El narcisismo y el Mal

Hace un tiempo escribí en Facebook:

"El narcisismo es una forma de demencia. Es un delirio, una defensa, un arma. Es una desconexión de la realidad. Cuanto más narcisistas somos, más locos estamos. El narcisista total es un muerto emocional que aniquila cuanto toca. Por ello su mal es tan contagioso y arrasa el mundo. Sus síntomas principales son la soberbia y el abuso. El narcisismo es fruto absoluto del desamor en la infancia".

Me expresé con deliberada dureza como reacción contra la flojedad con que, salvo en determinados casos muy patológicos, suele abordarse el problema del narcisismo. Nadie parece tomárselo definitivamente en serio, pese a constituir la lacra fundamental del ser humano. El motor básico de nuestras psicopatologías, injusticias y violencias. La raíz psicológica del Mal.

El Mal en todas sus variantes (egocentrismo, neurosis, psicosis, psicopatías, orgullo, pasiones, abusos, violencia) no proviene del infierno ni de ninguna "condición humana", sino de nuestra indiferencia u odio hacia la vida. Y despreciamos o aborrecemos inconscientemente la vida porque fuimos desamados, dañados, abandonados por quienes, desde la infancia, debieron amarnos y enseñarnos a confiar, vincularnos y amar. Por eso nos volvemos insensibles al mundo y nos limitamos a explotarlo sin escrúpulos. Por eso nuestro ombligo, convertido en "Satanás", determina muchas de nuestras acciones. Pues no podemos respetar, ni aceptar, ni empatizar, ni mucho menos cuidar del mismo mundo que nos hirió de modo irreparable. Sólo soñamos con imponernos a él y, en su caso, destruirlo. Y en esto consiste la tragedia del Mal.

El Mal, por mucho que pese a nuestros teólogos, moralistas y legisladores, es sólo una metáfora. Un constructo poético-filosófico que alude a la locura vengadora de las almas destruidas. Una rabia fundamentalmente inconsciente que, precisamente por serlo, no puede frenarse con ninguna voluntad ni autocontrol. Con ninguna moralidad ni ley. Con ningún premio ni castigo. Simple y fatalmente, lo maligno encuentra siempre su forma de expresarse, incluso cuando creemos hacer el bien (p. ej., somos humildes por vanidad, hacemos cosas "buenas" con malas intenciones, etc.). 

El Narcisismo/Mal será siempre, en fin, invencible mientras no asumamos de una vez por todas la aberración biológica que supone, con todas sus abrumadoras consecuencias, la destrucción del alma de los niños. ¿Cómo podemos arruinar el corazón humano desde su nacimiento, y luego lamentarnos de que no sabe amar sino sólo odiar y aniquilar? El único antídoto contra la Maldad es el amor desde la infancia.


Véase también:
El narcisismo
Las mil caras del narcisista

 
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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  Barcelona   •  © Copyright