Maternidad y narcisismo

Si eres amoroso no necesitas reglas para amar.
Si no eres amoroso, ¿de qué te servirán las reglas?

Anónimo

El narcisismo es universal y subyace a todos nuestros males. Incluso muchos actos que creemos amorosos son parcial o totalmente narcisistas. El narcisismo es, como sabemos, lo opuesto del amor. Su principal obstáculo. Y millones de personas ni siquiera son conscientes de él. Esto es especialmente preocupante, a mi juicio, en el caso de muchas mujeres con hijos, incluso las aparentemente más amorosas e incluso comprometidas en asuntos de crianza. Si realmente nos preocupan los niños, debemos examinar este asunto.

El narcisismo es proporcional al desamor sufrido en la infancia. Pero también hay un narcisismo cultural -una especie de neurosis colectiva- que se manifiesta, por ejemplo, en esa arrogancia, esa autoidolatría de las naciones, las clases sociales, los grupos, las religiones, incluso los sexos. El machismo es, p.ej., una forma de narcisismo en los varones, lo mismo que el feminismo e incluso la feminidad lo son en las mujeres. ¿También la feminidad? Sí, a mi entender. Porque si nos fijamos bien, esoterismos a parte, la llamada "feminidad" no es más que un conjunto de valores, actitudes y estrategias concientes e inconscientes de supervivencia (1) que, suprimiendo cualesquiera otras opciones, se inculca a las mujeres desde que nacen. Y la misma castración se efectúa sobre los varones, troquelando en ellos otros patrones. La civilización decide, así, con qué modelos específicos deben identificarse mujeres y hombres. Y no sólo identificarse, sino convertirlos en base de toda su vanidad y su poder. En el caso de las mujeres, dicha base es la plena conciencia de su alto valor social como hembras deseadas y madres indispensables, con el sentimiento de superioridad derivado de ello (2). Éste es el llamado narcisismo femenino.

Ahora bien, como un atributo de la "feminidad" es precisamente la maternidad, la mayoría de niños resultan desgraciadamente una especie de prolongación de tal narcisismo. La mayoría de madres (aunque también los padres, y la sociedad entera) no tienen hijos, en efecto, por motivos fundamentalmente felices y altruistas, sino por toda clase de intereses egoístas. Esto es un inconveniente fundamental en la crianza. Porque los niños no absorben las "intenciones" o las "acciones" supuestamente amorosas de los padres, sino su verdadero inconsciente. Y si una madre tiene un hijo por motivos principalmente egocéntricos (3), nada en el mundo podrá engañar el corazón del niño, ni salvarlo de la neurosis.

Una forma paradójica de ego femenino puede verse, p. ej., en la militancia de algunas mujeres sobre métodos de crianza. Es triste ver cómo usan a los niños para hacer apología de sí mismas (p.ej., de su feminidad, su maternidad, sus cuerpos y todo lo relativo a ellos, su rol familiar y social...), pues no por casualidad muchas de ellas son también feministas. A menudo los propios niños parecen quedar en segundo plano. Otras madres usan su militancia buscando inconscientemente un alivio o solución a sus propios conflictos neuróticos con los críos... Etc. (Obviamente, también hay muchas mujeres comprometidas con la crianza que no sólo son genuinamente amorosas, sino que se esfuerzan por crecer interiormente). En todo caso, el problema de estas autoexaltaciones materno-femeninas es, a mi juicio, que se centran mucho más en las ideas y las conductas supuestamente "correctas" que en la exploración de los verdaderos sentimientos de cada madre en particular. Fomentan además la excesiva identificación de la mujer con su función materna, cosa poco conveniente para su salud emocional y la de sus hijos (4). Y confunden, en definitiva, las "recetas" para criar niños felices con el amor, cuya única fuente real es la madurez emocional de la madre y de su entorno. (5)

Creo, en suma, que una excesiva autoimportancia por parte de la mujer -lo mismo que por parte del hombre- dificulta profunda e invisiblemente el amor. Porque todo lo que se realiza desde el narcisisimo, es narcisista. Contra lo que supone el mito universal de la feminidad, no parece cierto que la mayoría de mujeres sea "por naturaleza" más dotada para el amor que la mayoría de hombres. Todos los seres humanos sufrimos parecidas limitaciones egocéntricas. Por eso, aunque "feminidad" y "masculinidad" son instituciones sociales invencibles, creo que la única forma de acercarnos de verdad al amor es a través de la conciencia, la humildad y la maduración personal.

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1. Por ejemplo, la "sensibilidad, emocionalidad, amor, pudor, fragilidad, maternidad...", etc. Y en el caso masculino, la "dureza, racionalidad, fuerza, agresividad, dominio...", etc. Estos rasgos deben ser cultivados o, al menos, aparentados.

2. Amplíese la foto que ilustra este post y obsérvese la enorme fruición y autocomplacencia con que la niña se impone la corona. Como ella, millones de niñas absorben a diario el mito de que son -o deberían ser- "princesas" o "reinas". Toda clase de sobreprotecciones, adulaciones e influencias culturales (mitología, literatura, cine, música, publicidad...) cultivan la fantasía de mujeres "adoradas" románticamente, que "reinan" sobre hijos y familias, que son nada menos que "magas" o "diosas", etc. (Ver más). La idealización de la mujer (también por parte de muchos hombres) es inagotable. En realidad, el narcisismo femenino suele expresarse de formas mucho más ordinarias: sexismo autoexcluyente ("el mundo especial de nosotras, las mujeres"), seducción, exhibicionismo, maternidad, dominio doméstico, hostilidad, victimismo... Para contrapesar los abusos que la mujer también ha sufrido durante siglos, el feminismo añadió una nueva forma de vanidad: la litigación permanente contra el hombre.

3. Todos conocemos, p.ej., a esas mujeres que invocan obsesivamente a su hijo no por su nombre, sino sólo por su vínculo. Repiten sin cesar: "mi hijo esto... mi hijo aquello... porque mi hijo... yo por mi hijo..." O bien: "nosotras las madres... desde que soy madre... porque una madre... yo como madre...". Este lenguaje revela hasta qué punto sienten al hijo no como un ser con vida e identidad propias, sino como un apéndice o función de sí mismas (algo parecido a la corona de la niña). Ahora bien, en la medida que definimos a alguien sólo como pseudoparte de otra cosa, lo anulamos como persona. Estas "fusiones" psíquicas son la causa de muchas neurosis, ciertas formas de homosexualidad y muchos procesos psicóticos en los hijos.

4. Vease "No vivas sólo por tus hijos"

5. El problema de los dogmatismos sobre crianza es que, en última instancia, proponen simulacros de amor. Por ejemplo, una madre genuinamente amorosa realizará muchas acciones positivas para el niño. Pero si esa misma madre escribe un libro aconsejando tales acciones, eso no funcionará en las personas neuróticas que lo lean. La lluvia sólo cae de arriba abajo. Por eso el amor puede producir sin daños muchas formas posibles de criar, pero seguir al pie de la letra cualquier método supuestamente "correcto" no garantiza por sí mismo ningún amor ni felicidad a nadie.

 
JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright
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