El deseo de sanar

¿Paciente-turista o paciente-viajero?
Algunas personas en terapia se sorprenden cuando les digo: "tú no quieres curarte". O "a ti no te pasa nada". O "estamos perdiendo el tiempo". Etc. Están tan convencidos -junto con la sociedad entera- de que, puesto que sufren, padecen entonces algún "trastorno" necesitado de ayuda, que no pueden aceptar, y ni siquiera concebir, que su problema pueda ser un fraude. Y la verdad es que, a menudo, lo es.

Lo que define la neurosis no es el dolor en sí mismo, sino el sufrimiento, el conflicto interior (1). Comprender esto es fundamental. El dolor forma parte de la vida; cualquier privación, injusticia o violencia lo causará. Pero a sus víctimas no las llamamos trastornadas ni les recetamos fármacos o psicoterapias, sino que las consideramos dañadas por un mundo sin suficiente amor, justicia, mejoras sociales o aceptación espiritual de lo inevitable. Reservamos, en cambio, el término de "neuróticos" a los estados psicoconductuales derivados de situaciones internas de confusión, conflicto, sufrimiento inexplicable y duradero que no suelen mejorar con nuestros remedios habituales. Para ellos se crearon precisamente las psicoterapias.

Ahora bien, lo paradójico de los estados de confusión neurótica es que, muchas veces, son cultivados por el propio sujeto. Éste no se da cuenta de ello, naturalmente, pero lo hace como una forma de protegerse de las verdades más insoportables de sí mismo (p. ej., sus sentimientos de vacío, desamparo, miedo, culpa, odio, etc.). Este autoengaño puede llegar a ser muy complejo y doloroso, pese a lo cual el individuo no siempre deseará desprenderse de él. Un claro ejemplo de ello son las personas que "no pueden dejar su adicción".

Cualquier adicción es, como sabemos, una defensa contra algún sufrimiento. Como ello suele ocasionar muchos problemas prácticos (personales, familiares, sociales, económicos), el mundo entero conspira contra el adicto para forzarlo a que se "controle", "cambie", etc. Pero esto aumenta en él su profundo autodesprecio, su miedo al rechazo, su autodestructividad, etc; por tanto, el círculo neurótico de su adicción. Bajo tanta presión, algunos adictos deciden por fin acudir a terapias de diverso tipo (generalmente cognitivo-conductuales) que, a menudo, sólo frenarán temporalmente sus recaídas (2). "No consigo superar mi problema", suelen lamentarse. Pero si algún terapeuta les anima a afrontar las causas hondas de su enganche, entonces el adicto huye. No quiere saberlas. No soporta la idea de recordar, revivir, expresar, superar en lo posible todo aquello que, precisamente por muy doloroso, intenta anestesiar mediante sus síntomas adictivos. Su actitud prueba, así, que su adicción no es tanto su problema cuando, en realidad, su verdadera "terapia". Y que prefiere las relativamente soportables desventajas de aquél al intimidante desafío de explorar sus heridas ocultas (3)

Pues bien, exactamente lo mismo sucede con las neurosis en general. En la mayoría de neuróticos podemos observar que, si bien quieren dejar de sufrir por sus dolorosos síntomas, inconscientemente no desean afrontar y resolver sus causas emocionales. Es decir, sanar. Por eso millones de ellos parecen "incurables"

Algunos terapeutas no creen en la importancia de la motivación. Consideran que su falta es un síntoma más que debe tratarse con paciencia. No obstante, según mi experiencia la motivación sí es fundamental y ningún sucedáneo puede sustituirla. Por ejemplo, muchas personas acuden ineficazmente a la terapia por motivos como los siguientes: 

  • los admirados libros del terapeuta
  • la fantasía mágica de ser salvados por él
  • el deseo de ser queridos por el terapeuta.
  • imitar a personas que mejoraron con la terapia
  • la presión de terceras personas
  • el deseo de orientación para influir sobre terceros (la pareja, etc.)
  • el autoengaño tranquilizador de fingir que "ya busco soluciones"
  • etc.

De modo que el neurótico sin un afán real de sanar es como... un turista de la psicoterapia. Alguien que viaja cargado de equipaje emocional, sin querer desprenderse de él y con un cómodo "billete de vuelta" en el bolsillo (su disposición a escapar de la terapia a la menor dificultad). En cambio, el genuino viajero de la psicoterapia está dispuesto a quitarse de encima sus principales defensas, desea con pasión conocer el "país" (es decir, a sí mismo) y no tiene billete de regreso (no teme lo que pueda hallar). Observa, siente, escucha, vive, aprende sin descanso... Por eso su terapia-viaje lo transformará para siempre.

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1. Solemos usar los términos dolor y sufrimiento como sinónimos, pero no lo son. El sufrimiento se refiere más bien a estados complejos y prolongados de retroalimentación del dolor por causas diversas. En este sentido, la neurosis es una forma de sufrimiento. 

2. El éxito de algunas de estas terapias con algunos adictos se debe simplemente a la enorme presión/control psicológico que ejercen sobre aquéllos. Si cesa dicho control, pueden regresar las defensas adictivas. 

3. Tales heridas suelen llamarse Mamá, Papá, Abuso, Desamparo, Odio, Culpa, Vacío... Sin olvidar que la neurosis es también una forma de sobrevivir por cualquier medio (p. ej., aislándose de los demás, dominándolos, dependiendo emocionalmente de ellos, victimizándose...). 

 
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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright