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25 Mayo 2015

¿Quieres o deseas?

Por JOSÉ LUIS CANO GIL

Los niños "quieren" cosas. Los adultos queremos cosas. Todos queremos muchas, muchas cosas... Nos convencemos de ello gracias a la educación, la publicidad, los eslóganes políticos, la envidia, nuestros caprichos y apetencias según el momento... Por ejemplo, queremos ver una película, teñirnos el pelo, comprarnos más ropa, cambiar de móvil, reformar el baño, etc.

Pero otras veces deseamos cosas. Sentimos que las necesitamos, las anhelamos de verdad porque nos llenan ciertos vacíos, alivian algunas carencias muy hondas de nuestro ser. Por ejemplo, deseamos comer, dormir, amor, sexo, trabajo, libertad, éxito, felicidad...

Solemos usar ambos verbos, querer y desear, como si fueran sinónimos, pero vemos, según lo anterior, que no lo son. Querer tiene un sentido más o menos circunstancial, optativo, superficial. En ciertas condiciones pasajeras, simplemente nos apetece -"queremos"- esto o aquello. Desear tiene, en cambio, un matiz más profundo, general, permanente. Surge de las verdaderas necesidades psicofísicas -conscientes e inconscientes- de nuestro corazón.

¿Qué sucede, entonces, cuando habitualmente confundimos lo que queremos con lo que deseamos, o viceversa? Esto es muy frecuente. Por ejemplo, a menudo pensamos que queremos algo que realmente no deseamos. O que no queremos cosas que, en el fondo,  sí anhelamos de verdad. O simplemente no sabemos lo que deseamos  o no, y llenamos este vacío con toda clase de apetencias sucedáneas y compulsivas ("quereres de consolación"). ¿Por qué nos sucede esto? Obviamente, porque nuestra sociedad nos abruma desde que nacemos con tantos objetivos y expectativas ajenas que acabamos "olvidando" casi por completo nuestras propias necesidades. Nuestro verdadero ser. Esta enajenación, que nos hace adoptar con frecuencia decisiones equivocadas e incluso incompatibles con nuestro corazón, suele ser una parte fundamental de nuestras neurosis.

Una de las claves de la maduración es, por tanto, redescubrirnos a nosotros mismos. Aprender a distinguir lo que se supone que "queremos" (es decir, lo que siempre se ha esperado de nosotros, lo que nos mandan que debemos querer, lo que nos sentimos obligados a hacer por miedo, culpa, imitación, afán de amor  o reconocimieno, etc.) de lo que verdaderamente desearíamos. No es fácil, pues solemos identificarnos tanto con los deseos ajenos que llegamos a sentirlos como propios. Pero, con ayuda de un meticuloso trabajo de crecimiento personal, podemos llegar a emanciparnos de tan liosa telaraña.

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