones, o bien "si se lo hacen a otro no me lo harán a mi" o bien "está bien seguir al mas fuerte y matón", el acosado delante de estas situaciones, las armas que tiene son mas bien nulas simplemente porque está solo, sin etiquetas, ni victima ni masoquista. Igual pasa en la pareja y por supuesto en familias donde uno de los padres tiene estas características. No demonicemos mas a las "victimas" con etiquetas que ya bastante sentimiento de culpa y vergüenza tienen por encontrarse en esta situación, lo primordial es que entiendan que no son culpables de nada y una vez conseguido enseñarles que existan herramientas para que esto no les vuelva a pasar.
Saludos   Resp.
 JLC  15/Febrero/2016 21:41
Un saludo, Andrea y Laura. :)   Resp.
 TRET  16/Febrero/2016 23:34
Tremenda valentía Jose Luis!!! Qué artículo tan lleno de luz, tan duro y real. Totalmente de acuerdo, y además extrapolable a otros temas y casos. Casualidad que ayer alquilé en la biblioteca la película "la celebración", la vi anoche .... Llevo todo el día tocada con toda la película. Algunas escenas son más que brillantes (sublimes) de presión en el pecho y lágrimas.. lo que más me dolió ver es la duda, la auto-traición, lo que le cuesta arrancar y soltar la verdad. Y La idiferencia del resto.
Acusar a la víctima de tal modo, qué dolor y angustía!!.

Me preguntó mi hijo: ¿ de qué trató la película que viste ayer?.
- De la verdad. De verdades. De verdades que sanan y de auténtica valentía.


Una nota, me fijé en el papelito de la biblioteca en el que indican las fechas en las que se debe devolver la película, (mera deformación como socióloga) para hacer una estadística. En 3 años y 7 meses, la habían prestado 15 veces. En mi opinión, aún se sigue evitando la verdad, aunque afortunadamente existan estas obras maestras.

Un abrazo Jose Luis! . Muchas Gracias.   Resp.
 JLC  17/Febrero/2016 11:17
(A TRET) No es valentía, TRET, es pasión por la verdad (o alergia a las mentiras...). Sobre todo cuando vemos el daño que hacen...

Genial y deprimente tu observación "sociológica" sobre "La celebración", uuff.... ¡Tremenda la película, sí!

Decir a todos que he añadido una nota a este post para aclarar un poco el tema de las paradójicas "complementariedades". Al menos según mi experiencia.

Un saludo, TRET, y a tod@s.   Resp.
 

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