La madre como hija

A mis valientes mamás, con toda mi admiración.

Cuando una mamá se sienta ante mí en la consulta, yo no la veo ni la trato como a una mamá, sino como a una mujer hija de otra mujer. Tanto si esa mamá viene por problemas personales como si viene a causa de conflictos con sus hijos, etc.,  yo sigo viendo lo mismo: una mujer hija de otra mujer. Y, lo mismo que un hortelano no se preocupa tanto de las manzanas como de la salud de sus manzanos, yo me intereso principalmente por los conflictos que dicha persona pueda sufrir con su propia madre y otras relaciones afectivas cruciales. Porque, si conseguimos aliviarlos, todo lo demás mejorará por sí mismo.

Yo no creo en la psicoterapia infantil. Tampoco creo demasiado en las pautas "correctas" de crianza. Y me sonrío con las hormonas y otras exageraciones de la psicobiología. Todo ello me parece que sólo ayuda a confundir a las madres, enajenarlas de sí mismas y/o crearles innecesarios sentimientos de culpa y expectativas inalcanzables. Lo único que una mujer necesita para ser una buena mamá es sentirse en paz consigo misma. Y la única forma de acercarse a ello es, como antes decía, revisar sus emociones conscientes e inconscientes respecto a sus propios padres, sus hijos, su pareja y su vida en general.

Como los niños absorben casi mágicamente las emociones conscientes e inconscientes de la madre, es muy hermoso comprobar una y otra vez cómo, al resolver mamá sus tensiones íntimas, automáticamente ellos se tranquilizan y mejoran, al tiempo que ella descubre, "sabe" de pronto cómo tratarlos más adecuadamente. Aprende a interpretar más sabiamente las señales y comportamientos de los hijos, es decir, mejora su empatía y, por tanto, su respeto y su cariño hacia ellos, con los efectos exponenciales que podemos imaginar. Aprende asimismo a pedir más ayuda a su pareja y a otras personas. A prestar más atención a sus propias necesidades. A no ser tan autoexigente. A aceptar y corregir errores sin tantos sentimientos de culpa. A ser emocionalmente más sincera y transparente. A relacionarse más felizmente con los demás... Y todo ello sin necesidad de "pautas" específicas ni forzando nada en absoluto. Simplemente de forma espontánea, como fruto del propio crecimiento interior. 

Y es que cuando la madre alivia su neurosis, su maternidad se autorregula por sí sola. No necesita para ello teorías, ni manuales, ni recetas más o menos "expertas". El amor es principalmente una atmósfera. Y esta atmósfera, que oxigena y robustece para siempre el sistema emocional del hijo -y de la familia entera-, surge con toda naturalidad cuando las mamás y papás son lo bastante valientes para afrontar la sanación de sus propias heridas.

 
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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  Barcelona   •  © Copyright