Sobre el abuso sexual infantil

Los abusos sexuales infantiles que periódicamente difunden los medios de comunicación deben ser, obviamente, investigados a fondo. Pero la alarma social que suelen ocasionar es otra cosa y resulta, en mi opinión, demasiado hipócrita. He aquí algunas reflexiones sobre ello.

1. Abuso sexual infantil versus otras clases de abuso. ¿Por qué muchos indignados por el abuso sexual no parecen enfadarse igual con otras clases de abuso, mucho más frecuentes y destructivas, que se perpetran a diario contra los niños? Por ejemplo, los malos tratos emocionales por parte de las familias tóxicas. Su injusta medicalización por tdah y otros supuestos trastornos. Su frecuente manipulación en las separaciones y divorcios. La exclusión de sus necesidades y sentimientos en las terapias conductuales (recordemos a "Supernanny"). Las pedagogías y estilos de vida basadas en la castración y/o abandono emocionales... Todo ello es asimismo escandaloso porque neurotiza e impide el sano desarrollo de millones de personas. Pero los medios de comunicación no suelen hablar de ello.

2. Abuso y familia. Salvo cuando los niños son desgraciadamente secuestrados por criminales, ¿cómo es posible que un niño de cualquier edad pueda ser abusado habitualmente por alguien (en la escuela, un centro deportivo, etc.) sin el conocimiento de su familia? ¿Pueden las amenazas de un abusador romper -salvo casos muy excepcionales- la confianza y la necesidad de amor y amparo de un niño respecto a sus padres? ¿Por qué muchos niños abusados, lo mismo que muchos niños que sufren acoso escolar, no hablan? ¿Quizá a quienes temen realmente no es tanto a sus abusadores como a la crítica, desamor o rechazo de sus propios padres...? En tal caso, deberíamos entender muchos abusos sexuales infantiles como un síntoma o prolongación de graves disfunciones familiares. Y no hablemos ya cuando el abuso ocurre dentro de la propia familia.

3. ¿Abuso o consentimiento? Se da por sentado que toda interacción sexual entre un adulto y un niño es siempre "abusiva". Es decir, que implica algún tipo de intimidación, amenaza o violencia. Pero ¿es siempre así? Por ejemplo, algunos adolescentes (menores legalmente, pero ya no "niños") de familias tóxicas pueden aceptar voluntariamente afecto o dinero de algún adulto a cambio de favores sexuales. Cosa nada extraña, pues muchas personas de cualquier edad hacen lo mismo.

4. Sexualidad infantil. Nuestra cultura tiene una imagen demasiado ingenua o platónica de los niños. En realidad, sobre todo a partir de ciertas edades, muchos de ellos conocen perfectamente el placer genital e incluso a veces lo comparten con otros niños, etc. También pueden enamorarse o intentar "seducir" a otros menores o incluso adultos (véase la inquietante película La caza, de Thomas Vinterberg, 2012). Por eso, en algunas sociedades, cuando las personas maduran sexualmente en la pubertad son inmediatamente consideradas adultas, aptas para el matrimonio, etc. El concepto de mayoría de edad es una convención política.

5. Abuso y secuelas inciertas. Solemos dar también por sentado que toda interacción sexual entre un adulto y un menor es necesariamente "traumática" para el segundo. Pero ello no es tan simple. Psicodinámicamente, lo destructivo de cualquier acción no es tanto su naturaleza (emocional, física o sexual) cuanto los innumerables factores psicoafectivos asociados a ella. Por ejemplo, la identidad del autor, la edad del niño, las circunstancias del suceso (voluntariedad, coacción, reiteración, miedo, violencia, secretismo...), la presencia o ausencia de sentimientos de culpa, el contexto amoroso familiar y social del menor, etc. Todo lo cual, obviamente, sólo puede determinarse en cada caso particular. (1)

6. Abusadores. En nuestra lucha contra el abuso sexual infantil, ¿quién se ocupa de la otra mitad del problema -tanto o más importante-, los propios abusadores? ¿Quiénes son? ¿Dónde, cómo y por qué aparecen? ¿Por qué un adulto de nuestra cultura desearía relacionarse sexualmente (de forma abusiva o no) con niños o menores de edad? ¿Fueron ellos quizá también abusados? ¿Qué papel tiene la familia y la sociedad (p. ej., las crianzas patológicas, las neurosis, la guerra de sexos) en la génesis de los abusadores? ¿Cómo podría prevenirse y no simplemente castigarse todo esto?


Debemos perseguir el abuso sexual infantil. Pero nunca deberíamos emplear esta lucha para olvidarnos de los demás atropellos contra la infancia. La actual caza de brujas contra los pederastas tiene más, en mi opinión, de construcción política que de sincera preocupación por los niños. Si la tuviéramos, nos interesarían muchos menos los sensacionalismos mediáticos y mucho más las causas reales de cualquier sufrimiento infantil. Y tales causas suelen hallarse precisamente donde menos queremos mirar.

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1. Por eso los terapeutas debemos evitar el inventar o exagerar supuestos traumas en algunas personas "abusadas" que no lo vivieron así. 
 
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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright