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06 Noviembre 2015

El deseo de sanar

¿Paciente-turista o paciente-viajero?
Por JOSÉ LUIS CANO GIL

Querer curarse no basta.
Hay que desearlo de verdad.

Algunas personas en terapia se sorprenden cuando les digo: "tú no quieres curarte". O "a ti no te pasa nada". O "estamos perdiendo el tiempo". Etc. Están tan convencidos -junto con la sociedad entera- de que, puesto que sufren, padecen entonces algún "trastorno" necesitado de ayuda, que no pueden aceptar, y ni siquiera concebir, que su problema pueda ser un fraude. Y la verdad es que, a menudo, lo es.

Lo que define la neurosis no es el dolor en sí mismo, sino el sufrimiento, el conflicto interior (1). Comprender esto es fundamental. El dolor forma parte de la vida; cualquier privación, injusticia o violencia lo causará. Pero a sus víctimas no las llamamos trastornadas ni les recetamos fármacos o psicoterapias, sino que las consideramos dañadas por un mundo sin suficiente amor, justicia, mejoras sociales o aceptación espiritual de lo inevitable. Reservamos, en cambio, el término de "neuróticos" a los estados psicoconductuales derivados de situaciones internas de confusión, conflicto, sufrimiento inexplicable y duradero que no suelen mejorar con nuestros remedios habituales. Para ellos se crearon precisamente las psicoterapias.

Ahora bien, lo paradójico de los estados de confusión neurótica es que, muchas veces, son cultivados por el propio sujeto. Éste no se da cuenta de ello, naturalmente, pero lo hace como una forma de protegerse de las verdades más insoportables de sí mismo (p. ej., sus sentimientos de vacío, desamparo, miedo, culpa, odio, etc.). Este autoengaño puede llegar a ser muy complejo y doloroso (2), pese a lo cual el individuo no siempre deseará desprenderse de él. Un claro ejemplo de ello son las personas que "no pueden dejar su adicción".

Cualquier adicción severa es, como sabemos, una defensa contra algún sufrimiento. Como ello suele ocasionar muchos problemas prácticos (personales, familiares, sociales, económicos), el mundo entero conspira contra el adicto para forzarlo a que se "controle", "cambie", etc., aumentando así en él su profundo miedo al rechazo, sentimientos de culpa, nula autoestima, autodestructividad, etc. y, por tanto, el círculo neurótico de su adicción. Bajo tanta presión, algunos adictos deciden acudir a terapias de diverso tipo (cognitivo-conductuales, grupales, espirituales...) que, a menudo, no lograrán evitar sus "recaídas" (3). "No consigo superar mi problema", suelen lamentarse. Pero si algún terapeuta les anima a afrontar las causas hondas de su adicción (que quizá otras terapias eludieron), entonces el adicto... huye. No quiere saberlas. No soporta la idea de recordar, revivir, expresar, superar en lo posible todo aquello que, generalmente muy doloroso, motiva su compulsiva necesidad de anestesiarse/gratificarse mediante síntomas adictivos. Su actitud prueba, así, que su adicción es, en realidad, su verdadera "terapia". Y que prefiere las relativamente soportables desventajas de ésta al intimidante proceso de explorar sus heridas ocultas (4)

Lo mismo sucede con muchas otras clases de neuróticos. En todos ellos podemos observar que, si bien quieren sanar, inconscientemente no desean hacerlo. Y ya vimos en otro post que no es lo mismo querer que desear (5).

La sanación de cualquier conflicto requiere necesariamente la identificación y resolución de sus verdaderas causas. Ahora bien, la mayoría de gente no desea tal cosa, sino sólo aliviar, escapar, dejar de sufrir a cualquier precio. Para ello vale todo, desde las defensas neuróticas más extremas (alucinaciones, obsesiones, ansiedades, depresiones, adicciones...) hasta los extravíos más comunes basados en el egocentrismo, el consumo, las supertecnologías o la violencia. Lo que sea, antes que emprender el "terrorífico" viaje al fondo de uno mismo. Por eso millones de personas sufrientes parecen "incurables" (6).

Algunos terapeutas no creen en el deseo o motivación del paciente para sanar. Consideran que la desmotivación es un síntoma más que puede y debe tratarse con paciencia (7). No obstante, según mi experiencia muchas personas acuden a la psicoterapia simplemente como mariposas nocturnas atraídas por la luz. La "luz", por ejemplo, de:

  • los admirados libros del terapeuta o de otros autores
  • la fantasía de salvarse con recetas mágicas y sin esfuerzo
  • el deseo de comprensión y afecto por parte del terapeuta.
  • la imitación de quienes sí mejoraron con ayuda de psicoterapias
  • la presión de terceras personas
  • el deseo de cambiar a terceros para salvar una relación de pareja
  • el autoengaño tranquilizador de simular que "se buscan soluciones"
  • el uso de la terapia como "amistad" o "romance" de pago
  • etc.

Desgraciadamente, en todos estos casos las terapias se estancarán pronto o ni siquiera llegarán a funcionar (8). Aunque, eso sí, a menudo pueden ayudar a algunas personas a clarificar ideas y sentimientos, o reorientarlas hacia otro tipo de recursos.

De modo que el neurótico sin un afán real de sanar es como... un turista. Un turista alienado. Imaginémoslo. El turista, cargado de equipaje, dinero, mapas, cámaras y un precioso billete de vuelta, visita compulsivamente una ciudad tras otra sin ver, ni comprender, ni interesarse, ni aprender realmente nada. Algo muy distinto del genuino viajero, que, por el contrario, camina ligero de equipaje y sin billete de regreso. Se interna en el país, se mezcla con la gente, se arriesga, se interesa. Pregunta, escucha, vive, ama, aprende sin descanso... Y tantas experiencias verdaderas lo transforman para siempre. El turista "quiere" viajar, pero sólo se mueve de un sitio a otro huyendo de sí mismo. El viajero desea viajar y lo hace. Sólo, entonces, las personas con alma viajera podrán crecer con ayuda de las psicoterapias... y, sobre todo, de la vida.

__
1. Solemos usar los términos dolor y sufrimiento como sinónimos, pero no lo son. El sufrimiento se refiere más bien a estados complejos de retroalimentación y perpetuación del dolor por distintas causas. En este sentido, el concepto de sufrimiento psíquico se acerca mucho al de neurosis. 

2. El autoengaño es inherente a los seres humanos. No sólo es propio de la neurosis, sino de todos los ámbitos de nuestra vida. 

3. El éxito de algunas de estas terapias con algunos adictos se debe a la enorme presión/contención psicológica que ejercen sobre ellos. Esto puede vencer/reducir temporal o definitivamente sus defensas adictivas. 

4. Dichas heridas suelen llamarse Mamá, Papá, Traición, Abuso, Desamparo, Odio, Culpa, Vacío... 

5. Véase "¿Quieres o deseas?". Podemos definirlo también como un choque entre dos aspiraciones secretamente incompatibles. No es lo mismo querer peces que ir a pescar. 

6. No olvidemos que la neurosis es también un modus operandi, una forma de estar en el mundo que ayuda al sujeto a sobrevivir por cualquier medio (p. ej., aislándose de los demás, dominándolos, explotándolos, dependiendo emocionalmente de ellos, victimizándose, etc.). 

7. Tal creencia es debida, en mi opinión, a causas diversas. Por ejemplo:  1) una concepción todavía médico-pasiva de las neurosis (cuando sólo son formas adaptativas de ser); 2) una proyección de las ideologías igualitarias, según la cuales todos somos seres "impotentes" necesitados de autoridades "dominantes/protectoras"; 3) la neurosis "salvadora" y/o sentimiento de culpa de muchos terapeutas; 4) los intereses económicos de muchos; etc. Desgraciadamente, a pesar de tan encarnizado optimismo terapéutico, el número de trastornos "crónicos" sigue siendo inmenso.  

8. Especialmente en el caso, p. ej., de algunas personas fuertemente narcisistas, paranoides o incluso psicopatoides, cuyas tenaces resistencias suelen llenar de conflictos y sabotajes inconscientes las terapias. Estos consultantes, cuyo deseo fundamental es evitar a toda costa el contacto psicoafectivo, no suelen dejarse ayudar y, pese a su mucho sufrimiento, carecen desgraciadamente de un deseo real de prescindir de los indudables beneficios de sus corazas, tan dolorosamente construidas desde su infancia.  

Temas relacionados:
- "¿Me curaré, José Luis?"
- Las resistencias
- El miedo y las resistencias
- Miedo y autoengaño

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3 comentarios
ComentarÚltimo Comentario
 Daniela  01/Junio/2016 20:53
He estado en terapia, pero nunca he podido resolver una pregunta que me he hecho durante mucho tiempo, ¿cómo obtengo todo ese amor, seguridad y aceptación que tanto quiero y necesito, que mi madre no me dio? La verdad es que sigo dependiendo de su imagen, de lo que ella me da, de lo que ella piensa de mí, y no es bonito lo que piensa ella de mi, como siento mucha desaprobación por parte de mi madre, entonces no puedo decirme cosas bonitas a mi misma, cuando lo hago me siento muy culpable. Gracias.

PD. Ella es un mujer que escupe veneno a cada rato.   Resp.
 JLC  02/Junio/2016 10:13
(A Daniela) Las diferencias entre las dinámicas neuróticas y las psicóticas son sólo de grado, de modo que todo lo que leas en esta web (blog y artículos) sobre las primeras puedes aplicarlo a las segundas.

El problema del psicótico es que, mucho más que el neurótico, se trata de un niñ@ tan herido interiormente que no tiene fuerzas y/o ni siquiera verdaderos deseos de alejarse de la madre supertóxica. Por eso sus síntomas son extremos.

Según mi experiencia, toda terapia que no trabaje a ese nivel será de efectos muy limitados. Y toda persona (neurótica o psicótica) que no esté realmente dispuesta a afrontar/luchar en ese nivel, no mejorará demasiado.

En el fondo, todos los trastornos emocionales de cualquier grado son una especie de... "síndromes de Estocolmo". De "adicciones" conscientes o inconscientes a los propios verdugos. ¡Así de extraños y paradójicos somos los seres humanos!

Un saludo.   Resp.
 Alejandro  14/Diciembre/2016 19:21
Sabe, usted tiene toda la razón, durante años he luchado contra mis propios sentimientos de odio contra mi madre, su "amor" me resulta asfixiante, he tenido durante años una sensación que sólo hoy puedo identificar como una especie de paranoia de ser visto, sólo después de mucho tiempo es que he querido reconocer que tengo muchos sentimientos encontrados y aun así en ocasiones caigo en mis viejas maneras de escapar.   Resp.
 

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